Afiliaciones

Afiliaciones

Para sacar adelante al Sindicato de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) lo que sobra son sus Estatutos. ¿Por qué? Aplicarlos en las condiciones presentes llevaría a situaciones poco convenientes. No imposibles, no es que no sean aplicables, sino que su uso arroja configuraciones contrarias a los intereses de no se sabe quién. Una hipótesis a este respecto consiste en aseverar que la aplicación de los reglamentos sindicales es contraria a los grupos que promovieron la actual dirigencia sindical. Pero esto es especulación: el hecho incontestable es que no se quieren aplicar las normas. Veamos qué pasa si se siguen a rajatabla los Estatutos en lo referente al proceso de afiliación. Los artículos pertinentes son el 4, 5, 6, 7 y 26-l, en los que se establece quienes son los socios fundadores, los requisitos de ingreso, ante qué autoridad se hace la solicitud, la autoridad que resuelve y el periodo de permanencia. A grandes rasgos: son fundadores quienes hayan estado en la Asamblea constitutiva y hecho suyas sus resoluciones. Estos conforman la primera Asamblea General del SPAUAZ y de entre ellos se elige el primer Comité Ejecutivo. Ante este se harán las peticiones de ingreso, que deberán ir avaladas por dos miembros del sindicato y ser aprobadas por la Asamblea General. Se sigue del artículo 7-b que la jubilación entraña la separación del sindicato, por lo que se requiere volver a solicitar el ingreso para continuar con la membresía. No se hacen excepciones explicitas, no se establece que los socios fundadores son miembros vitalicios del SPAUAZ. Todo aquel que se jubile deja de ser miembro. Debido a los complejos acontecimientos acaecidos durante los últimos quince años del siglo XX en la UAZ, el proceso de afiliación se detuvo. Esto condujo a la reducción casi a cero de la membresía legal del SPAUAZ, por lo que, en extremo rigor, muchos de quienes han sido elegidos al comité ejecutivo ni siquiera eran elegibles porque no eran miembros. Reiteramos la tesis de un artículo anterior: el SPAUAZ está vacío, o casi. Son unos pocos miembros restantes los que constituyen la Asamblea General y quienes pueden, en estricto apego a los Estatutos, aceptar las solicitudes de quienes pretendan ser miembros. Esto luce descabellado, pero es la consecuencia de un acuerdo tácito, instrumentado en fecha indeterminada, de no seguir la normatividad y permitir que la patronal afilie indiscriminadamente. Por supuesto, algo que no se suele mencionar es que ese estilo de ingresar miembros al sindicato engrosa los dineros de la mutualista, hoy Fundación, porque entre más miembros más cuota y más iguala. Y debido a que, de nuevo sin seguir la normatividad, se le presta a la universidad para complementar su presupuesto, resulta muy beneficioso contar con buenas sumas de dinero en las cuentas sindicales. Si la membresía flaquea se disminuyen los fondos y quienes de estos se benefician resultan afectados. Volvamos a la cuestión de la membresía. En las condiciones presentes no tiene manera el sindicato de demostrar que cuenta con 2000 o 1000 miembros, muy pocos cuentan con documentación probatoria. ¿Qué los hace miembros? La determinación de la rectoría de descontarles, sin previo aviso, una cuota para entregarla a una institución a la que nunca solicitaron entrar. Eso, y la conformidad de las autoridades sindicales. Sin ánimo de escándalo se puede afirmar que la estructuración organizativa del sindicato reposa en lo que se denomina “acuerdos adaptativos” (Véase “La estructuración de las organizaciones” Henry Mintzberg, Ariel (2002) Barcelona). Tales acuerdos se utilizan en organizaciones de muy pocas personas, o en aquellas muy complejas que cuentan con una dirección centralizada. No son acuerdos formales, son consensos entre unos pocos que determinan el destino de toda la “empresa” al margen de las normas establecidas para formalizar las relaciones entre los diferentes sectores de la organización. En el SPAUAZ esos acuerdos se procesan entre los grupos dirigentes que detentan la rectoría y la secretaria general del sindicato. Forman lo que Mintzberg denomina “ápice estratégico”. Todo el resto, las carteras del SPAUAZ, las delegaciones, constituyen la “línea media” que se conecta a las bases y las instruye acerca de cómo se deben comportar. Respecto de la afiliación y el proceso de reforma a los estatutos ya están tomadas las decisiones. Se afiliará a todos los ya “afiliados”, con la posible excepción de los funcionarios. Todos deben entrar para que no mermen ni la cuota ni la iguala. Por su parte, la reforma estatutaria introducirá lo que solicita la reforma laboral, lo demás, el contenido de los estatutos que depende de la propia inteligencia de los sindicalizados, es lo de menos. Se podrán discutir en mesas todas las posibilidades, se harán arengas incendiarias, discursos apasionados, se aceparán utopías. No importa porque no se llevarán a cabo: el ápice estratégico continuará ejerciendo sus acuerdos sin tomar en cuenta a las bases. ¿Es esto un error? A la vista de los acontecimientos no: el SPAUAZ suplirá el dinero que antes se tomaba de los impuestos y cuotas de seguridad social. Afiliarse es contribuir al pago del propio salario cuando escasea el presupuesto. Por otro lado, no hacerlo implicará gozar de todas las prestaciones sin contribuir la cuota ni perder prestaciones.

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