Tortas japonesas

Tortas japonesas

Apoyándose en datos aislados y/o circunstanciales algunos amargados, de los que se empeñan  en  ver sólo el vaso medio vacío, han dado en validar el dicho de acuerdo con el cual como México no hay dos;  aunque no debido a que no haya un sol que brille mejor, sino a que estamos, según ellos, confinados un estado mucho más de chueco que de derecho, donde no tienen vigencia  las normas vigentes en el resto del mundo, ni operan otras leyes que las de Newton.

Independientemente de que no estemos de acuerdo con quienes piensan de esa manera es necesario reconocer que dada la variedad y profusión de singularidades que nos caracterizan las cosas por acá resultan ligeramente distintas, y conviene por lo tanto  reconsiderar algunos preceptos legados por la tradición.

Tomarse por ejemplo en serio el dictum según el cual quien nada debe nada teme resulta en el territorio comprendido entre el Bravo y el Suchiate sencillamente suicida; y más valdría quienes se en encuentran en esa circunstancia sean consientes de conformar  un grupo de riesgo, pues difícilmente disponen de los “contactos”, “padrinos” y “palancas” de que gozan los que sí deben, y sobre todo los que más deben, y que son  condición sine cua non para llevar a cabo cualquier proyecto o empresa, o cuando menos no morir en el intento.

Otra sentencia seguir la cual es aun más riesgoso es la de San Juan Apóstol, quien afirma sin más que la verdad nos hará libres; aserto cuya veracidad carece de  respaldo empírico; a menos, claro, que lo sucedido a Manuel Buendía, Regina Martínez y tantas otras decenas  más  haya sido una liberación; asunto algo difícil de dilucidar.

Excepto desde luego en Michoacán otros fragmentos de sabiduría son en cambio   acordes plenamente con nuestra realidad;  éste, por ejemplo, de Max Weber: “Se define como estado la institución que posee el monopolio legítimo de la violencia”.

Y qué decir de esta definición  de Ambrose Bierce: “Política: Lucha de intereses disfrazada de lucha de principios. El gobierno de los asuntos públicos para beneficio privado”.

La perla de sabiduría empero que nos reafirma en la certeza de vivir en la normalidad democrática es esta de un autor démodé: “A los oprimidos se les permite elegir una vez cada tantos años qué miembros de la clase opresora han de representarlos, para aplastarlos en el parlamento”. Karl Marx. ■

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