Expectativas sobre la migración de retorno a México de población mexicana en Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump

Expectativas sobre la migración de retorno a México de población mexicana en Estados Unidos durante la presidencia de Donald Trump

Jesús Peña*

Hace ya más de un año que Donald J. Trump arrancó su campaña a la presidencia de Estados Unidos con un discurso inflamatorio antinmigrante acusando a México de estar enviando a Estados Unidos a criminales, violadores, y unos cuantas buenas personas. Contra todo pronóstico, en particular de expertos y analistas en  México y Estados Unidos Trump ganó sin mucha dificultad las elecciones, sacando a flote las marcadas diferencias que aquejan a la sociedad estadounidense, las cuales, como suele suceder, son ventiladas en posturas que culpan a los migrantes de todos los males. La expectativa ahora en México es ver si Trump va a cumplir sus promesas de campaña intensificando las aprehensiones y deportaciones de millones de personas que viven en Estados Unidos de manera irregular. Las cifras y los hechos dictan que un programa de deportación masiva es simplemente incosteable; el gobierno de Estados Unidos no cuenta con la capacidad de deportar a millones de personas en el corto plazo. También existe especulación sobre si un ambiente hostil hacia la población mexicana en Estados Unidos puede provocar aumentos significativos en la migración de retorno. Con anterioridad nos hemos equivocado antes sobre un retorno masivo a México de población mexicana en Estados Unidos como sucedió durante la crisis económica del 2008 que afecto sectores económicos como la construcción que emplean a cantidades importantes de migrantes mexicanos. Los datos hasta ahora indican que un retorno masivo voluntario por sentirse discriminado es poco probable. Según los datos de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte (Emif Norte), no haberse adaptado, por temor a ser deportado o por discriminación como razones principales de retorno a México no alcanza el 1 por ciento desde el año 2000. En 2015, un 8 por ciento declaró haberse sentido discriminado durante su estancia en Estados Unidos. Haber sido discriminado por razones de nacionalidad o ser migrante fue del 6 por ciento. Estas cifras son más informativas que representativas. Los bajos porcentajes se deber, por un lado, a  provienen de encuestas realizadas a migrantes de retorno solamente, y  por otro lado, a la manera en que los migrantes indocumentados han internalizado su situación en Estados Unidos. Ciertos abusos que podrían ser tomados como discriminatorios, pueden normalizarse al punto de ser considerados como parte de la vida cotidiana. Aun sin empleo y viviendo bajo la sombra de la deportación, las personas migrantes mexicanas se han quedado y prosperado en Estados Unidos. El miedo al retorno ha sido mayor. Un retorno a gran escala luce poco probable. Sin embargo, ya nos hemos equivocado antes sobre lo que Trump puede lograr como político. Subestimarlo una vez más no es aconsejable. Tenemos que estar preparado para un aumento de la migración de retorno.

Un buen punto para comenzar a hablar de los retos para México que pueden surgir de un aumento en la migración de retorno, en especial de la no voluntaria que se identifica principalmente con la deportación, es reconocer que las personas que son deportadas no son iguales. Esto que parece obvio, no obstante, rara vez se ve reflejado en la manera en que sociedad y gobierno nos aproximamos a estas personas cuando son devueltas a México. Podemos distinguir a las personas deportadas en dos grupos con perfiles y procesos de aprehensión y deportación muy distintos. Un grupo lo componen las personas que  nunca han vivido en Estados Unidos por largos periodos de tiempo o que son deportadas durante el intento de cruce o cerca de la franja fronteriza a los pocos días de haber cruzado. Este flujo migratorio muestra una tendencia a la baja desde 2007, año en que se registraron más de  500 mil deportaciones, para descender en el 2015 a menos de 130 mil. El segundo grupo lo componen migrantes establecidos de manera irregular en Estados Unidos por largos periodos de tiempo, en algunos casos hasta por 10 años. Según datos de la Emif Norte, estas deportaciones alcanzaron su cifra más alta de los últimos diez años en 2011, con 118, 200 eventos. Desde entonces ha ido descendiendo.  La mayoría de estas personas fueron aprehendidas lejos de la frontera, dentro de territorio estadounidense, en su lugar de trabajo, en la calle o en su casa. Esta diferencia de tiempo de estancia en Estados Unidos hace que estemos ante dos tipos totalmente diferentes de migración de retorno por deportación. Mientras que para el primer grupo, su vida está en México y su fuente de empleo en Estados Unidos. Para el segundo grupo, su vida, trabajo y familia está en Estados Unidos. El crecimiento de esta población migrante se debe a una disminución histórica de la migración circular. La falta de documentos hizo de las visitas a México algo muy riesgoso, convirtiendo su vida en ese país como un recuerdo nostálgico de una vida que ya poco tiene que ver con su realidad en Estados Unidos. Con base en esto, podemos tener una idea de las diferentes experiencias de deportación e implicaciones de un regreso forzado a México, así como las prioridades que cada grupo tiene después de la deportación. Para unos, un boleto de autobús para dejar la frontera por donde fue repatriado y un programa de reinserción laboral en su destino en México puede resultar atractivo, mientras que para otros, lo único es su mente es regresar lo más pronto posible  a Estados Unidos. Si pretendemos como gobierno y sociedad brindar apoyo a estas personas debemos de reconocer estas diferencias y actuar acorde.

