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lunes, 17 enero, 2022
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Extensión de mar, la hoja en blanco: oficios de Carmina Estrada

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Por: Armando Salgado •

La Gualdra 509 / Literatura / Editoriales

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La literatura en tiempos de pandemia ha generado diversas acciones en torno a la promoción de acervos de autoras y autores mexicanos. La difusión de obra, la puesta en marcha de estrategias en línea, la realización de ferias de libros con formatos híbridos, han posibilitado una inmersión al mundo pandémico de forma ejemplar. Esta suma mezcla esfuerzos independientes e institucionales a partir de una ruta que se recalcula según los avances en materia de salud de cada entidad. La Ciudad de México entre sus múltiples ofertas culturales cuenta con espacios que se han consolidado a lo largo de décadas, tal es el caso del proyecto Punto de Partida, de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, que ha sido coordinado con gran maestría desde 2002 por la editora Carmina Estrada quien nos compartirá su experiencia en este espacio, así como su opinión en torno a otros contenidos elementales de la literatura y su difusión. Carmina Estrada realizó estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña en República Dominicana y de Teatro en la UNAM y en el Núcleo de Estudios Teatrales. Se ha desempeñado como editora en las revistas Universidad de México y Punto de partida, y como jefa de redacción en Los Universitarios. Ha publicado Un orbe más ancho. 40 poetas jóvenes de México (UNAM, 2005) y Transfronterizas. 38 poetas latinoamericanas (UNAM, 2016) y es coautora del libro de arte Un lugar común. 50 fotógrafos y la Ciudad de México (A punto Editorial/Gobierno de la CDMX, 2015). Publicaciones coordinadas o editadas por ella han recibido diversos reconocimientos de la CANIEM y el INAH.

Armando Salgado: Háblanos de República Dominicana, su cultura, su literatura, ¿de qué forma influyó su contexto para que estudiaras arquitectura y posteriormente teatro en México?, ¿qué sucedió para que dedicaras gran parte de tu vida a la edición?, ¿cuál es tu relación actualmente con la Ciudad de México en tiempos de pandemia?

Carmina Estrada: Sobre la República Dominicana, cito unos versos del poeta Pedro Mir: “Hay un país en el mundo/ colocado/ en el mismo trayecto del sol. / Oriundo de la noche./ Colocado/en un inverosímil archipiélago/ de azúcar y de alcohol.// Sencillamente/liviano,/ como un ala de murciélago/…”. No se me ocurre mejor descripción. Como datos de dominio público, destaco que es un país en una isla dividida, rodeado de mar en tres cuartas partes de su frontera. El cuarto lindero lo divide de Haití, con el que guarda una relación histórica complicada. Un país con un desarrollo económico acelerado en las décadas recientes, con una importante tradición de migración interna desde Haití y externa hacia Estados Unidos y Europa, sobre todo. Con un siglo XX marcado por la dictadura de Rafael Trujillo, ajusticiado en 1961 tras 30 años de terror, periodo que ha sido tema recurrente en las letras dominicanas dentro y fuera del país. Con una fuerte tradición musical y de artes plásticas, y una literatura que ha expandido la condición de “isleñidad” hacia otros países en distintos momentos de la diáspora cultural: desde Pedro Henríquez Ureña hasta Julia Álvarez o Reynolds Andújar, pasando por Junot Díaz, por mencionar algunos nombres. (Sin olvidar a Frank Báez, muy justamente conocido por estos lares.) Recuerdo mi fascinación adolescente por Yelidá, un poema de Tomás Hernández Franco, años 40: una alegoría del mestizaje entre África y Europa que, finalmente, es la historia de la Isla y la mía propia. Un país y una ciudad, Santo Domingo, que atesoro en el recuerdo y cuya imagen, olor y sensación congelé en 1985, cuando llegué a México, mi otra patria/matria: la que me escogió y la que yo escogí para la vida adulta. 

