Notas sobre un eterno comienzo

Notas sobre un eterno comienzo

Aunque pareciera una verdad de Perogrullo el que en México es la conjunción de corrupción y desigualdad lo que nos tiene en un permanente estancamiento, agravado hoy por el fracaso de una política económica que ha secuestrado las oportunidades de todos para el uso exclusivo de una clase, en estos momentos resulta de suma importancia repetirlo, hacer de esa conclusión, una que compartamos en lo posible en la colectividad, sin permitir que sea ignorada por la clase política.

El Profesor Ugo Pipitone, del Centro de Investigación y Docencia Económicas ha descrito con astucia e interesante narrativa, episodios de nuestra historia, en que el hartazgo de las condiciones ya mencionadas, nos han llevado a sujetarnos a liderazgos, cuyos resultados en el gobierno no han sino profundizado las causas de nuestras reiteradas crisis.

No es posible ignorar el comienzo de su ensayo, titulado, justamente Un eterno comienzo, la trampa circular del desarrollo mexicano (Taurus, 2017): “Generación tras generación, siempre aparece alguien (un seductor, un iluminado, un herético o un joven favorecido por la desconfianza acumulada en todos los demás) que anuncia el milagro. Y cada vez mucha gente le cree y renueva la confianza de que esta vez, finalmente, las palabras se convertirán en hechos. (…) en México es mucho más fácil creer en las personas que en las instituciones. Es más sencillo creer en el señor presidente que en el Estado. Las personas son rostros y voluntades y de ahí algo nuevo puede surgir.”

¿Acaso este puntual cuadro no refleja la antesala de 1946, 1988, 2000 y 2012? ¿No refleja nuestra realidad pre-2018? ¿Cuál ha sido el resultado de ese ánimo compartido por los mexicanos en todos estos casos? Una innegable decepción y empeoramiento de las causas, lo que a su vez no ha traído sino funestas consecuencias que, como decíamos en un principio, han agravado nuestra desigualdad y corrompido a nuestras aún débiles y moldeables instituciones.

Pipitone aborda con una visión crítica, pero objetiva, los resultados de tres sexenios, y los que parecen ser ya la herencia histórica del que está en curso. Desde Miguel Alemán, hasta Enrique Peña Nieto, pasando por Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox, su análisis nos regala la oportunidad de ver los constantes, reiterativos y frustrantes esfuerzos que hemos hecho por liberarnos de los males que desde hace años ya, identificamos como nuestros principales males.

Y no nos encontramos en mejor momento hoy con perspectiva al futuro: no parece haber en el inmediato porvenir una propuesta sólida que integre una estrategia inteligente, articulada y franca contra nuestros peores males.

No hay en el escenario político nacional un compromiso real por consolidar nuestra democracia a través de los ciudadanos, sino una lógica clientelar que pretende generar retornos al pasado y con ello alimentar el círculo histórico de vicios que nos mantienen en un país que ve pasar la modernidad por la vía de las promesas, mientras que en la realidad, nuestras resistencias institucionales y sociales persisten.

Sin embargo la apuesta por los personajes, la confianza en la fortaleza supra-humana de una persona, que todo lo solucionará, o que cuando menos, sentará las bases para que la desigualdad y la corrupción retrocedan, por mera voluntad y una capacidad no racional de un individuo, hoy se mantiene y se expande como la respuesta a una crisis que es innegable, pero que tendemos a simplificar y con ello, al final de la historia, siempre a complicar aún más.

Tanto la corrupción como la desigualdad merecen respuestas institucionales, no personales;  permanentes, no pasajeras; articuladas, de consenso, unipersonales, ni de ocurrencia; de contenido, no de discurso. De otra forma estaremos frente a nuestra historia circular una vez más, aunque por los tiempos y las circunstancias (desesperantes) no podríamos asegurar con qué cierre culminaríamos esta vez.

Como lo expresa el propio Pipitone: “Una historia de nuevos comienzos, de expectativas que renacen periódicamente sin conducir a los resultados que en su momento se creyeron al alcance de la mano. Y al final de cada ciclo, la frustración que alimenta la necesidad de experimentar un nuevo rumbo que, con su desencanto, hace más dura la capa del cinismo colectivo que se acumula en el humor nacional”. n

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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