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viernes, 27 mayo, 2022
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Votar/botar derechos: no al gatopardismo democrático

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Por: Carlos E. Torres Muñoz • admin-zenda • Admin •

En reiteradas ocasiones he tratado sobre dos conceptos de la teoría democrática moderna, derivados a su vez de su relación con el modelo de Democracia Constitucional, utilizado por distintos teóricos del Derecho, como lo son Luigi Ferrajoli, Michelangelo Bovero y Norberto Bobbio. Éstos son, la tiranía de las mayorías (cuyo análisis me llevó en este mismo diario una serie de tres artículos titulada “Límites a la tiranía de las mayorías”) y sobre lo que el primero de los académicos mencionados, llamó la “esfera de lo indecidible”. En ambos, se expresan los argumentos que buscan evitar el sinsentido de poner en voluntad de las mayorías los derechos de las minorías. Esto dada la superioridad de las primeras, sobre las segundas, ya sea en términos de recursos o bien, a través de mecanismos electorales que pudieran caer en la tentación de legitimar decisiones irracionales e injustas.

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En recientes fechas se ha vuelto a poner sobre la mesa, por parte de quién se supone es el líder emblemático más importante de la izquierda electoral en este país, Andrés Manuel López Obrador, la (absurda) idea de consultar a las mayorías sobre los derechos de las minorías. Una posición ilógica si se escucha de quién se supone busca salvaguardar la igualdad, en su concepción más amplia. Dijo, según nota de Excélsior, lo siguiente: “Yo represento a millones de católicos, a millones de evangélicos y a millones de libres pensadores de este país, entonces si no los consulto no me puedo pronunciar, que no se llamen a engaño, siempre he sostenido que el mejor método es el democrático y que la gente decida, y yo soy partidario de las libertades, pero cuando se trata de esos temas, vamos a que los ciudadanos sean los que resuelvan”.

Y pues no, bastantes páginas se han escrito ya sobre el tema: la democracia no es solo un método de elección (justo esa concepción minimalista es la que más ha afectado a la izquierda en nuestros países), sino una fórmula compleja, en la que se tienen como base los derechos fundamentales de los individuos que habrán de participar en ella, a fin de tomar decisiones justas, racionales y libres.

Pongo el siguiente ejemplo como un punto a consideración para mi argumento: según algunas de las últimas encuestas el virtual candidato de Morena a la Presidencia de la República, tiene un (nada despreciable) 22% de aceptación, aproximadamente. Supongamos entonces, siendo positivos que a otro 20% de la población no le resulta molesta la presencia pública y la permanente pretensión de Andrés Manuel de ser Presidente de México, luego entonces tenemos un 58% restante, que quizá no quiera ver más al tabasqueño en la boleta electoral ¿Qué pasaría si sometiéramos a plebiscito su derecho a ser candidato? Me arriesgo a decir que su libertad fundamental de ser votado, se encontraría en peligro, y tal cosa es inadmisible, como lo es su pretensión de someter a elección las libertades básicas de un grupo importante de ciudadanos, en un franco y necio gatopardismo democrático, que, como todos sabemos, es lo mismo que votar los derechos, para botarlos de la agenda pública y la exigencia legítima de las minorías.

Esta es una de esas pésimas ideas que suele tener el dirigente político en un afán de cosechar votos de todas partes, perdiendo los potenciales sufragios cautivos que pudiera tener. Sorprende su desprecio por las causas que, histórica e ideológicamente, deberían ser bandera del progresismo que dice representar.

Pero, como otras tantas posiciones suyas, no es novedad. Cito a Gabriela Rodríguez, articulista de La Jornada, en su artículo “AMLO y los derechos sexuales”, del 25 de noviembre de 2005: “Se trata de aspectos tan vitales como comer todos los días. No se trata de temas frívolos, según podría argumentarse desde la más estrecha y provinciana visión de los políticos de izquierda. La calidad de vida tiene mucho que ver con la posibilidad de ejercer las libertades, decidir sobre nuestro cuerpo y llevar a cabo los planes personales, de pareja y familiares. Estamos hablando del derecho a decidir con quién y en qué condiciones vivir, cómo salvaguardarse de la violencia doméstica; cuándo, cuántos y en qué condiciones tener o no tener hijos; con quién mantener una vida sexual placentera, cómo evitar la imposición y la violencia sobre los cuerpos, de qué manera evitar enfermedades y embarazos no deseados, cómo acceder a un aborto seguro, etcétera. Se trata de libertades muy restringidas, sobre todo entre quienes se ubican en los márgenes de pobreza y exclusión (…)”.

En este sentido, AMLO debería escuchar más a Jaime Cárdenas Gracia, extraordinario constitucionalista, y menos a los malos abogados del diablo. ■

 

@CarlosETorres_

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