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sábado, 13 julio, 2024
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Rescata Graciela Neri toda una tradición de familia elaborando dulces artesanales

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Por: RAFAEL DE SANTIAGO • Araceli Rodarte •

■ Su infancia la vivió entre deliciosos aromas, en la cocina de su casa, donde aprendió a trabajar

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■ Cada pieza está llena de colores, figuras y nombres que se dibujan con imaginación, señala

Graciela Neri Hernández, originaria del municipio de Zacatecas y vecina del Centro Histórico, ha dedicado más de 40 años de su vida a endulzar el paladar de muchos zacatecanos manteniendo una tradición familiar con la elaboración de dulces artesanales.

Su infancia la vivió entre deliciosos aromas que salían de la cocina de su hogar, pues su padre, José Guadalupe Hernández preparaba los llamados “cubiertos” de calabaza, chilacayota, camote y dulces de leche en Uruapan, Michoacán, de donde era oriundo.

Se acuerda que era en la cocina donde pasaba la mayor parte del tiempo y donde aprendió a trabajar. Ahí, junto con sus otros 8 hermanos, ayudaba a su padre en la preparación de los dulces. A la edad de 9 años ya sabía el proceso inicial para pelar un camote y endulzarlo, además de preparar melcochas, lo cual disfrutaba, ya que aprendía y aportaba, como sus otros hermanos, al negocio familiar.

Menciona que todos los días se levantaba antes de las 5 de la madrugada para iniciar en punto de las 6. A esa hora en su cocina había movimiento, unos calentaban el dulce, otros picaban otros cortaban para que estuviera listo a temprana hora. De su casa salía con sus hermanos y su padre después de las 8 de la mañana para acomodar canastos en un pequeño espacio que ocupó su papá durante muchos años en el mercado González Ortega.

“Con ese trabajo, mi padre sacó adelante a 9 hijos a base de trabajo diario, y nosotros apoyándolo. Ahora me da gusto ver que hijos, nietos y bisnietos continúan con esta tradición”, dice orgullosa Graciela.

Años después, al contraer matrimonio, continuó en la elaboración de dulces tanto de leche como melcochas y calaveritas de azúcar, y con ello aportaba a la economía familiar. Sin embargo, ahora junto con su esposo sólo se dedican a la preparación de las tradicionales melcochas.

Este dulce, agrega, lo aprendió a elaborar su padre en el municipio de Fresnillo, y aunque no se conoce exactamente su origen, en Zacatecas es uno de los pocos estados a nivel nacional donde se produce.

Durante todo el año doña Graciela elabora miles de calaveritas, que son distribuidas para su venta en las tiendas locales de artesanías ■ FOTOS: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

Graciela explica que anteriormente este dulce se vendía únicamente durante Semana Santa, y durante meses antes de esta celebración se dedicaba a la elaboración de miles de dulces, aportando con su ingenio las figuras de los famosos borrachos, sombreros o zarapes. Actualmente, con el incremento de visitantes al estado, la demanda de este dulce ha ido en aumento, tanto que Graciela produce miles de dulces durante todo el año, los cuales distribuye en diferentes tiendas dedicas a la venta de artesanías.

Ahora que se acerca el mes de noviembre, comenzó a elaborar más de mil piezas de calaveritas de dulces desde el pasado mes de agosto. Cada pieza está llena de colores, de figuras, de nombres que Graciela dibuja con perspicacia, aunque cada una lleva un proceso de casi 4 horas.

“A pesar de que lleva un proceso más tardado, entre más adornadas estén las calaveras le gusta más a la gente. Hay que ponerles chapetes, un letrero donde va el nombre de la persona, colores, trenzas, además de que se tienen que hacer en un molde especial”, expresa la comerciante.

Desde hace más de 30 años instala un puesto en el tradicional tianguis de día de muertos en la colonia Tres Cruces, a la altura de la entrada de un jardín de niños. Ahí ofrece calaveras de dulces y altares de muertos, a los cuales coloca la foto de algún artista ya fallecido. Comenta que en su infancia era común en el Día de los Santos difuntos salir a las casas a pedir una calaverita, y se daba a los niños una de dulce. De ahí viene el pedir el muerto, aunque lamenta que esa costumbre ya se perdió.

Sin embargo, las calaveras de dulces se siguen utilizando en los altares de muertos y son los dulces de temporada más solicitados durante el mes de noviembre, aunque confiesa que la mayoría de sus clientes prefieren guardarlas como recuerdo.

Durante todo el año doña Graciela elabora miles de calaveritas, que son distribuidas para su venta en las tiendas locales de artesanías ■ FOTOS: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

Menciona que hace más de 40 años los vendedores ambulantes salían desde temprano ofreciendo sus productos casa por casa o en el Centro Histórico. Incluso conoce a familias enteras que se dedican a este negocio.

“Yo espero que continúe la tradición del dulce artesanal; aún hay más compañeros que se dedican a este oficio. En mi familia sólo uno de mis hijos se dedica a esto, y una de mis hijas en sus ratos libres los elabora”, comenta la mujer. Considera que algo que ha observado en el turista que acude a Zacatecas es que por lo regular busca probar la gastronomía local, sobre todo los dulces típicos, por lo que considera que se debe dar apoyo a los vendedores ambulantes para poder trabajar y poder ofrecer estos productos artesanales hechos en Zacatecas.

A pesar de la experiencia y que desde niña comenzó a trabajar el dulce a altas temperaturas, fue hasta hace unas semanas que tuvo un pequeño incidente en la cocina mientras preparaba calaveras de azúcar, quemándose levemente una parte de su mano izquierda.

Finalmente, Graciela manifiesta que este oficio al que ha dedicado su vida le ha dado muchas dichas personales. “El dulce me ha dejado muchas satisfacciones; una de ellas, el sacar adelante a mis hijos, además de tener unión familiar. Aunque también me siento bien cuando la gente reconoce mi trabajo diciéndome que mis productos son de su agrado”, indica la comerciante.

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