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La necesaria regeneración del sistema de partidos

La necesaria regeneración del sistema de partidos

Ayer se celebró el primer debate entre los candidatos a la presidencia de México, se estrenó un nuevo formato que permitió un poco más de flexibilidad en el tratamiento de los temas acordados. Lamentablemente apenas asomó un tema importante en este momento crucial para el país: la crisis del sistema de partidos. Hoy trataré esa asignatura pendiente.
De acuerdo con nuestra constitución, los partidos son entidades de interés público, tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público. Esa formulación se basa en el consenso de que no existe democracia sin partidos políticos, y la misma es el fundamento del mandato constitucional de destinar recursos del erario para garantizarles una existencia independiente de los poderes fácticos. De acuerdo con este paradigma de nuestra democracia constitucional, destinar recursos públicos a garantizar la existencia del Instituto Nacional Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como de sus homólogos locales, es no solo necesario sino fundamental para garantizar que los procesos de decisión sobre quién debe detentar las riendas del poder en el país transcurran pacíficamente y contribuyan a fortalecer la cohesión social.
Sin embargo, hoy por hoy, en México tenemos un sistema de partidos en plena descomposición y una élite del poder cuyo comportamiento cotidiano socaba todos los días la legitimidad de las instituciones republicanas, al ponerlas a su servicio y no al del bienestar de todos. La corrupción y la impunidad, vicios mayores en nuestra vida social, han contaminado la totalidad de las esferas del proceso político, empezando por la de la emisión del voto auténtico con la compra de votos, con la integración en base a cuotas de los órganos administrativos y jurisdiccionales, eliminando la pluralidad del sistema de medios de comunicación, todo lo cual ha tensado las relaciones sociales, económicas y políticas. Esas condiciones son las que dan fundamento a las preocupaciones de muchos especialistas que se preguntan sobre cuanta pobreza, desigualdad, corrupción y desigualdad aguantará nuestra frágil democracia. En que momento el descontento político se sumará al social que ha conducido a miles de jóvenes excluidos a adoptar las conductas antisociales como su modo de vida. Quienes compartimos esa preocupación debemos compartir también la urgencia de la regeneración integral de México: la forma del Estado, el modelo económico y su régimen político, que incluye el sistema de partidos.
Desde mi punto de vista, al concluir el proceso electoral estaremos frente a un escenario de partidos casi totalmente descompuesto, excepción hecha del que resulte ganador, con sus militancias alejadas cuando no indignadas, sin credibilidad alguna en la sociedad y sus élites divididas y enfrentadas. En ese momento debemos iniciar la discusión sobre la necesidad de construir un nuevo sistema de partidos y mejores mecanismos para avanzar en la democracia directa y en la participación social. Hay que asumir que lo que hoy tenemos es un conjunto de fuerzas neoliberales dispersas en el PRI, el PAN, el PRD, el PVEM y otros, que deberían formar un solo partido de centro derecha, y en el centro izquierda es plenamente justificable que Morena sea el núcleo de un partido amplio de centro izquierda que se oriente a construir un Estado de Bienestar. Y creo que existen elementos para justificar dos nuevos partidos en los extremos, uno a la derecha con el Yunque y empresarios radicalmente neoliberales, y otro a la izquierda de Morena con el EZLN, sectores de la CNTE y organismos afines.
También es importante aceptar que el sistema presidencial vigente ya no es funcional y que es necesario sustituirlo por un sistema parlamentario, en donde esos cuatro partidos estén obligados a tener elecciones primarias, compitan en igualdad de condiciones y se representen mediante un sistema de representación proporcional, mediante listas estatales abiertas sin clausulas que propicien la sobre representación de la fuerza mayor. El sistema electoral requiere cirugía mayor para hacerlo más económico y confiable: eliminar la duplicidad entre INE y OPLE´s, impedir el nombramiento de los integrantes de sus órganos colegiados mediante cuotas de los partidos y sancionar duramente a quienes introduzcan ilegalmente al sistema dinero público o privado. Es muy importante asumir que no hay democracia sin partidos y que la reconstrucción del sistema completo es una tarea pendiente para garantizar la participación plena de los mexicanos en la vida democrática y con ello disminuir la incertidumbre y fortalecer la disminuida cohesión social.
Mientras tanto hay que dar seguimiento a las campañas, analizar los planteamientos programáticos de los partidos esperando que la etapa de descalificaciones haya terminado con el debate de ayer, donde por cierto no apareció el asunto-misil con capacidad para trastocar drásticamente el curso de la campaña.

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