“La terquedad tiene sus consecuencias”, comparte Esaúl Arteaga Domínguez

“La terquedad tiene sus consecuencias”,  comparte Esaúl Arteaga Domínguez

■ Recibe artista la medalla al mérito musical Candelario Huizar 2016

“La terquedad tiene sus consecuencias” dijo en entrevista para La Jornada Zacatecas, Esaúl Arteaga Domínguez, seleccionado este 2016 para recibir la medalla al mérito musical Candelario Huízar. Sobre la distinción dijo, le resulta satisfactorio el reconocimiento a su trabajo y que el mismo haya tenido trascendencia, ya sea su participación en el emblemático grupo Huayrapamushka de la UAZ, o bien, el rescate, difusión y promoción de las músicas del estado a través de sus trabajos de investigación plasmados en discos, documentales y materiales bibliográficos.

Esaúl Arteaga Domínguez nació el siete de agosto de 1955 en San José de la Isla –hoy Genaro Codina- y desciende por línea paterna de una familia inserta en la tradición musical que encuentra su eslabón primero en su bisabuelo Belén Arteaga Díaz, quien se desarrollara como cantante, ejecutor instrumental, director y arreglista. Su padre y abuelo, fueron a la par de carpinteros y trompetistas.

La figura de Candelario Huízar, remite al músico, actual docente investigador en la Universidad Autónoma de Zacatecas, a añejas memorias de lo vivido en Jerez de García Salinas. Refiere, su pasión personal por la obra del autor de Pueblerina -1931-, y la crianza en la tradición cultural de aquella demarcación donde se mezclan la poesía de Ramón López Velarde y la sonoridad de los tamborazos tradicionales, que en torno al quiosco del jardín principal ofrecían el marco “para conquistar a una mujer con una gardenia”.

Es esa vida sonora y provinciana a lo López Velarde, donde realiza sus primeras enseñanzas musicales con el maestro Lorenzo Ramírez, sobre quien al paso comenta, “creo que le hace falta un reconocimiento”, en las que encuentra una vida llena de recuerdos de infancia y juventud, de emociones envueltas en tradiciones que se podrían sinterizar en la imagen de las jerezanas con “la falda bajada hasta el huesito”.

De entonces hasta el momento en que se le notificó que le será entregada la presea Candelario Huízar el próximo tres de mayo, justo allí, en Jerez de García Salinas, recupera una enseñanza de vida: “Vale la pena darle seguimiento a las cosas que nos apasionan”.

Habla así del trabajo en el grupo de música latinoamericana Huayrapamushka –El Huayra-, al que se integró en 1975 coincidentemente con la institucionalización del ensamble dentro de la Máxima Casa de Estudios en el estado, y que subsiste luego de 40 años difundiendo diversos géneros y autores, labor en la que fue pionero en la entidad.

Recuerda asimismo, sobre otro episodio que ha marcado su trayectoria, que “cuando iniciamos la Escuela de Música, al mismo tiempo habían traído personas muy profesionales para desplegar la Escuela de Danza Clásica y Contemporánea”, este último, proyecto que no prosperó.

¿Qué hizo la diferencia entre uno y otro? Dice Arteaga Domínguez que justo fue la labor decidida de quienes se empeñaron en que hubiera una escuela para la formación musical profesional de los zacatecanos “costara lo que costara”. Y que por tanto se hizo a pesar de la administración de Difusión Cultural y aun de la Rectoría, e incluso de corrientes políticas al interior de la UAZ.

Cuando hoy escucha a los jóvenes decir “que no se puede hacer nada para construir opciones que liberen al ser humano”, refuta con su propio testimonio: “Sí se puede hacer”.

El proceso que culminó con la aprobación en 1987 por el Consejo Universitario, de la Escuela de Música, actualmente, Unidad Académica de Artes, “salió de la pluma de un estudiante que estaba en el Huayrapamushka, y de un trabajo colectivo de estudiantes apoyado por muy poquitos profesores”.

Este acto fundacional, en el que el propio Esaúl Arteaga se convirtió en primer director de la institución -1988-1992-, “ha tenido consecuencias hasta el punto de que Zacatecas haya encontrado un eje en la Escuela de Música para la vida cultural” de la entidad.

