Busco hacer cine que pase por el cerebro y las tripas: Michel Franco

Busco hacer cine que pase por el cerebro y las tripas: Michel Franco

¡Salte de la escuela!, fue el consejo salido de la tripa de Michel Franco a uno de los estudiantes de cine que acudió a la clase magistral impartida por el joven guionista, productor y director mexicano –cuyas películas han conquistado tres premios en Cannes–, el miércoles pasado en la Cineteca Nacional.

Estudiantes del séptimo arte abarrotaron la sala con la expectativa de conocer de primera mano los secretos del éxito del cineasta, quien en mayo pasado obtuvo el Premio del Jurado en el festival francés, por su cinta más reciente, Las hijas de Abril.

Busco hacer películas que no solamente pasen por la cabeza, sino por las emociones, el cerebro y las tripas. Tal vez eso han visto jurados como los hermanos Coen, Tim Roth y Uma Thurman, para premiar también Después de Lucía (2009) y Chronic (2015). Lo cierto es que los jueces no van buscando el hilo negro, sino conmoverse, según dijo el cineasta.

Una de las principales recomendaciones de Franco fue no seguir los moldes de los libros o de las universidades. Yo he seguido las menos fórmulas posibles, reconoce quien, contra todo consejo, programó su película más reciente –protagonizada por la actriz española Emma Suárez y los jóvenes Ana Valeria Becerril, Joanna Larequi y Enrique Arrizon–en un momento en que tendrá que competir con éxitos veraniegos de las grandes productoras.

Aprendí a la mala

¿Qué puede aconsejar a quienes estudiamos cine?, preguntó una titubeante voz femenina de entre el público. Ver muchas películas… aunque yo no he visto tantas, respondió a bocajarro el director de 37 años. De cine no sé mucho; hago lo que puedo, reveló Franco, con una naturalidad que podría sonar a falsa modestia para alguien considerado por la crítica como uno de los genios del panorama mexicano actual.

¿Por qué filmar cronológicamente?, inquirió otro de los asistentes. Porque no sé filmar, replicó entre las risas espontáneas de la audiencia, en lo que se tornó una amena charla entre el experto y los novatos.

Tampoco sabía escribir. Al principio usaba el silencio en mis películas para que hubiera el menor diálogo posible y no equivocarme. Pero después se volvió más bien mi estilo. En realidad, aprendí a la mala con mis cortos fracasados, porque echando a perder se aprende. Incluso mi primer intento de comedia lo rescribí unas 40 veces y pensé que nunca iba a poder hacer cine, admitió.

La pregunta mordaz de la noche cuestionó la relación del cineasta con el poder, en particular en tiempos de Felipe Calderón. Tal vez fui ingenuo. Vi la ola y me subí, contestó Franco, al aludir al promocional que filmó para el panista. “En aquellos tiempos hubiera hecho cualquier cosa para promocionar Después de Lucía, que después se convirtió en un manifiesto contra el acoso. Ahora no lo hubiera hecho igual, pero tampoco me arrepiento”, explicó.

En el cine no hay un camino, sino que cada quien lo va encontrando, fue la sugerencia final para las nuevas generaciones de Michel Franco, cuyo deseo a largo plazo es hacer algo diferente cada vez, reinventarse y, sobre todo, simplemente seguir filmando, que es lo que le gusta y hace feliz.

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