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UAZ: entre cangrejo y canguro (o viceversa)

UAZ: entre cangrejo y canguro (o viceversa)

Por más que se estire, no hay dinero que alcance para cubrir los gastos de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Esta verdad de Perogrullo ha tenido en vilo a la UAZ desde hace varios años, pero hasta hace poco “llegó la lumbre a los aparejos” de sus trabajadores a tal nivel que en octubre pasado se habló de quiebra técnica y de la imposibilidad de pagar los salarios correspondientes a la segunda quincena de dicho mes.

De ese bache hubo forma de salir gracias a las gestiones que se realizaron en la Ciudad de México por parte de la autoridad universitaria y del gobernador de Zacatecas. Éste último con apenas un mes en el cargo, y con la imperiosa necesidad de reivindicarse con la UAZ luego de comentarios negativos que hizo sobre la institución en un vídeo que circuló por redes sociales, hace un par de años.

Si bien se pagó esa quincena y las subsiguientes, la situación financiera de la universidad no se ha resuelto de fondo pese a que ya se entregaron algunos de sus edificios en abono a la deuda con el ISSSTE, a que varios de sus programas se certificaron, y a la gestión de recursos extraordinarios.

Preguntar a cuánto asciende la deuda de la UAZ se ha convertido en el lugar común de los periodistas cuando la escasez informativa obliga a la improvisación chacalera, y hablar de los problemas financieros de la Universidad, más que de sus aciertos académicos, es el pan de cada día en los medios de comunicación.

Esto ha provocado que cada vez que se habla de la UAZ, vengan al imaginario colectivo los problemas de pesos y centavos, los paros y conflictos, antes que los aportes que a la ciencia, la cultura y la democracia hace la Universidad.

Las condiciones en las que el actual rector llegó al poder no son sencillas. Aunado a la añeja crisis financiera, esta administración tuvo que lidiar con los efectos de la basificación de 400 docentes en los seis primeros meses del rectorado pasado, y también con las consecuencias del convenio que -a punto de salir del cargo- firmó el rector anterior, el cual obliga a abonar 100 millones anuales al Instituto de Seguridad Social para Trabajadores del Estado (ISSSTE) durante seis años.

La UAZ no tiene de otra: o aumenta sus ingresos, o disminuye sus egresos. Puestos a escoger lo deseable sería lo primero: que se forzara al Estado a cumplir con su obligación de proporcionar educación gratuita, y se hiciera conciencia sobre la importancia de la universidad para miles de jóvenes que no tendrían otra opción educativa si la UAZ cerrara, además de sus aportaciones al desarrollo del estado.

Dado que la crisis financiera no es exclusiva de la UAZ, bien haría en formarse un frente nacional que obligara a dedicar más dinero a la educación superior, porque aunque se nos diga que no hay recurso suficiente, un país que tiene miles de millones de pesos para comprar un avión para el presidente, para pagar pensiones a expresidentes y despilfarrar un dineral en la corrupción, tiene recursos suficientes para cumplir con una de las obligaciones esenciales del Estado.

Sin embargo la UAZ ha ido por el camino inverso, es decir, el de recortar los egresos; por eso se han tomado medidas de austeridad como cortar los sobresueldos de docentes que vendieron sus prestaciones, la rescisión de contratos, e incluso la amenaza de cerrar las preparatorias de algunos municipios.

No obstante, ninguna de estas medidas ha podido materializarse. La primera porque se entabló un procedimiento legal por parte de los afectados; la última porque los ayuntamientos, se comprometieron a contribuir en el sostenimiento de dichas escuelas.

Y la medida más polémica, la de la rescisión de contrato de 18 trabajadores, también ya fue echada para atrás debido a la presión que se generó porque seis de ellos iniciaron una huelga de hambre que duró casi una semana.

Con esta última acción, la administración actual queda seriamente desgastada, pues a la antipatía que provocó haber impuesto tal medida, ahora se suma la de haberla depuesto, pues en este embrollo no queda más que preguntarse: si las rescisiones eran necesarias y justas ¿por qué retractarse? Si no lo eran, ¿por qué haberlas hecho?

Este actuar zigzagueante erosiona la fuerza y la autoridad que pudo haber dejado llegar al cargo como candidato único y con cierta simpatía por su actuar como secretario general del sindicato de personal académico.

El paso continuo entre canguro y cangrejo (un salto para adelante y luego un paso para atrás) o viceversa (como quiera verse), echa por la borda no solamente la fuerza inédita que pudo haber tenido una persona, sino arrastra con ello la oportunidad de encontrar una salida definitiva para la crisis financiera de la universidad.

¿Con qué confianza puede pactar cualquiera –acreedores o universitarios- con una autoridad dubitativa? No hay viento favorable para quien no tiene rumbo.

 

Correo: [email protected]

Twitter @luciamedinas

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