Una vida que se ha intensificado y profundizado de manera importante de manera que “por lo menos los ciudadanos de la capital tiene una opción” en materia de cultura que se ha desplegado a otros ámbitos.

Los egresados pero también quienes se quedaron “a medio camino” han integrado ensambles, tríos, cuartetos, corales, algunos de música popular, fortalecidos mediante una formación académica que tuvo detrás la incorporación de músicos profesionales.

No obstante, y siempre crítico, Arteaga Domínguez, refiere que mucho del talento y potencialidad generada desde la ahora Unidad Académica de Artes, ha terminado estancándose o desapareciendo, porque ni la UAZ ni el Gobierno del Estado han tenido como prioridad de su agenda “el desarrollo del talento artístico de Zacatecas”, de manera que para los egresados todavía no se consolidan “opciones laborales de trabajo digno”.

Enumera la fundación de La Camerata de la Escuela de Música, El Coloquio Musical de Zacatecas que impulsó el destacado clarinetista fresnillense, Luis Humberto Ramos; el Otoño Musical al que dio vida Alfonso Vázquez Sosa, todos empeños que han desaparecido por falta de apoyo institucional.

 

Señala de “inconcebible”, el que al interior del Huayrapamushka a músicos talentosos como Adrián Villagómez, “se le pague medio tiempo como técnico académico y sin base”, o que haya otros compañeros ya con dependientes económicos “que tienen contratos de 10 horas semanales”.

Agrega a la lectura de esta omisión de respaldo institucional, el caso de la Orquesta de Cámara del Estado de Zacatecas, de reciente creación, apoyada actualmente por Conaculta, “pero que va a tener una temporalidad” luego que se releven las administraciones.

En contrario refiere que la difusión cultural que hacía la Universidad Autónoma de Zacatecas hace 40 años mediante El Huayra, La Camerata, o el grupo de rock Mr. Máquina, en un momento de alta vinculación de la institucionalidad con amplios sectores sociales, hacer parecer inconcebible, reitera el calificativo, “que existiera más actividad” que ahora, pues recuerda, llegaban a las comunidades más alejadas de la entidad.

Hoy hay una gran cantidad de egresados de la Unidad Académica de Artes, “pero los recursos que fluyen para festivales y cobertura de las diferentes manifestaciones artísticas se desperdician en espectáculos de artistas de dudosa calidad”, que implican altos costos y “que ni siquiera dejan buen sabor de boca en la población zacatecana”.

“Es decir, no hay una infraestructura cultural que en este momento constituya una opción laboral y profesional digna para nuestros egresados”.

Esaúl Arteaga sostiene que ha habido un gran avance en materia musical, pero propone que es momento de dignificar el trabajo de estos profesionales mediante la construcción “de un gran proyecto”.

Respecto a su designación como premio Candelario Huízar 2016, agregó que no le fue informado con base a qué se le consideró merecedor de él, sólo que fue decisión unánime de un jurado autónomo e independiente.

“Supongo que por las acciones que nos llevaron a la creación de la Escuela de Música y todo lo que significa, nuestro aporte en el ámbito del desarrollo de la música latinoamericana en el estado donde hemos sido pioneros, y también pudo pesar el trabajo de investigación y rescate de las música tradicionales de nuestro estado”.

Este último que comentó, es un proyecto que viene a suplir la omisión que tienen todos los conservatorios de música del país respecto de reconocer géneros musicales que son patrimonio cultural, en este caso de los zacatecanos, y los mexicanos todos.

“Que no son visibles ni en la academia ni en los medios masivos de comunicación”. Músicos populares como Los Jaraberos de Nochistlán y Estampa Norteña, entre otros, han sido promovidos a través de siete producciones discográficas, dos documentales, un libro publicado y otro en editado en colaboración.

“Creo que el compromiso con las cosas que valen la pena de manera individual y social ha tenido su trascendencia y aunque no sé quiénes sean los jurados, creo que sí tengo que agradecer que se hayan ocupado de mí, porque no soy realmente estereotipo para ganarse la medalla”.

 

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