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domingo, 27 noviembre, 2022
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Guía para vivir en el absurdo

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Los universitarios  asumen que las personas que ingresan a laborar en la UAZ, en las actividades de docencia, extensión e investigación, deben ser objeto de atención, por lo que el contrato colectivo, desde hace 20 años, contempla un elaborado y oneroso procedimiento de ingreso a suplencias y contratación temporal que no garantiza nada, ni a la institución ni al docente. No garantiza nada al docente porque, aunque se siguiera rigurosamente, la persona no tiene la certeza que le serán pagadas las prestaciones y el salario, y no garantiza nada a la universidad porque no existe una correlación entre ese nuevo ingreso, el incremento al presupuesto ordinario y la generación y aplicación del conocimiento. Con cada nuevo ingreso por esa vía la universidad está un poco más cerca del abismo, sin que las funciones sustantivas de la universidad se vean necesariamente fortalecidas. Si esto es así de obvio, la primera perplejidad que nos asalta es: ¿por qué se sigue ese procedimiento?. La respuesta obvia es el profundo conservadurismo de los grupos universitarios que dirigen, o fingen dirigir, la universidad. Presienten que cualquier cambio podría perjudicarlos, por lo que se han empeñado en desplegar una amplia estrategia de simulación del cambio para mantener las cosas como están.

Es decir, para mantener en estado de constante malestar a los universitarios debido a la inexistencia de certezas con respecto a su futuro personal. Un docente universitario típico no tiene la certeza de que existirán basificaciones, o si las hay, si acaso le corresponderá una. Si ya tiene una magra basificación carece de la posibilidad de promoverse de acuerdo a lo contratado porque el SPAUAZ y la rectoría acordaron suspender los períodos de promoción, por lo que su promoción depende de la caprichosa voluntad del rector y sus asesores. Si de pronto le aparecen las típicas acusaciones de “mal maestro”, carece de defensores confiables, porque los delegados sindicales están coludidos con los directores y la defensoría universitaria recibe la línea rectoral, así que su caso se puede postergar indefinidamente. Y al contrario que en “El proceso”  de Kafka, en las esquinas no le aguardan libidinosas mujeres, sino “compañeros” dispuestos a apuñalarlo. Si finalmente logró el tiempo completo descubre que no tiene la posibilidad de año sabático, y que sus prestaciones y salario continúan inciertos. Las becas a las que podría acceder le están negadas si no es amigo de los que saben cómo se consiguen, y si lo es, debe asistir a reuniones aburridísimas en las que la cara de fervor y el asentimiento son obligatorios, así como la “cuota”. La tesitura de la vida universitaria bajo las condiciones presentes tiene mucho de “nuda vida”, o vida al margen de la legalidad establecida porque las crisis financieras llevan a los líderes a suspender la norma. En el caso del Estado es bien sabido que Carl Schmitt argumentó que incluso la suspensión in toto de la ley es una condición constitucional, pero en la UAZ no lo es debido a que no es un estado, así que la suspensión de la contratación colectiva consiste en un subterfugio, apoyado por el Estado, para intensificar la explotación y socavar la posibilidad de organización independiente de los docentes. Si se contempla la situación presente de la universidad se puede ver que existen los suficientes problemas como para que el SPAUAZ estuviera movilizado, como lo estuvo a finales de 2015 contra Silva Chairez; y eso que él nunca dejó de pagar a tiempo las quincenas. Pero no lo está.

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El rector envía oficios al SPAUAZ donde anuncia adeudos por 300 millones de pesos sin visos de pago, y después solicita al gobierno del estado que fiscalice a los universitarios sin la presencia del SPAUAZ. La condición de indefensión de los universitarios se hace patente, pero también la incapacidad de la administración de administrar los recursos humanos. Hacia 1960 Paul Goodman escribió, en “Growing up absurd”: “La peor de las características de nuestra presente organización social de hacer las cosas,…, es su desvanecimiento del objeto”. Del objeto de la discusión pública, de los problemas que como sociedad debemos enfrentar. La situación presente de la universidad muestra que las autoridades y los sindicatos han decidido no discutir de manera pública los difíciles problemas de la universidad. Lo inquietante es que no quieren esa discusión porque no tienen nada que decir al respecto. Su propuesta es la rendición total. El comité ejecutivo del SPAUAZ decidió abandonar la lucha, y carga con él a casi todos los docentes. La rectoría, incapacitada para las propuestas serias, está también negada a dejarse ayudar porque eso implicaría que no son capaces de resolver, por lo que su única “ocurrencia” es la reinvención de la austeridad. También simulada, porque sin un proyecto viable de universidad planear el ahorro es imposible, quedando todo en el recorte aleatorio. La vida de los universitarios en la universidad en esas condiciones es absurda. Pero al parecer quienes nos dirigen no pueden hacer nada mejor. Pero los universitarios, en lo individual, sí pueden hacerlo mucho mejor mientras permanezcan investigando sus temas o impartiendo sus clases. Las marchas pueden ayudar a un líder político, pero su impacto cognitivo

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