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lunes, 17 enero, 2022
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■ Estas prácticas han sido normalizadas y no erradicadas: Pesci

“Necesario, identificar y denunciar delitos como acoso y hostigamiento”

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Por: SCARLETT LLAMAS •

El acoso y el hostigamiento sexual son prácticas normalizadas, aseguró Emilia Pesci, una charla dirigida a la población estudiantil de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, donde se encargó de difundir qué caracteriza a estos delitos y por qué es necesario identificarlos y combatirlos, sobre todo en el ámbito educativo.

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La activista por los derechos de las mujeres, dirigiéndose al público, expuso que, para tratar una problemática de esta naturaleza, es necesario identificarlas, y así pensar en alternativas y crear soluciones.

Al tratarse del hostigamiento sexual y acoso sexual, expuso que se debe hablar de ambos, para comprender la problemática, ya que no siempre se identifica cuando se está siendo víctima de cualquiera de estos delitos.

¿Pero qué son el hostigamiento y el acoso sexual? Pesci recordó que se trata de delitos y que “es importante llamarlos como lo que son, pues históricamente han sido prácticas normalizadas”, aunque gracias a la lucha de mujeres a lo largo de los años, se han reconocido como delitos.

A pesar de este logro y que en el Código Penal detenido identificados como delitos, “se siguen sufriendo ya que no se ha alcanzado la igualdad sustantiva”, aseguró la ponente, quien además lamentó que, al menos en la actualidad, “en la práctica, en la realidad, se puede disminuir, pero aún no erradicar” está problemática.

El panorama no es alentador, dijo, refiriéndose a la Organización de Naciones Unidas (ONU), Pesci precisó que se estima que aún faltan aproximadamente 200 años para que se pueda llegar a la equidad, y se presume que el mismo tiempo tarden en erradicar este tipo de prácticas.

Para diferenciar dichos actos, la especialista precisó que, ambos conllevan conductas verbales, físicas o ambas, de carácter sexual, que son desagradables para quien las recibe; la diferencia es que en el acoso se da entre personas en las mismas condiciones, como en compañeros de escuela o trabajo e incluso con personas desconocidas, mientras que el hostigamiento representa además, una práctica de poder, pues el agresor ejerce violencia valiéndose de su posición como un jefe o maestro, a alguien con un rango inferior.

Este tipo de delitos, rescató, se debe denunciar, aunque si se trata de una reincidencia, el Ministerio Público está obligado a darle seguimiento por oficio.

De acuerdo con Pesci se consideran delitos no graves, aunque esto no debería ser así, pues se tratan de acciones que por lo general se van agravando hasta llegar a un delito sexual como la violación o incluso al feminicidio; en todos los casos se atenta contra la dignidad de la persona; “es nuestro derecho que no suceda y no se pueden minimizar estas prácticas graves”, sostuvo la activista.

La prevención ante este tipo de delitos, explicó, implica erradicar el sistema sexo-género; el sexo, señaló, es lo que diferencia físicamente a hombres de mujeres e intersexuales (que presentan rasgos de ambos sexos); por su parte, los géneros tradicionales eran dos, masculino y femenino, según las asignaciones que se dan del sexo con el que se nace.

“El género se vive desde antes de nacer y genera estereotipos, que son ideas de lo que debe ser y hacer un hombre y lo que debe ser y hacer una mujer”; culturalmente conlleva una imposición de poder de lo masculino, de lo que se asocia con el hombre en cualquier ámbito, desde lo cotidiano hasta la publicidad, el arte, la literatura, etc.

Esta ideología fomenta la cultura de la violación, que es un conjunto de costumbres, conocimientos y formas de vivir que aminoran el valor de los cuerpos de personas sin su consentimiento; por desgracia, éstas quedan grabadas en la forma de hablar, pensar y moverse por el mundo, basado en poder y cultura patriarcal, que justifica la violencia sexual y se encarga de culpar a las víctimas bajo la premisa de que “no se respetan normas patriarcales, lo que se toma como una invitación para ser agredidas”.

En contraparte, la cultura de la violación justifica las agresiones de los hombres, argumentando, incluso, que el sexo es una necesidad incontrolable; “se cree que las mujeres son objetos, cuyo espacio puede ser apropiados y cuya esfera íntima puede ser invadida”.

Además de denunciar estos delitos, Pesci afirmó que es necesario reflexionar y enriquecer la transmisión de información con respecto a dichas problemáticas, sobre todo para educar a niñas.

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