Cuando los amigos se van

Cuando los amigos se van

En memoria de aquellos que recién se fueron
Dr. Acosta, Dr. Antonio Padua y Dr. Luis Renovales

 

En estas reflexiones quisiera dejar del lado los asuntos de la inmunda política, con el principal objetivo de rendir un póstumo homenaje a tres compañeros de viaje, a tres amigos que mi percepción de las cosas me hacen pensar que se fueron prematuramente cuando aún tenían mucho que dar no solo desde el punto de vista profesional sino en su calidad de seres humanos, vinieron para servir sin lugar a dudas y su impulso vital fue siempre el servicio a los demás.

En tiempos como los que corren uno quiere pensar que las expectativas de vida del ser humano se han alargado por arriba de los 80, más en la mujer que en el hombre, pero ello en mucho depende de cómo se ha vivido, y; cuando se ha vivido por los demás necesariamente eso induce a que estas expectativas se reduscan como es el caso del médico que por vocación antepone el bienestar de sus pacientes al suyo propio.

Yo soy como ser humano una persona de mediados de siglo, esta es la generación a la que pertenezco, nací en 1952 y la primera década y casi la totalidad de la segunda viví en este entorno de un Zacatecas diametralmente opuesto al que habitamos hoy en día, Salí de mi tierra colorada y me aleje de su cielo azul recién pasado el 68 que marcaría el resto de mi vida.

Pertenezco a la generación del 69 pues fue el año en que ingrese a la Facultad de Medicina de la UNAM cuando reabre sus puertas después de los conflictos del 68 – mi padre fue de la generación 40 de la misma universidad cuando aún estaba en el Centro Histórico de la Ciudad de México – y tuve la fortuna de pertenecer a un grupo que camino unido no solo los 4 años primeros de la carrera sino que la gran mayoría fuimos juntos al internado en el noroeste del país y algunos aun al Servicio Social en la Sierra de Durango.

Aquellos 30 de los que conformamos el grupo, quienes venían algunos de provincia – como un servidor – pero la mayoría del sistema Lasalle de la Ciudad de México y otros del CUM el centro marista, algunos cuantos del Instituto México y así, pero cuando 50 años más tarde hacemos el recuento de nuestras vidas ahora más separadas que nunca, nos percatamos que solo 10 quedamos vivos y 20 se nos han ido en forma prematura y eso que nuestras edades oscilan en los medios sesentas.

Sería interminable en estas cuantas líneas recordar a todos por lo que solo lo hare con aquellos que se fueron en fechas recientes.

Hace solo unos meses, el mejor Ginecólogo de la Ciudad de Hermosillo – donde se casó – José Luis Renovales, descendiente de españoles fue una persona totalmente aplicada a su profesión, cursamos juntos la carrera e incluso compartimos cuarto en el Hospital del IMSS en Hermosillo donde realizábamos el Internado de Pregrado, ahí conoció a la mujer que le acompañaría el resto de su vida, pero después nos reencontramos en el Centro Médico Nacional ya en el Internado de Post grado donde por nuestros apellidos que inician con la R nos tocó rotar juntos y convivir como lo habíamos hecho durante 6 años, el eligió el camino de la Ginecología y la Obstetricia, yo el de la Neurocirugía y nos separamos pero no perdimos del todo el contacto, era una magnifica persona, desprendido en extremo que tenía un solo defecto el tabaquismo que inicio temprano en su vida, le recordábamos porque aún bajo la regadera fumaba, y eso – claro – le paso factura, varios infartos, varios cateterismos cardiacos, finalmente falleció bruscamente hace apenas unos meses estando – según me informaron – jugando golf, QPD
Antonio Padua, también compañero durante toda la carrera era un verdadero genio, era el único en el grupo que podía decirnos todos los síndromes de nombres extraños que existen dentro de la medicina, debatía con los maestros y les ganaba – cosa que no era bien vista como es de esperarse por ellos – tocaba maravillosamente la guitarra, en los 15 años de mi hermana – hace ya demasiado tiempo – vino a Zacatecas con su grupo a amenizar la fiesta – no me olvido que a propósito del Fut Bol Americano, se sabía el nombre de todos los jugadores de todos los equipos, lo suyo era ser fan de la NFL. A todos nos sorprendió que eligiera Neumología como su especialidad, esperábamos algo – perdón – más sofisticado y cercano a su inteligencia como la inmunología o Medicina Interna con alguna subespecialidad, pero decidió permanecer de bajo perfil en lo suyo que era la medicina y finalmente salió de la capital para ejercer en la ciudad de Torreón donde se casó y vivió tantos años.

Hace un año tuve la oportunidad de platicar largamente con él en aquella ciudad donde opero con alguna frecuencia gracias a un amigo común Mario del Valle, me comento algo triste que la vida no le había tratado del todo bien, que su esposa a quien adoraba estaba recluida en un Hospital Psiquiátrico víctima de una enfermedad para la que no había tratamiento, él y sus hijas se pasaban el fin de semana con ella atendiéndola, y él había enfermado de un LINFOMA que le había hecho luchar – por sus hijas – contra todas estas adversidades y me comentaba algo complacido que había vencido al cáncer de la sangre y que estaba bien, sin embargo hace menos de un mes me comentaron que también se había colapsado de un infarto masivo estando también jugando Golf, QPD.

El Dr. Acosta, uno de los mejores traumatólogos de nuestra comunidad, experto en columna fue alguna vez mi alumno en la Escuela de Medicina y ciertamente un alumno destacado, después al regresar de realizar su especialidad siempre fue amable al extremo conmigo, amable y atento con todos los que le rodeaban, le encontraba en el Club o en Misa en la Capilla de Bernárdez y compartíamos alguna platica corta, me hubiera gustado conocerlo más y tal vez ser realmente su amigo, pero nosotros médicos somos – con sus excepciones – poco sociables y tarde que temprano nos arrepentimos de esa falta de cercanía.

Todavía hace apenas una semana le comente un malestar que traigo en la cadera y me hiso algunas recomendaciones, pero se le veía en perfectas condiciones hasta que hace algunos días un infarto masivo termino con su vida.

Los médicos también padecemos, también sufrimos incluso tal vez más que los demás, cargamos el peso del malestar de nuestros pacientes y muchas veces la dificultad para poder sacarlos adelante, y esa ansiedad que acumulamos por causas que no nos son del todo ajenas nos cobran la factura, pero al fin fue la vocación que elegimos, Descansen en Paz. Dr. Acosta, Dr. José Luis Renovales y Dr. Antonio Padua. ■

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