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lunes, 15 julio, 2024
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Bajaní, el patrimonio humano del flamenco desde la pureza del cante

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Por: ALMA RÍOS •

■ Se trata de una expresión artística que fusiona el cante, el baile y el toque, originada en España

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■ Buscan integrantes de la agrupación recuperar la pureza de esta tradición para difundirla

El flamenco fue incorporado a la lista del patrimonio mundial inmaterial de la humanidad de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en el año 2010. Es una expresión artística que fusiona el cante, el baile y el toque, así denominados en este contexto, que tuvo como origen la zona sur de España y la comunidad gitana como su sustento cultural.

En reclamo de este patrimonio humano, los mexicanos Dari Muñoz –Ciudad Victoria, Tamaulipas-, Manolo Martínez –León, Guanajuato-, Carlos Ramírez –Zacatecas, Zacatecas- y Antonio Dávila El Nene –Aguascalientes, Aguascalientes- buscan con Bajaní –guitarra-, nombre que han dado a su agrupación, recuperar la pureza de esta tradición para difundirla y recrearla.

Dari Muñoz Reyes es guitarrista de flamenco. Desde el año 2011 radica en Jerez de la Frontera, localidad española que ubica como “la cuna” de este arte, donde se casó con una mujer gitana. Para él la experiencia con Bajaní representa la primera en “que llego a hacer algo, lo más puro posible con mexicanos”.

Estos mexicanos, si bien distribuyen su tiempo entre otras manifestaciones artísticas cuando se incorporan a la interpretación de la música “comercial” en las percusiones como Antonio Dávila, cantando boleros como es el caso de Manolo Martínez, o bailando danza contemporánea, reagetón o salsa como Carlos Ramírez, tienen en común el marcado gusto por el flamenco, hasta el grado de haber modificado no solo su modo de hablar, en que ya omiten las “eses” finales o las “des” intermedias en las palabras, o su apariencia, sino su sentir.

Hablar de la pureza o naturalidad del flamenco, sobre lo que realmente es, se muestra complicado “desde nuestro punto de vista”, dice Ramírez Rivera, “porque ni somos gitanos ni somos de familias flamencas”. No obstante afirma, se ha convertido en parte de su vida, como una manera de pensar y de vivir con la pasión.

La esencia del flamenco es la expresividad de los sentimientos humanos compartidos y experimentados por todos y en todas las épocas, las pérdidas y las alegrías. “Justamente estos son los temas que trata. Es ahí donde nos agarramos como personas, como individuos”, dice Ramírez.

De ahí viene la empatía y los vínculos que han hecho trascender este arte internacionalmente de tal manera que “hoy en día podemos afirmar que hay flamenco en todas partes del mundo”, hasta convertirlo en una expresión reconocida por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

P13 La Jornada Zacatecas bajaní, foto 2

Para El Nene, el gusto por un género implica “empaparte lo más posible” de él, “obviamente con mucho respeto”. No se trata, dice, de imitar a los gitanos sino interiorizarlo de tal forma que “ya te sale de adentro”.

Así ocurre con Manolo Martínez, el cantautor del cuadro flamenco Bajaní, quien precisa que hacerlo no es nada fácil y luego de “un ratito” en ello, entre más profundiza “cada vez es más complicado” pero también se ha convertido “en un reto bonito”, porque sigue aprendiendo matices, perfeccionando cantes y depurando otros elementos de la interpretación.

“El cante lo que se dice el cante es muy complejo, por todo lo que conlleva, por toda la sabiduría de generaciones que lo han perpetuado hasta la actualidad”. Requiere entonces una educación vocal diferente a las de los cantantes académicos, dice.

Aquí “se saca” la voz de otra forma, más allá de los registros amplios o cortos, se trata de la coloratura particularísima que transmite casi a modo de lamento una serie de sentimientos, donde otra vez hay que remitirse a la historia de los gitanos.

De manera muy breve Dari Muñoz aporta como referencias que la naturaleza, la pureza del flamenco “viene de la forma de vivir de los gitanos, de ahí vienen los cantes”.

P13 La Jornada Zacatecas bajaní, foto 1

Una historia que tiene mucho de trashumante y por tanto de sufrimiento, “de racismo, de pobreza, de las cosas que les han tocado” como el exterminio bajo el tercer Reich pero también con el dictador Francisco Franco en España.

“Muy marginados. Y de ahí van saliendo cantes, ya que ellos se dedicaban a trabajar en los campos, primero salen los cantes de las fraguas” mediante los que expresaban sus lamentos y que tuvieron como primera percusión el sonido del martillo. Ése es el ritmo que luego replicarían las palmas y los tacones.

La pureza del flamenco no es sólo la réplica de un ritmo de algunos de sus palos, sino del cante, “es el cante lo que define el flamenco en total si no existe, no existe el flamenco”,  sobre todo de los más antiguos, subrayó.

En esta música, luego de la guitarra, y de manera muy reciente, apenas los años 70 del siglo pasado, se agregó el cajón peruano.

Hay detrás, una anécdota que involucra al guitarrista Paco de Lucía, quien en una visita al Perú acompañado de su percusionista, encuentra en este sonido, entonces más seco, dice Antonio Dávila El Nene, un complemento mejor para el flamenco que las antiguas percusiones de bongós y congas.

Es esta música propuesta en diferentes ritmos o palos, en sus variantes Soleá, Alegrías, Seguidillas, Tientos o Tangos, entre otros, los que se incorporan a De la Gañañia, espectáculo que promueven desde hace dos meses, y en el que ejercitan la amalgama de sus aportaciones, pues es la primera vez que Dari, Manolo, Carlos y Antonio realizan un proyecto juntos.

Gañañia es la campiña, la siembra, el contexto de vida gitana, precisa Dari Muñoz, “a mí me ha encantado el título porque sobre todo México está lleno de campos”, de gente nacida en provincias, en pueblos o ciudades pequeñas, “significa para mí un espectáculo natural”, que justo remite a las bases más sencillas del flamenco, dice.

En el espectáculo, que tuvo una primera gira por Monterrey y una presentación reciente en el Centro Cultural La Cáscara, el baile interpretado por Carlos Ramírez alterna con elementos teatrales. Aquí la improvisación es parte del modo de vida gitano, pues en el flamenco “no todo está planificado” porque su esencia es enfrentar la vida como se presente.

“Son personas alegres que se buscan la vida, y no sólo ellos, también nosotros, incluso como zacatecanos yo creo que la cosa es de que somos un pueblo que se busca el trabajo y se busca la vida. Y como dice el emblema ´El trabajo todo lo vence’. Es una mentalidad realmente poderosa que me parece que también es parte de un aspecto flamenco: la resolución de las cosas, el disfrute de lo que se tiene”.

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