Subjetivaciones rockeras / El rock también se piensa, se lee, se escribe

Subjetivaciones rockeras / El rock también se piensa, se lee, se escribe

Hace poco más de un año, la periodista Araceli Rodarte Solórzano me hizo una entrevista para dar preámbulo a esta colaboración semanal, recuerdo que en ella comenté que, desde mi particular punto de vista, el rock no sólo se escucha, también se piensa; sigo creyendo lo mismo, sólo le agregaría que también se lee y se escribe. Es decir, hasta donde he podido ver, muy pocos son los géneros musicales que cuentan con documentos y acervos, llámense bibliográficos o cualquier otro tipo de publicaciones especializadas en el tema, y el rock es uno de ellos, y conste que no estoy hablando de revistas de chismes vulgares, que de ésas hay para todos, incluido (no podemos negarlo) el rock.

Da gusto ver la gran cantidad de colecciones, bibliotecas, enciclopedias, diccionarios, ensayos y todos los tipos de expresión literaria que se han basado en el rock. De la misma manera, es muy grato ver que muchos prestigiosos y galardonados pensadores y escritores, durante el inicio de su carrera con la pluma, escribieron ensayos, críticas o artículos referentes a un grupo específico, a un estilo o, en general, acerca del rock. Algunos de esos personajes aún siguen haciendo algunos textos alusivos. Recuerdo todavía cuando el escritor y cronista Carlos Monsiváis (dgm), tras la expectativa que tenía por escuchar en vivo a Marilyn Manson, durante su primera visita a México[1], hizo una interesante y sarcástica crítica, no sólo al cantante norteamericano y a los músicos que lo acompañaban, sino, de manera indirecta, a su ingeniero de sonido. Desconozco si al autor de Los mil y un velorios (libro de gran vigencia en nuestros días) le gustaba el rock, pero al menos de algo sí estoy seguro: de que no le era indiferente.

En fin, creo que citar a las prestigiosas, no tan prestigiosas y desconocidas plumas que han escrito y siguen escribiendo sobre rock, para bien o para mal, resultaría discriminatorio; lo que no puedo negar es que hablamos de un género que mueve y/o sacude conciencias, que estremece, que toca fibras sensibles, que nos define, que nos permite completar ideas, que brinda música de fondo a nuestras sensaciones, que nos provoca emociones, que nos invita a reflexionar en torno a aspectos que pudieron, en algún momento, sernos totalmente ajenos. El rock propicia debate y polémicas, por eso, como lo dijo el clásico: podrá ser odiado o amado, pero jamás ignorado, y ése es un aspecto que, creo, quienes nos apasionamos con este género musical debemos tener bien presente. Este género, al hablar acerca de todos los aspectos de nuestra realidad, llámese cotidiana, práctica, emotiva, siniestra, mítica o hasta espiritual, nos invita a pensar y a opinar sobre lo mismo, es decir, sobre todo.

Sin embargo, pienso que no debemos quedarnos simplemente con aquello que se nos da, y que tampoco podemos dar por definitivo el mensaje que escuchamos. No se trata, creo, de tragarnos todo lo que se nos dice, tengo la impresión de que en buena medida contra eso lucha el rock. Soy de la idea de que lo que nos toca es informarnos, indagar, documentarnos, ir más allá. Por ejemplo, cada que leo un buen artículo o ensayo acerca de rock, siempre descubro que hay mucho más de lo que aparece a simple vista; toda esa bibliografía, todos esos documentos nos dejan ver que hay un mundo más allá de MTV o de VH1, y que lo que nos muestran esas televisoras (hoy, en franca decadencia), no es sino lo más superfluo y vacío de la música, no niego que pueda haber alguna honrosa excepción, pero es la que confirma la regla. Esas lecturas han permitido darme cuenta de que tras una buena rola, un excelente grupo, un disco memorable, hay una postura de vida, un interesante cúmulo de influencias o la pertenencia (en la mayoría de los casos) a una corriente de la que forma parte.

Leer y pensar en torno a rock, desde mi punto de vista, también nos permite darnos cuenta de que lo que escuchamos y sabemos al respecto es mínimo comparado con lo que debemos conocer. Es como cuando se habla de libros, son tantos los fundamentales y tan corta nuestra vida, que puede llegar a parecer frustrante, pero, por otro lado, nos da la oportunidad de jamás aburrirnos, de mantener viva, hasta la muerte, nuestra capacidad de asombro, nuestra mirada infantil.

No obstante, el rock no sólo nos invita a leer sobre rock; como lo mencioné líneas arriba, su fuente de inspiración la encontramos en la realidad y en todo lo que la conforma, así que, desde el hecho de leer un periódico, un libro de cuentos, una novela, un libro sagrado, un clásico de la literatura universal, o un denso ensayo filosófico, siempre nos dará motivo para hacer, pensar o escribir sobre rock. Sin querer sonar excluyente, me viene a la mente a bote pronto aquel maravilloso álbum conceptual realizado en 1976 por The Alan Parsons Project, titulado Tales of mystery and imagination, inspirado en la obra del bostoniano Edgar Allan Poe (1809-1949), mismo que me permito recomendarles muy ampliamente, mediante la siguiente liga: http://www.youtube.com/watch?v=c4sJrz3NNDU.

 


[1] No soy muy adepto a este interesante compositor, por lo que confieso que no sé si ha venido en otras ocasiones

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