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domingo, 16 junio, 2024
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Cerrar los ojos y guardar silencio

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Por: ALEJANDRO JUÁREZ •

La Gualdra 620 / Libros

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El mundo es un lugar sombrío, amenazador, si se mira desde los lugares inadecuados. Se llega a ellos por tropezón o por descuido, por voltear antes de tiempo, por dar vuelta en la dirección incorrecta, por una ponchadura de llanta o una decisión que parecía la indicada, pero se convierte de pronto en una resbaladilla al precipicio. Créanlo o no, hay gente que no sabe escapar de una amenaza, incluso si gruñe y desnuda los dientes. Son personas que parecen buscar los problemas y que, sabedoras del potencial de la catástrofe, investigan, hacen preguntas que azuzan la pudrición y la mala entraña de tipos culeros, despiadados, que no se tientan el corazón para despachar a quien les estorbe en el camino.

Personajes así, curiosos a pesar suyo, deambulan por las páginas de Ella guardó silencio (NitroPress-Secretaría de Cultura Jalisco, 2023), la más reciente colección de cuentos de Cástulo Aceves, escritor fascinado (seducido sería más preciso) por el lado oscuro de la literatura, de la violencia de unos y la habilidad de desafiarla, y con mucha suerte vencerla, de otros. Aunque el juego no siempre sale bien, vale aclarar.

Estas historias tienen como espacio o punto de partida la ciudad de Guadalajara, una urbe que se siente anticuada y moderna, lo mismo luminosa que retorcida, salpicada de granos en su espalda de monstruo. Pues ¿qué es una ciudad sino una colección de manías, obsesiones y bestialidades?

Varias de las historias del volumen se sumergen en el techno-noir, con hackers habilidosos que lidian lo mismo con misterios pornográficos que con cultos que desquician adeptos en la realidad virtual. El misterio se desvela a fuerza de romper códigos, plantar virus informáticos, brincar firewalls y rastrear información entre la selva web. Pero a pesar del glamour de la vestimenta computarizada, detrás de los crímenes se encuentra el ser humano, ambicioso y retorcido como siempre.

Por estas páginas desfila la decepción, la venganza, la muerte y hasta algún animal prehistórico. Pero también tienen cabida el humor (negro, obviamente), el engaño, la angustia, además de soledades terribles, envueltas en rojas capas de lujuria.

¿Qué se esconde en la mente de los personajes creados por Cástulo, algunos engañosamente cercanos? Hombres y mujeres promedio, que pueden pasar de una existencia rutinaria, aburrida incluso, a la sordidez más extrema a través de un mensaje de texto o una llamada inesperada. Algunas tramas son guiadas por la acción mientras otras se permiten explorar las complejas y contradictorias motivaciones de sus protagonistas. Para mí una narración destaca del resto: “Acteón” que toma su nombre de la mitología griega, en la que un desgraciado cazador es transformado en ciervo en castigo por haber atisbado la desnudez de una diosa. Despojado de su envoltura humana es destrozado por su propia jauría de sabuesos, que desconocen por completo a quien fuera su dueño, enfundado ahora en una piel correosa, coronada por un par de astas que terminan bañadas en sangre.

Una alegoría de los riesgos de tropezar con seres (o condiciones) que nos superan y que moran más allá de nuestra comprensión. ¿Cómo trae el escritor esa tragedia a la realidad actual, a una urbe despojada de dioses pero igualmente riesgosa y descarnada? Quedan invitados a averiguarlo.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra620

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