Subjetivaciones rockeras / Sobre lo cultural y lo “culturoso”

Subjetivaciones rockeras / Sobre lo cultural y lo “culturoso”

Pienso que todos hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas esa distinción que se ha hecho en varias ocasiones entre la “alta” y la “baja” cultura, diferenciación que ha generado múltiples debates, todos ellos con argumentos por demás interesantes, que vale tener en cuenta; de hecho, dicho contraste ha adquirido algunos matices, como el que nos ofrece el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en su libro La civilización del espectáculo. Si a mí me pidieran mi opinión al respecto, diría que para bien o para mal, sí existe una “alta” y una “baja” cultura, por chocante que pueda parecer esto, pero, que esa “alta cultura” no está cerrada para quien desee disfrutarla, que no se trata de un club exclusivo para miembros de la realeza o para personas predestinadas a su disfrute.

Desde mi punto de vista, la denominada “alta cultura” puede ser tan democrática como la “baja”, es decir, es un espacio abierto a todo el público interesado, y si algunas personas la llaman de esa manera, es debido a que tiene un nivel de exigencia más elevado tanto para su creación como para su disfrute o comprensión, o sea, no es facilona como esos productos, permítaseme la expresión, “culturosos”, que no exigen el más mínimo esfuerzo intelectual a quienes los experimentan; estos productos (los “culturosos”) suelen ser predecibles, fáciles, contagiosos, frívolos, ramplones y, por si fuera poco, abundantes, muy abundantes, de hecho, no son tan democráticos como parecen, ya que a diferencia de los culturales, los “culturosos” no te brindan la oportunidad de que decidas disfrutarlos o no, atacan por todos los flancos, y se presentan casi siempre como la única alternativa de disfrute o, al menos, como los menos complicados, no necesitamos nada para gozarlos; desafortunadamente, desde mi punto de vista, su oquedad provoca también en nosotros una especie de vacío existencial que, lamentablemente, por sus capacidades hipnóticas o adictivas, no podemos ver a plenitud.

Insisto, a nadie le está prohibido acceder a ese cada vez más distante (en apariencia) mundo de la chocantemente denominada “alta cultura”, que si se me permite, la distinguiré refiriéndome a ella como Cultura, así, con mayúscula, para distinguirla de lo “culturoso” que mencioné líneas arriba. Todos podemos acceder a ella de manera voluntaria e, incluso, por simple curiosidad. La Cultura, nos puede ofrecer, para su conocimiento o disfrute, tanto expresiones populares, propias de las regiones más recónditas y/o marginadas, siempre dentro de un contexto, como aquellas obras que por su densidad o complejidad, exigen ciertos antecedentes para su mejor comprensión, pero también encontramos aquellas obras maestras que mejor han expresado la riqueza espiritual del ser humano, las más completas y variadas definiciones de lo que es la humanidad.

Empero, seamos honestos, nunca faltan en el mundo de la Cultura los farsantes, fanfarrones, snobs y aquellos personajes que pretenden ocultar su ignorancia detrás de una petulancia que incluso ellos mismos se llegan a creer, y no sólo no faltan, sino que abundan; aunque lamentable o afortunadamente, por lo regular, esos farsantes tardan más en hacerse una “imagen” que en derrumbársela. Es cierto que no podemos entrar al mundo de la Cultura de manera abrupta, ningún experto en arte, en humanidades o en literatura, ningún prestigioso intelectual o autoridad en alguna de las materias mencionadas comenzó de lleno con las obras, creaciones o disquisiciones más complejas; entrar de lleno con temas complicados, lejos de engancharnos al mundo de la Cultura, lo que provocará es que nos alejemos y que sintamos aversión por esas manifestaciones. Yo aconsejaría también ignorar o pasar por alto a esos fanfarrones o farsantes que, como mencioné hace rato, abundan en este medio, y en lugar de eso, tomar el consejo o la sugerencia de quien nos recomienda una buena lectura, un buen disco o una película interesante, por mencionar algunos ejemplos; creo que la buena voluntad es algo que se percibe rápidamente.

Habrá quienes hayan nacido en el seno de una familia culta, adepta al arte, la cultura y las humanidades, y proclives al buen gusto, pero también hay que aceptar que en nuestra vida cotidiana, son pocas las familias con esos hábitos, y que para allegarse al mundo de la Cultura hace falta cierto esfuerzo, aunque también hay que aceptar que una vez que nos dejamos tocar plenamente por ella, se produce un efecto positivo, que por lo regular nos lleva a querer conocer más y más sobre ella, a indagar, a descubrir. Desde mi particular punto de vista, creo que para fortuna de muchos de nosotros existen algunas expresiones capaces de engancharnos, así como “puentes” que nos permiten acceder y nos hacen menos pesado y más agradable el camino. Estos “puentes”, como preferí llamarlos, son expresiones culturales que están, por decirlo de alguna manera, en los linderos del mundo cultural, más accesibles a quienes no tenemos ni hemos tenido el más mínimo acercamiento a la Cultura.

Rock 1_Revista Gallito

Dos son las principales expresiones que en lo personal encuentro como puentes de acceso al gratificante y noble mundo cultural; en primer lugar, el rock, género musical que en algunas ocasiones se presenta con una aparente sencillez, pero que de manera invariable nos lleva a reflexionar en torno a situaciones que quizá hasta ese momento nunca habíamos tomado en cuenta. El rock puede llegar a ser muy accesible, sobre todo cuando lo escuchamos en nuestro idioma, no obstante, cuando logra posicionarse en nuestro gusto, nos lleva por temas cada vez más profundos, muchos de los cuales derivarán, invariablemente, en lecturas, películas y obras de arte. El otro puente de acceso que veo para acceder al aprecio y disfrute de la Cultura es el cómic, espacio en el que confluyen, invariablemente, al menos dos expresiones artísticas: la plástica y la literatura. El cómic también, cuando nos toca, nos deja conocer historias, personajes e interesantes tramas, a la vez que nos permite ir apreciando, poco a poco, lo que es un buen dibujo o grabado a través de sus viñetas. De hecho, debo reconocer y felicitar a la Asociación de Historiadores Elías Amador, que, con motivo del centenario de la Batalla de Zacatecas, produjo un cómic acerca del tema, en el que vemos excelentes dibujos, textos y un riguroso cuidado histórico.

Así pues, para quienes no estamos tan versados en el ámbito cultural, yo recomiendo escuchar un buen disco de rock, de preferencia alguna obra maestra de un grupo clásico, así como la lectura de un buen cómic (en este momento, recuerdo con nostalgia y tristeza aquella revista que a muchos nos inició en el gusto por el buen cómic, titulada El Gallito, sí, como la legendaria cantina zacatecana), le garantizo que no sólo disfrutará de un rato agradable, sino que sentirá que le sacuden, de una u otra manera, la conciencia.

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