El Apando, presentado por José Carlos Ruiz

El Apando, presentado por José Carlos Ruiz

La Gualdra 356 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

Fue alumno de Salvador Novo y Seki Sano (entre otros) cuando estudió en Bellas Artes, recuerda prácticamente todos sus papeles (107 películas y más de 30 telenovelas), no usa celular, no tiene correo electrónico; responde ante un auditorio de 300 personas perfectamente de pie, casi estático, sólo con las manos apoyadas en la mesa y sosteniendo el micrófono a unos 20 centímetros debajo la barbilla, y es capaz de responder ligando sus frases, sin muletillas (ninguna) y haciendo avanzar su discurso coherentemente: José Carlos Ruiz.

Con los auditorios 1 y 2 llenos del Centro Universitario del Norte (Cunorte) de la Universidad de Guadalajara pudo recuperar el tono de el Carajo durante su presentación tras la proyección de El Apando. Película dirigida por Felipe Cazals en 1975 y basada en la novela de José Revueltas y José Agustín, testimonio de su encarcelamiento en el penal de Lecumberri por las manifestaciones estudiantiles de 1968.

El Apando estuvo estelarizada por Salvador Sánchez, Manuel Ojeda, María Rojo y José Carlos Ruiz. Cuenta la prisión de tres detenidos compañeros de celda y luego metidos en el apando: dos de ellos traficantes de drogas y el otro, el Carajo, un pobre enganchado, tuerto y cojo. Las mujeres son sus mulas y la madre del Carajo es la nueva recluta. La violencia por ocio y por venganza son la normalidad. Hasta que un motín termina con una de las escenas más marcantes del cine de Cazals, la entubada.

José Carlos Ruiz recuerda que durante la filmación él sentía la violencia del texto y de la historia y le comentó a Revueltas si no era un poco exagerado todo: “Y esto no es nada José Carlos”, respondió el hermano de Silvestre Revueltas. Además, reconoció que éste ha sido uno de los tres papeles más difíciles que ha tenido, Goitia (Diego López Rivera, 1989) y Almacenados (Jack Zagha Kababie, 2015) fueron los otros dos.

El Apando es junto con Canoa (Felipe Cazals, 1975) una de las primeras ficciones sacadas de testimonios de la violencia del Estado respuesta al movimiento

de 1968; en ese momento era aún muy pronto para hablar de la noche de Tlatelolco, sobre esto habría que esperar Rojo Amanecer (Jorge Fons, 1991).

Conmemorar el 2 de octubre de 1968 es más fácil que recordarlo. Para recordarlo aún no se consigue armar imágenes en la mente de las generaciones posteriores. Volver a proyectar estas películas puede, quizás, ayudar.


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