Sin importar lugar de residencia, durante el proceso de deportación, las personas migrantes son sometidas a situaciones de tensión física y mental, e incertidumbre sobre sus circunstancias. Por lo que es de suma importancia que estas personas reciban ayuda puntual y eficiente por parte de las autoridades consulares de sus países de ciudadanía. Las personas mexicanas que emigran hacia Estados Unidos ya sea de manera documentada o irregular cuentan con una extensa red consular con presencia en más de 40 ciudades en ese país. No obstante, son pocas las personas deportadas que hacen uso de estos servicios. Los datos de la Emif Norte para 2015 muestran que más de la mitad de las personas deportadas fueron informadas de su derecho a comunicarse con el Consulado Mexicano. Entre las personas deportadas que indican residir en México, un 56.1 por ciento fue informado de su derecho a recibir asistencia del Consulado mexicano. Para las personas establecidas en Estados Unidos, el porcentaje fue mayor con un 67.3 por ciento. No obstante, entre el total de personas que fueron informadas, solamente un 15. 4 por ciento hizo uso de alguno de estos servicios. La razón principal (45.4%) por la cual decidieron no usarlos fue por no considerarlos necesarios. Otro 9.8 por ciento reportó que no le fue permitido a su acceso por parte de autoridades estadounidenses. Entre las personas que si hicieron uso de estos servicios, la principal ayuda ejercida fue comunicarse con familiares (58.2%).  Recibir ayuda en asesoría migratoria fue solicitada por un 32.5 por ciento.  La calificación que estas personas le otorgaron a los servicios recibidos fue de bueno (70.9%). Únicamente un 5.4 por ciento calificó la ayuda recibida como mala o muy mala.

Estos datos sugieren que las deficiencias en la ayuda consular a personas migrantes mexicanas deportadas de Estados Unidos no se debe del todo a la falta de acceso o calidad de los servicios. Sin duda, un alto porcentaje de personas no son informadas de su derecho a ayuda consular. No obstante, entre las personas  que sí son informadas, los bajos porcentajes de uso se deben a la falta de conocimiento previo sobre qué son estos servicios y cómo les pueden ser de utilidad durante el difícil proceso de la deportación.  Esta situación nos recuerda que el conocimiento y ejercicio de derechos es una tarea pendiente  para ciudadanos y autoridades gubernamentales tanto dentro como fuera del territorio nacional. En particular, para un país como México con más de un 10 por ciento de  su población viviendo en otros países.

Los servicios consulares solamente una parte de la ayuda que ofrece el gobierno de México a sus connacionales en el extranjero. Por décadas han existo diversos programas diseñados para atender a poblaciones migrantes específicas. Ejemplos son los Grupos Beta, el Programa Paisano, Vete Sano, Regresa Sano y Repatriados Trabajando. En la actualidad, estos esfuerzos se han conjuntado en un programa de atención integral llamado Somos Mexicanos. Por medio de este programa se pretender armonizar los programas de atención a migrantes de retorno. Sin duda, este programa representa un paso importante, en particular viene a atender los problemas de comunicación y coordinación que existen entre dependencias de gobierno dedicadas a atender el tema migratorio. Este programa representa también una buena oportunidad para que los aparatos estatales lo adopten con la finalidad de desarrollar estrategias de prevención que permitan estar preparados para un aumento de la migración de retorno. Para  estados con altos niveles de expulsión de migrantes como Jalisco, Guanajuato, Zacatecas y Michoacán y estados de la frontera norte como Baja California, Chihuahua y Tamaulipas, la incorporación de planes preventivos en temas de salud, educación, empleo y vivienda son imperativos. ¿Cómo podemos estar preparados a  nivel municipal ante el retorno de cientos de niños y niñas que van a necesitar asistir a la escuela, de jóvenes que van a necesitar empleo o de personas de la tercera edad que necesitan apoyo para la jubilación?  Esto es justamente uno de los grandes retos que impone a México el ambiente de amenaza e incertidumbre que genera la presidencia de Trump en el tema de la migración. Generar respuestas a estos retos no es asunto fácil. Hacer política migratoria preventiva  e integral es algo en lo que no tenemos mucha experiencia en México. Parte de la solución se encuentra en los migrantes mismos que a través de sus asociaciones de oriundos y otras organizaciones hacen importantes contribuciones a los lugares de origen. Sus aportes son fuente invaluable de innovación institucional a nivel regional. Ante los retos que se divisan, debemos de aprender de lo sucedido en Estados Unidos sobre las consecuencias del ensanchamiento de las divisiones en una sociedad. Sobre esto, debemos de tener presente que sin importar donde habitemos, todos somos mexicanos.

* Colef

 

 

 

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