¿Por qué lo mexicanos no leemos? Una hipótesis

¿Por qué lo mexicanos no leemos? Una hipótesis

La Gualdra 372 / Promoción de la lectura

 

 

¿Por qué los mexicanos no leemos? Según lo expresado por la propia población, por medio de encuestas, son varios los motivos: falta de tiempo, la consideran una actividad aburrida, es una pérdida de tiempo, los libros son caros, no es importante para la vida cotidiana. Desde hace un par de años he estado pensando, hipotéticamente, en una razón más: las condiciones de salud y nutrición. Sabemos que nuestro país tiene un alto porcentaje de personas que padecen diabetes mellitus, además de los elevados índices de obesidad. Intentaré explicar brevemente estas ideas. Comenzaré con mi propia experiencia.

Regularmente dedicaba un tiempo vespertino a leer. De pronto ese tiempo lo dedicaba a una siesta. El cansancio y el sueño no me permitían ir más de dos páginas. Así fue la dinámica durante casi año y medio, hasta que a causa de una molestia renal acudí al médico. Ordenó que me fueran realizados unos análisis de glucosa y, en efecto, estaba en niveles muy elevados. Parto de ello porque comencé a pensar en los datos que brindan las instancias de salud en México: 15.8% de la población tiene diabetes. De acuerdo a la Federación de Diabetes, hay 33 millones más sin diagnóstico. ¿Cuántas personas que intentan leer formarán parte de ese porcentaje y de esos millones?, ¿a cuántas de esas 33 millones la somnolencia de la lectura les está indicando un problema de salud?

Hace unos meses escuché a una nutrióloga que explicaba el fenómeno de la obesidad en México. Siendo los salarios tan bajos como son, resultan insuficientes para adquirir una canasta que cumpla con los requerimientos nutricionales necesarios. De ahí que el consumo de la denominada comida chatarra sea una estrategia para subsanar la ingesta de alimentos que aporten el contenido calórico necesario para realizar sus actividades. Es seguro que hemos experimentado los estragos ocasionados por el abuso de esta alimentación. ¿Han intentado leer a la hora del “mal del puerco”?

En las grandes urbes, donde es necesario trasladarse largos lapsos de tiempo, podemos apreciar este fenómeno. En los trayectos de la tarde y la noche vemos un ambiente invadido por somnolencia, silencios, fatiga. Muy distinto al de la mañana. Desde luego esta hipótesis requiere comprobarse a partir del método científico. Pero por otra parte no hay que dejar de lado el aspecto cultural.

Los motivos para no leer expuestos al inicio de este texto se pueden diluir cuando propiciamos una experiencia gratificante en la lectura. Experiencia que debe estar enmarcada en conceptos como diversidad, apertura, inclusión, otredad, tolerancia, mismidad, comunidad. Desafortunadamente en la polémica y discusión en torno a la Estrategia Nacional de Lectura este marco ha brillado por su ausencia, dejando a su paso un halo de soberbia, arrogancia y superioridad moral de quienes leen sobre quienes no lo hacen. Así, con esas conductas, aunque se esté bien alimentado y se tenga buena salud, no dan ganas de leer.

 

 

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