Los niños, ¿encadenados al destino fatal de la pobreza?

Los niños, ¿encadenados al destino fatal de la pobreza?

La población infantil de Zacatecas es pobre. Y la expectativa de que los niños crezcan y sigan siendo pobres es también la causa de la precariedad de las generaciones que le siguen: la falta de movilidad social en este país. El escenario de desigualdad determina el de movilidad social. Según se desprende del Informe del Centro Espinosa Yglesias vivimos en un país de castas, es decir, donde el origen casi determina el destino de las personas; o en otras palabras: la posibilidad que tiene la población de moverse a lo largo de la estructura socioeconómica es mínima. El informe nos ofrece el siguiente cuadro: observamos que si sumamos los dos quintiles de pobreza (primero y segundo), deducimos que 7 de cada 10 personas que nacieron pobres, seguirán en la misma condición toda su vida. Y, por el contrario, sólo 3 de cada 100 de los más ricos van a caer de su condición. Y en los factores movilizadores como el bachillerato y la educación superior, tenemos no sólo un problema muy serio en la cobertura universitaria que apenas llega a 30 %, sino también en la equidad pues sólo 4 de cada 100 pobres terminan una opción profesional universitaria. En suma, la inmovilidad denuncia una estructura de persistente desigualdad. Con ello, vemos con estupor la condena en que las estructuras económicas han hundido a la niñez: vivir en pobreza a lo largo de su vida y por las próximas generaciones. Un país donde nacimiento es destino, no puede ser libre. La libertad es la posibilidad de las posibilidades. Pero la condena a la pobreza elimina dichas posibilidades, y con ello, elimina la propia libertad.

Así las cosas, estamos frente a una sociedad con su infancia encadenada. Es fácil adivinar el corolario de esta situación: estamos ante una nación sin futuro. Si las futuras generaciones seguirán atadas al destino que les dio su nacimiento, significa que no hay futuro promisorio posible. La noche ha caído como predestinada y fría fatalidad sobre 80 % de los niños.

Y surge la pregunta, ¿no se puede romper el siniestro círculo de reproducción intergeneracional de la pobreza en Zacatecas? La respuesta es que sí se podría, es decir, se puede sí y sólo si hay un giro radical en las políticas educativas asociadas al mercado laboral, que hagan posible que los actuales infantes ingresen en una espiral positiva de movilidad social vertical hacia arriba. Lo cual no puede ser resultado de un programa específico, sino de una estrategia que haga confluir muchos programas de gobierno en ese objetivo. Armonizar y coordinar muchos programas con éxito implica cambios formidables en la forma de conducir el gobierno. ¿Estamos ante un callejón sin salida? Eso parece, aunque no deja de haber algunos espacios para la esperanza. La articulación de actores sociales que logren detonar la chispa del cambio siempre está en el horizonte de la posibilidad de que la infancia se libere del signo de la desesperación.

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