El fin de una bolsa ignominiosa: las herramientas legislativas

El fin de una bolsa ignominiosa: las herramientas legislativas

La coyuntura empujó a los legisladores a, por fin, autorizar la eliminación de las llamadas Herramientas Legislativas: se trata del final de esta Legislatura en medio de un proceso electoral. Es decir, fue importante que la medida no ‘afectara’ a los diputados que aprueban su desaparición, y que la decisión se pudiera usar para legitimar a las fracciones partidarias en la contienda electoral. Tuvieron que pasar años de presión por parte de (la poca) prensa libre, organizaciones civiles y algunos pocos políticos, para que se eliminara ese renglón de gasto que manchaba a todo el Poder Legislativo.
La justificación original era dotar de recursos para que los legisladores, que obviamente, no son ‘todólogos’ pudieran acudir a asesorías legales, mandar hacer estudios especializados para fundar alguna iniciativa de ley o la organización de foros y así, un resto de actividades con el objetivo de fortalecer la función legislativa y de supervisión de los diputados. Sin embargo, ese recurso, terminó siendo una bolsa para el mantenimiento de clientelas de los diputados, las cuales se convertían en hatos electorales para asegurar la carrera del político en turno. Es risible observar en declaraciones públicas que los diputados confiesan el uso clientelar del recurso; por ejemplo, el entonces diputado local (y ahora candidato a la diputación federal) Carlos Peña justificaba: “son recursos para dar respuesta a las necesidades de la gente”. Y el diputado Osvaldo Ávila de Antorcha Campesina, ahora candidato a la reelección en el Distrito local IV, así defendía las herramientas: “no se puede aceptar la reducción de las herramientas legislativas (…) la reducción va a impactar a que se atienda menos a la ciudadanía”. Y en otras declaraciones narra cómo compró cientos de pares de zapatos con ese recurso.
Sabemos cómo opera esa práctica infausta que mata la libertad democrática en los procesos de elección: la gente recibe un recurso público bajo el formato de ‘retribución de favores’. Esos apoyos sociales se convierten en maneras de amarrar bolsas de votos. El meter a los pobres en un esquema de retribución de favores con un político particular, es una manera aciaga y desvergonzada de eliminar la libertad del ciudadano. En otras palabras: equivale a eliminar la calidad de ciudadanos de cientos o miles de personas. Y así lo declaran, ya sin pudor alguno. Esos diputados que se aferraban a las herramientas, ¿cuántas iniciativas subieron a tribuna? ¿Cuántos problemas estructurales estudiaron y propusieron soluciones, con apoyo de las herramientas? Hay casos en que la respuesta, ¡es cero! Debemos festejar que se dieron las condiciones que arriba describimos para la eliminación de esta bolsa ignominiosa. Y tomar la lección: cuando se junta la prensa libre, académicos comprometidos, organizaciones civiles y algunos (pocos) políticos conscientes, los frutos llegan. Se tardan un poco, pero llegan. Ahora, con dicha supresión, se deberá discutir qué harán para atender el objetivo de dotar a los legisladores de apoyos para construir iniciativas de ley y fortalecer sus funciones de fiscalización, sin caer en las prácticas negras del cultivo de clientelas ni de enriquecimientos ilegítimos. Tema para la siguiente legislatura: repensar las condiciones de la propia actividad de los diputados.

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