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jueves, 1 diciembre, 2022
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Juan se quedó

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Por: CITLALY AGUILAR SÁNCHEZ •

■ Inercia

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Hay historias que narran grandes hazañas, en las que el hombre, como héroe, siempre sale victorioso ante las adversidades de la vida. Hay historias en las que la felicidad se alcanza como meta única. Hay historias en las que personajes comunes terminan convirtiéndose en extraordinarios. Hay una extensa cultura que nos señala, principalmente por medio de las letras, que el ser humano debe luchar y siempre erguirse como vencedor.

Pero también hay historias que derrumban ese ideal humano, y que nos hablan de hombres cansados; de gente abrumada por la miseria, la injusticia y de la propia existencia. Franz Kafka, Edgar Allan Poe, Fiodor Dostoievski entre otros grandes escritores, nos han expuesto a personas derrotadas, y que más allá de redimirse, terminan por entregarse al fracaso del ideal humano. En nuestra geografía e idiosincrasia encontramos en los cuentos de Juan Rulfo esa frustración.

En su cuento Paso del norte, relata la historia de un joven, quien debido a la pobreza, intenta emigrar a Estados Unidos, en busca del tan sobrevalorado “sueño americano”. Desde luego el intento falla y su regreso a la pequeña comunidad de la que salió está también empañado de pérdida y traición.

 

Las eternas razones

Fue en las décadas de los 50 cuando en México se agudizó la emigración al país vecino del norte, y desde entonces ha sido una de las posibilidades viables para aquellos individuos que, privados de los privilegios del mundo neoliberal, desean tener una vida digna.

Es el caso tanto del personaje rulfiano como de Juan Ramón Acosta, joven zacatecano de apenas 26 años de edad, quien salió de la comunidad San Isidro, en Genaro Codina. Dedicado al trabajo de la albañilería, salió de su casa el 5 de agosto, dejando a una mujer que, debido a la desnutrición, recién había tenido un aborto.

Se dice que después de caminar 10 días y 10 noches, Juan falleció en medio del desierto de El Paso; algunos dicen que debido a la acelerada deshidratación provocada por ingerir alcohol que “el coyote” les ofreció, otros que simplemente fue cansancio. Lo cierto es que murió en circunstancias que redundan en la escasez y la aridez de nuestra realidad social.

“Pos que hay hambre. Usté no lo siente. Usté vende sus cuetes y sus saltapericos y la pólvora y con eso la va pasando” responde el personaje de Rulfo cuando su padre le pregunta para que se va al norte y luego agrega: “Pos a ganar dinero. Ya ve usté, el Carmelo volvió rico, trajo hasta un gramófono y cobra la música a cinco centavos.” Razones que más de uno tenemos, al menos, en Zacatecas; y no sólo albañiles, incluso profesionistas con títulos rimbombantes. Las deplorables condiciones laborales en que nos han dejado las reformas federales, nos tienen en la miseria común. Algunos emigran a Estados Unidos, pero de la misma forma, hay mucha fuga de estudiantes a otras ciudades o países en busca de alguna beca que postergue lo más posible el enfrentamiento con la realidad del desempleo.

 

El desgraciado retorno

Es común de los héroes clásicos regresar, a su país de origen, victoriosos. Luego de haber luchado y de casi rendirse, siempre encuentran la fuerza y el valor para conseguir el triunfo, mismo que les dará gloria y admiración en el resto de los humanos. Sin embargo, estamos ya muy lejos de aquellos tiempos de perfección.

Actualmente, pareciera que hay un destino manifiesto en el común de los seres humanos, el del fracaso. Regresar a sus ciudades de origen luego de las hazañas y los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las adversidades, la derrota se hace inminente. Regresar es darse cuenta que no hay cambio alguno en la miseria, que se sigue siento la misma resentida persona, y peor aún, a veces la única forma de volver es en un ataúd.

El caso de Juan Ramón Acosta es significativo por esto mismo, pues aunque algunas de sus últimas palabras antes de partir fueron “sí puedo, sí la hago”, su historia demuestra que a veces, la lucha y las grandes intenciones no bastan cuando el enemigo a derrotar es tan poderoso, y aquí hablo del monstruo de la impotencia. Somos seres ya sin poder. El Estado nos lo ha quitado.

Juan es el primer zacatecano que ha muerto, en lo que va del 2015, al intentar cruzar la frontera, y por infortunio no es el primero en lo que va de la historia migratoria, ni será el último. Es otra muestra más de la realidad con la que día a día nos enfrentamos desarmados y expuestos. Más de 5 mil mexicanos muertos en condiciones parecidas en lo que va de los últimos 20 años…

Juan nos recuerda la vulnerabilidad de vivir en un país en la que no hay retornos. Nos hace ver un panorama triste y desesperanzado, en el que la muerte es el destino más cercano. En él nos podemos reconocer como personas que luchan pero que pierden. En su historia podemos encontrar la eterna narración de una humanidad en la que los héroes son simples y mortales. ■

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