La consulta

La consulta

2016: en el Jardín Juárez de Guadalupe Zacatecas, a media tarde, entre un número aún creciente de seguidores (acarreados y voluntarios) el entonces líder del recientemente movimiento, convertido en partido, Morena, Andrés Manuel López Obrador, negaba la realización de una elección abierta para designar candidatos al proceso electoral en Zacatecas, por prestarse a manipulación y potenciar la división. Decía el futuro presidente: hay formas mejores, las encuestas. Me ha sorprendido (para mal) la muy básica idea que un líder social como él tiene de la democracia, demostrado a través de la convocatoria y la implementación de una consulta “paralegal”.

Hay que recordar, que luego de la Segunda Guerra Mundial y los horrores surgidos de los Estados legales, se dio espacio al modelo que hoy conocemos como Democracia Constitucional, una modalidad superior de democracia, que no descansa solo en las mayorías, sino que, llega a sostenerse a pesar de las mismas, a través de métodos de control y contención del poder, aún de éstas, para supervivencia misma de la democracia, que en la concepción básica, adjetiva e instrumental, puede arrollar e incluso exterminar a las minorías. La encuesta no es para tanto, lo sé. Sin embargo abre una puerta de advertencia: vulnerar la seguridad jurídica de los inversionistas (una minoría no débil, por cierto), no solo causa perjuicio a ellos, sino a nuestro sistema normativo en su conjunto, pues sí el cumplimiento de los contratos (normas al fin) se pondrá a disposición de las mayorías, sin un esfuerzo sustancial y cierto de información y de un complejo proceso deliberativo, los derechos de todos, tienen una cita en las urnas (caray ¡y qué urnas!).

El problema no es que consulte, sino que como lo ha demostrado Sebastián Garrido en su texto para Nexos Los municipios de la consulta del aeropuerto, la selección de la población para la consulta, o es sesgada o hubo una enorme ineptitud para su selección, pues los criterios anunciados no fueron objetivamente seguidos, sino se presentaron apenas como una justificación (insuficiente). Hay quienes han logrado acercar los criterios de selección más a las tendencias electorales de la población consultada, que, a cualquier otro concepto, luego entonces el problema no es que consulte, sino la selección de a quiénes está consultando y las razones, que pudieran apuntar a quien potencialmente le terminó dando la razón. Por ello mismo, el mecanismo no solo es antidemocrático en sus principios más básicos (como quedó demostrado, se pudo votar más de una vez, y debemos confiar irrestrictamente en estos funcionarios de casilla, sin el más mínimo rigor de confiabilidad, lo que da al traste con aquel enunciado inicial de la democracia electoral: un ciudadano, un voto). También es antidemocrático en aquellos ideales que podríamos esperar de un movimiento social: la igualdad e inclusión (los municipios más pequeños quedaron descartados de la consulta, según sus organizadores, aunque como lo demostró Garrido, no fue así en todos los casos), tampoco ha buscado este ejercicio la debida información de los participantes, ni la justicia. Menos aún la responsabilidad social.
La consulta no se ajusta a parámetro alguno de justicia: no se garantiza la veracidad de los resultados, ni su confiabilidad (cuál es obligación del Estado y apenas deber de los ciudadanos), tampoco fortalece la débil seguridad jurídica característica de nuestro país, lo que no afectará solo al mercado, sino al concepto mismo de Estado de Derecho, nuestro más grave problema institucional.

Admito, claro que mi perspectiva de la consulta ha hecho chocar mi liberalismo con la vena comunitarista del movimiento que ha logrado la confianza de la mayoría de los mexicanos. Por ello mismo también debo hacer un claro reclamo a lo que quedó de la oposición ¿Dónde está? Acuartelada en las ruinas de lo que fueron, buscando apropiarse de ellas, quizá no para construir nuevos edificios institucionales o reconstruirlos, sino para medrar con lo que quedó. Se olvidaron de salir a las calles, de hacer campaña, ganar voluntades y persuadir.

Y así, frente a una oposición postrada frente a sí misma y de seguir en esa tendencia de conducta el Presidente hoy electo, nos encontraremos pronto ante actitudes metaconstitucionales (remítase a Carpizo) y ante el renacimiento del Presidencialismo mexicano en su expresión 2.0. ■

@CarlosETorres_

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