Muere el boxeador Rubin “Huracán” Carter

Muere el boxeador Rubin “Huracán” Carter

Miami. “Esta es la historia de ‘Huracán’, el hombre al que las autoridades culparon”. Bob Dylan popularizó con su canción de protesta de 1975 la figura de Rubin “Hurricane” Carter, boxeador feroz y preso durante 19 años por un triple asesinato que no cometió.

El ex púgil estadunidense afroamericano, inmortalizado también en el cine por Denzel Washington en 1999, murió hoy a los 76 años en Toronto convertido en símbolo del sistema judicial racista de los años ’60.

En junio de 1966, tres blancos fueron asesinados por dos negros en un bar de Paterson, Nueva Jersey. Carter y su amigo John Artis fueron condenados por un jurado formado por blancos basándose en el testimonio de dos ladrones que luego se retractaron.

Tras la condena, Carter inició su combate más duro: el de demostrar su inocencia y el de buscar la liberación espiritual a falta de la física.

“Que 12 personas mal informadas me declararan culpable no me hacía culpable. Y como no era culpable, me negué a actuar como un culpable”, dijo el combativo Carter en 2011 en una entrevista con la cadena PBS.

Confinado en su celda, Carter, que antes de dedicarse al boxeo había sido un delincuente de poca monta, se dedicó a estudiar filosofía, leyes y todo libro que cayera en sus manos. “Toda la sabiduría del mundo para encontrar mi camino espiritual a la libertad”, escribió.

La determinación que mostró en su defensa fue su principal rasgo también en el ring y en la vida.

Carter nació el 6 de mayo de 1937 y fue el cuarto de siete hermanos. Su padre, diácono de la iglesia baptista, lo golpeaba con el cinturón con frecuencia, según su autobiografía de 2011, “Eye of the Hurricane” (El Ojo del Huracán).

La severidad paterna y su tartamudez infantil marcaron a Carter, que se habituó a responder con los puños a las burlas de los otros niños. Varios delitos pequeños provocaron que a los 14 años entrara a un reformatorio.

Encontró una salida en el Ejército y en el boxeo a los 17 años, pero regresó a la cárcel en 1957 por robo y asalto. Salió de prisión decidido a comenzar una carrera en el ring, donde a falta de peso y estatura destacó por la fuerza de sus golpes.

En 1962, en pleno ascenso, un periodista le puso el sobrenombre de “Hurricane” (Huracán) y en 1963 logró su mejor victoria: necesitó apenas dos minutos para tumbar al campeón del peso welter Emile Griffith. Sin embargo, no pudo ser nunca campeón, ya que perdió en 1964 en la batalla por el título ante Joey Giardello.

Entonces, convertido ya en figura, era un personaje incómodo que animaba a los vecinos de Harlem a combatir el abuso policial incluso con las armas.

El 17 de junio de 1966 murió su carrera en el boxeo y nació un símbolo. La policía detuvo un vehículo blanco similar al que habían usado los dos negros que asesinaron en el bar de Paterson a tres blancos. Dentro del coche que pararon los agentes iban Carter y su amigo Artis.

Una de las víctimas no los identificó en el hospital y ambos superaron la prueba del detector de mentiras, por lo que fueron puestos en libertad.

Sin embargo, dos testigos los situaron en la escena del crimen y fueron acusados de triple asesinato. La credibilidad de los dos ladrones era escasa, no había evidencias físicas ni un móvil, pero los 12 blancos que formaban el jurado impusieron dos cadenas perpetuas a Carter y tres a Artis.

“La resistencia fue mi defensa. No hablaría a los guardias ni reconocería su existencia. Me negué a moverme al ritmo de la prisión y a obedecer sus reglas arbitrarias”, escribió Carter, que estima que el 50 por ciento del tiempo lo pasó en una celda de aislamiento sin luz, lo que definió como un “laboratorio antinatural del espíritu humano”.

En 1974, su caso ganó relevancia pública al publicar su primer libro. Se investigó de nuevo el caso y los testigos admitieron que habían mentido.

Mohamed Alí, gran imagen de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, comandó una marcha para reclamar un nuevo juicio, mientras que Dylan escribió en 1975 la épica canción de ocho minutos “Hurricane”.

Hubo nuevo juicio, pero en 1976 fueron condenados de nuevo. Carter perdió la fe en su defensa. Durante cinco años no quiso recibir visitas en la prisión, hasta que un joven de 15 años reactivó al ex boxeador y la búsqueda de justicia.

Finalmente, el 7 de noviembre de 1985, un juez levantó la condena al considerar que los derechos de Carter habían sido violados y que el castigo respondió “más al racismo que a la razón”.

“Una vez que su libertad se convirtió en algo físico, Rubin decidió que tenía que ayudar a aquellos que languidecían en prisión por crímenes que nunca cometieron, las víctimas de la injusticia”, escribió Nelson Mandela en el prólogo del último libro de Carter.

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