Contextos del Museo de La Quemada

Contextos del Museo de La Quemada
De izq. a der. Carlos Alberto Torreblanca Padilla, Peter Jiménez y Arturo Romo Gutiérrez. c.a. 1994.

La Gualdra 485 / 25 Años del Museo de La Quemada

 

 

A inicios de la década de los 80´s, Zacatecas estaba empezando a definir su rumbo como ciudad turística con obras como los museos Francisco Goitia, Pedro Coronel y el Teatro Calderón. Para las mismas fechas el INAH se encontraba en un proceso de descentralización con una mayor consolidación de los centros regionales, muy incipientes en muchos estados como fue el caso de Zacatecas. El estado de la arqueología en Zacatecas era muy austero: dos zonas arqueológicas abiertas al público (La Quemada y Alta Vista) y ambas muy deterioradas y abandonadas.

Entre 1984–1994 el Gobierno del Estado apoyó a la conservación de La Quemada en forma permanente para rescatar la zona arqueológica de su inminente destrucción debido al creciente avance de los derrumbes de los grandes basamentos, mismos que amenazaban con el desmoronamiento total del conjunto monumental de la zona. Hacia 1991 luego de avances significativos de intervención de conservación a lo largo y ancho del conjunto monumental, se empezaba a contemplar la necesidad de una unidad de servicios al visitante para poder atender a un público cada vez mayor. En este contexto el Gobierno del Estado, el INAH y la Secretaría de Turismo conjuntaron esfuerzos para la creación del museo de La Quemada. La idea de crear un Museo en La Quemada respondía a la petición de los grupos escolares que constantemente llegaban a la zona, y la idea de incluir a La Quemada dentro de los recorridos turísticos que salían de Zacatecas a Jerez: o sea, la primera fase de la descentralización del turismo más allá de la capital.

Debido al enorme vacío de museos de sitio en el Centro-Norte del país, el guion del Museo de La Quemada tenía que cubrir un territorio muy amplio desde Paquimé en Chihuahua, hasta Teotihuacan, en el Estado de México, para poder ubicar al visitante en el tiempo y espacio (y medio ambiente) del norte de Mesoamérica. A la vez, el guion de La Quemada haría constantes referencias a la zona arqueológica de Alta Vista, Chalchihuites y sus alrededores en son de animar al visitante para extender su recorrido hacia el noroeste del Estado, pasando por la bella ciudad de Sombrerete, con miras hacia el segundo segmento de la descentralización del turismo. Las características del público visitante que acudiría a una zona arqueológica poco conocida, en un norte de México poco conocido, obligó a conceptualizar un guion didáctico que en un recorrido de una hora podría llevar al visitante desde el desierto de Chihuahua y Paquimé a la selva Maya de Palenque para dejarlo en el semidesierto actual de Malpaso, en un valle que había pasado por una fase de calentamiento global durante la Colonia, a causa de la tala excesiva por la minería virreinal.

Que el Gobierno del Estado ampliara el presupuesto para poder completar el Museo de La Quemada mostró la importancia de tener un Ejecutivo estatal culto, con una visión de una zona arqueológica como un servicio educativo único para el programa estatal de historia. Cabe señalar que el Lic. Arturo Romo, cuando fue Senador, solía pasar algunos días de sus vacaciones por el estado en la zona de La Quemada, observando nuestras excavaciones por horas sin haber cruzado palabra alguna con nosotros, hasta que un día, acercándose a la malla que bordeaba a las calas de excavación en el Juego de Pelota, se presentó y en voz baja preguntó “¿Y con cuánta gente podrían levantar todos estos muros caídos?”, luego de darle un cálculo aproximado respondió: “Si alguna vez llego a ser Gobernador, tendrán ustedes ese apoyo de mi parte”, lo cual cumplió cabalmente.

El Museo de La Quemada fue la primera obra de infraestructura destinada a un espacio donde el visitante podría establecer un diálogo con la arqueología como proceso de estudio. El objetivo de la conceptualización del museo fue presentar el estado del conocimiento hasta entonces logrado de toda una región y preparar al visitante para un recorrido largo por una zona que presentaba muchas interrogantes y algunas respuestas.

Pocos años después, con la creación del Museo de Alta Vista, Chalchihuites, el Gobierno del Estado reiteró la importancia de una zona arqueológica única que frecuentemente no recibía el apoyo federal necesario para su delicada conservación. En las dos siguientes décadas los esfuerzos de la Federación y el Gobierno del Estado siguieron con la adquisición de los terrenos, las exploraciones arqueológicas e intervenciones de conservación en las zonas de Cerro de las Ventanas, Juchipila, y el Cerro del Teúl, Teúl de González Ortega, con lo cual al día de hoy cada zona arqueológica puede hablar por sí misma.

El guion original del Museo de La Quemada, que en su inicio tuvo que llenar un vacío regional importante, pudo entonces iniciar una nueva etapa y concentrar su discurso al visitante en la arqueología del valle de Malpaso, de la cual sabemos mucho más ahora que hace cuatro décadas.

 

 

 

 

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