Nuestro nunca bien muerto neoliberalismo

Nuestro nunca bien muerto neoliberalismo

La única realidad es el individuo. Cualquier colectividad es un fenómeno derivado e ilusorio, carente de existencia más allá de los discursos. El ejercicio de la libertad tiene lugar en el intercambio de bienes y servicios entre individuos, quienes se guían en sus elecciones mediante el sistema de los precios. No hay mejor manera de procesar toda la información necesaria para la producción y distribución de mercancías, ni medio de procurar la máxima libertad de todos los involucrados, que el mecanismo de la competencia. Sólo así se puede construir una sociedad con el óptimo de bienestar para todos sus miembros. Aceptado lo anterior, la función legítima del Estado es preservar la libertad, es decir, el mercado, para lo cual es necesario desarrollar una amplia institucionalidad estatal (comisiones reguladoras) que garantice el funcionamiento ininterrumpido del intercambio bajo los términos de una competencia justa. No se debe minimizar el Estado, ni reducirlo al papel de gendarme, porque es el medio de mantener el mercado, lo que equivale a preservar la auténtica libertad. La competencia justa es lo más antinatural que existe, lo natural es la ausencia de competitividad, la sumisión a los falsos ídolos surgidos de concederle realidad a los colectivos humanos, al “pueblo”.Natural es negar la propia libertad para someterse al “hombre providencial”. Quizá con matices, la enunciación anterior resultaría aceptable para cualquier neoliberal. ¿Qué es el neoliberalismo? La concepción de la sociedad como conjunto de individuos que entran en relaciones mercantiles de manera voluntaria para ejercer su libertad. Algunos teóricos (e. g. James Buchanan y Gordon Tullock en su “The Calculus of Consent”) asumen que la hipótesis de la sola existencia de individuos es metodológica, no ontológica, sin embargo, las consecuencias sobre la construcción del sistema económico o político son similares: la primacía del individuo y el mercado. En esto se parece al liberalismo clásico, pero las diferencias residen en el papel asignado al Estado, que ya se mencionó, la absoluta centralidad del mercado como mecanismo técnicamente insuperable de asignación de recursos y la superioridad de lo privado sobre lo público. Existen varios libros en español que tratan del neoliberalismo, tanto de manera general (Fernando Escalante Gonzalbo (2015) “Historia mínima del neoliberalismo” CM/Turner ) como del caso particular de México (María Eugenia Romero Sotelo (2016) “Los orígenes del neoliberalismo en México” FCE). Incluso se puede considerar que las historias económicas de México (como Juan Carlos Moreno Brid, Jaime Ros Bosch (2010) “Desarrollo y crecimiento de la economía mexicana” FCE o Enrique Cárdenas Sánchez (2015) “El largo curso de la economía mexicana” FCE) son narraciones de la manera en la que las políticas neoliberales se adaptan a las circunstancias económicas nacionales en momentos de crisis. No es difícil ver que el vuelco hacia el neoliberalismo fue impulsado por la crisis petrolera de 1982, y que su primera función fue contener el proceso inflacionario a través de lo que se llamó “políticas heterodoxas”. La más conspicua de estas es la “contención salarial” de los sueldos de burócratas, docentes y universitarios, todavía vigente. Sin embargo, si bien el contenido doctrinario del neoliberalismo surge en la economía, no se limita a esta, es “transversal”, atraviesa todos los estratos y capas de lo social. Por eso es importante la aparición de un libro como el de Rafael Lemus, “Breve historia de nuestro neoliberalismo” (2021, Debate). Omite narrar los hechos económicos, su definición de neoliberalismo (tomada de otra historia breve, la de David Harvey) es difusa, aunque trate de precisarla mediante los conceptos de “racionalidad política” y “operación biopolítica”. No, no está en su potencia científica y conceptualizadora el auténtico núcleo del libro. Ya observó Domínguez Michael (“La oportunidad perdida de Rafael Lemus”, Letras Libres, Julio 2021) lo cuestionable y monótono de la “vulgata antineoliberal” ofrecida por Lemus. Lo original es la narración es la presentación de la disputa entre los intelectuales aglutinados en la revista “Nexos”, y aquellos participes de la revista “Vuelta”. A lo largo de esta disputa se deja ver cómo se viró, por parte de ambos grupos, a una ideología neoliberal y se abandonó cualquier vía al socialismo. Cuestionable es que Lemus crea que esas batallas, o esas revistas, pudieran influir en un cambio de visión en el país. Su influencia no era, ni es, tan grande y Lemus no intenta ningún ejercicio estadístico para demostrar algunas de sus afirmaciones. Incluso se puede llegar a creer que con su argumentación del “intelectual inoperante” está mostrando cuan nimia fue la influencia de ambos grupos después de 1994. Vale la pena leer acerca de esas disputas ideológicas, de la literatura fácil contra la literatura difícil, de la pedagogía patriotera a la antipedagogía anarquista. Algo hay en el último capítulo que podría no ser del gusto de un acólito de la cuarta transformación, porque Lemus considera que el arribo de López Obrador a la presidencia de la república bien puede ser el remate de la implantación del neoliberalismo en México. ¿Por qué? “naturalizar e invisibilizar el neoliberalismo es, ya, neoliberalismo” y esto es lo que las reiteradas cancelaciones del neoliberalismo perpetradas discursivamente por el presidente, sin que haya cambios reales, es lo que pueden conseguir: muerto el neoliberalismo, viva el neoliberalismo. ■

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