A la arquitectura me une un designio autoimpuesto e inconsciente: fue la vocación de un hermano que murió antes de cursar el primer semestre. Yo estudié siete semestres en la Pedro Henríquez Ureña. Fue ahí donde empecé a relacionarme con la literatura, la danza, la música, el teatro, e indirectamente, por el grupo de nuevos amigos, con las convicciones políticas liberales del pequeño mundo del arte en la capital. En México estudié teatro y ejercí profesionalmente durante diez años, una parte de los cuales compaginé con la labor de correctora y traductora freelance, y luego editora en la Revista de la UNAM. Me gusta pensar que, sin menoscabar las sólidas bases en gramática y ortografía que obtuve en el colegio, la habilidad para encontrar erratas en un texto se la debo a la arquitectura: el error como alteración en el espacio, no ya en el arquitectónico, pero sí en el espacio del lenguaje escrito. Además, trabajo y disfruto mucho el diseño editorial de las publicaciones que edito, sean libros de poesía, narrativa o catálogos de arte. Así que, al final, se encuentran las vocaciones. 

AS: Como editora seguramente eres una gran lectora: ¿qué autoras o autores han cautivado tu librero o tu iPad?, ¿cuándo lees poesía, cómo sabes que estás frente a un buen poema?, ¿escribes poesía?

CE: No soy una lectora sistemática, tengo muchas lagunas en el canon. Empecé a leer como refugio y me enamoré de la literatura gracias a Oscar Wilde: quedé pasmada con El retrato de Dorian Grey. Leo por placer y por oficio, mucho y de todas procedencias. Pero claro, siempre hay autoras y autores cuya lectura es un ancla en distintos momentos de la vida. En mi caso, además de Wilde, está Lorca –al que redescubro cada cierto tiempo, hace unos años gracias a una reinterpretación de Enrique Morente y Lagartija Nick a “Poeta en Nueva York”, por ejemplo—; Truman Capote, Junot Díaz, Mariana Enríquez, Leila Guerriero (sus perfiles son gloriosos), Alejandra Pizarnik (eso es ya lugar común, pero ni modo), Derek Walcott… Sobre cómo sé que estoy frente a un buen poema, ¡no lo sé! Es quizás instinto, oído (cuando reviso poesía leo en voz alta). Es una conexión entre el poema y yo que no puedo racionalizar. Y sí, escribo poesía, notas, algo de ensayo; diría que, por necesidad, sin ningún sistema ni pretensión. Espero tener tiempo algún día para organizar esa parte de mi vida. 

AS: La revista Punto de Partida nace en 1966, a cargo de Margo Glantz. Hoy comprende cuatro pilares: la revista impresa, la revista electrónica, el premio Punto de Partida, y las ediciones impresas: ¿en los casi 20 años al frente del proyecto cuáles han sido las experiencias más exitosas de este proyecto multidisciplinario?, ¿cuál ha sido su evolución e impacto en la comunidad universitaria y en el público en general?

CE: Me considero afortunada por haber desarrollado una vida como editora, en la UNAM y fuera de ella, y haber podido crecer con este proyecto entrañable que acaba de celebrar en diciembre pasado su aniversario 55. Cuando llegué a la entonces Dirección de Literatura, invitada por Malena Mijares, se trataba de relanzar la revista y retomar el concurso después de la huelga del 1999-2000. A lo largo de estos años Punto de Partida y yo crecimos juntas, intentando llegar cada vez a más público. Con las plataformas digitales esto se potenció, y el proyecto, en el que está involucrado un grupo de jóvenes editoras y editores, recibe cada vez más colaboraciones en sus distintas convocatorias. Además, una parte importante de las y los jóvenes que publican en las revistas o los libros o ganan el concurso han seguido y siguen el camino de la creación literaria, reciben becas, ganan premios -como en tu caso, por ejemplo-; publican en otros espacios editoriales, independientes o institucionales. Son muchas y muchos quienes parten de este punto, y eso es una enorme satisfacción: Punto de Partida sigue siendo un semillero de voces en la literatura nacional, como lo ha sido desde su fundación. 

Con este proyecto apuntamos no solo a escritoras y escritores, sino a nuevas comunidades lectoras, que son uno de los pilares de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, donde se produce Punto de Partida. Además, está la parte formativa: contribuir a que jóvenes –como el grupo de edición que hemos conformado– se interesen por este oficio y lo estén aprendiendo en un proyecto como este, me encanta. Es una formación que se basa en el trabajo con las y los autores y en la edición casi artesanal: todavía hacemos maquetas de los forros (“manualidades”, les llamamos), y siempre insisto en la importancia del trabajo con la imprenta, de cuidar la pre-prensa, la calidad de la imagen y de la impresión, de autorizar a pie de máquina los pliegos con imágenes y las portadas… La edición, como yo la entiendo, es un trabajo en la sombra, con un mucho de obsesión por el detalle. Pero en los detalles está Dios, dicen. Y todo ese trabajo se refleja en el resultado. 

AS: Respecto a las ediciones impresas de Punto de Partida, ¿cuáles son las novedades?, ¿qué otros libros conforman el catálogo?, ¿de qué forma se pueden adquirir? 

CE: En el caso de la colección Ediciones de Punto de Partida, que ya suma casi 23 volúmenes, he procurado acompañar a las y los autores en el proceso de publicación de su libro, en mayor o menor medida. Tenemos tres libros de esta serie que quedaron, digamos, atrapados por la pandemia: Sin mayoría de edad, una antología de cuentos reunida por Joel Flores, que incluye 11 autores y 10 autoras de México, Chile, Argentina, Nicaragua, Venezuela y España, y cuyos personajes son todos niños o adolescentes; un libro bilingüe en lengua mixteca y español: Isu Ichi. El camino del venado, de Nadia López García; y un libro de poemas de la bajacaliforniana Yaroslabi Bañuelos, Inventario de las cosas perdidas, que integra de manera notable elementos de la cultura pop y la sociedad de consumo, por el que su autora recibió hace poco el Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer. Y está por salir el volumen 23, que es un libro colectivo de tres poetas de Nigeria: Moyosore Orimoloye, Precious Arinze y Logan February, con traducciones de Ezequiel Zaidenwerg. Los libros de esta colección se distribuyen a través de las librerías de la UNAM y de la página de LibrosUNAM.

AS: En el centro de la pandemia, ¿cuál es tu perspectiva sobre la labor editorial en el país?, ¿crees que la cuarentena la ha afectado?, ¿qué nuevos retos se avecinan en torno a la difusión de la literatura en un ambiente digital donde la mayoría de los eventos han sido en línea, de forma gratuita?

CE: Por supuesto, la actividad editorial, como cualquier otra, se ha visto afectada por la pandemia. No sé qué tanto los grandes consorcios, que siguieron vendiendo, en gran medida a través de las plataformas de venta digital, pero sí las editoriales independientes y las pequeñas librerías, sobre todo en los meses de estricta cuarentena. Las aguas han ido retomando el cauce, y sé que las instituciones siguen impulsando la creación literaria, y que la literatura escrita por mujeres, muchas excluidas del canon en su momento, está tomando el papel que por justicia le corresponde. Sobre lo digital, la difusión de la literatura es uno de los pocos espacios que podría decirse que sacó ventaja de la pandemia: mediante múltiples plataformas hemos podido conocer y escuchar a autoras y autores que en modo presencial nos hubiera sido imposible. O tomar infinidad de talleres en línea, sin importar la ubicación geográfica. En fin, que estas nuevas formas de difusión y consumo, de alguna manera, han contribuido a la “democratización” del acceso y a la formación en la escritura. Entonces, creo que la pandemia nos dejará una interconectividad que beneficiará a la literatura, tanto en públicos como en herramientas para la creación. 

AS: La crisis ambiental y otras problemáticas están arrasando cualquier indicio de esperanza, ¿qué haces para respirar de nuevo y continuar con los pendientes día a día?, ¿qué cosas disfruta Carmina Estrada?

CE: Las guerras, las epidemias, las hambrunas, asolan cíclicamente a la humanidad desde que el mundo es mundo… Estamos en una etapa complicada, no solo por la pandemia de Covid-19 sino por la degradación del medio ambiente y la violencia que parece recrudecerse con las y los más débiles. Y nuestra especie no contribuye mucho a la solución… Pero bueno, siempre hay cosas que disfrutar: la música -bailar, sobre todo-. Mi hija y mi hijo, mi pareja, la familia, mi trabajo, la amistad… La esperanza de volver a viajar. Respirar es, de hecho, un motivo para salir al mundo.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-509

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