El Dr. Atl y Julio Ruelas

El Dr. Atl y Julio Ruelas
Nahui Olin, retrato realizado por Dr. Atl en 1922. El pintor falleció el 15 de agosto de 1964. Así lo recordamos en La Gualdra.

Editorial Gualdreño 443

 

Gerardo Murillo nació en Guadalajara, Jalisco, un 3 de octubre de 1875, apenas 5 años después del pintor zacatecano Julio Ruelas, con quien coincidiría años después en la Ciudad de México, a partir de su inscripción como alumno en la Academia de San Carlos, el centro de formación en artes plásticas más importante de la época y en donde Ruelas era ya profesor. El apelativo de “Dr. Atl” le fue asignado en uno de sus viajes a París, por Leopoldo Antonio Lugones, uno de los poetas argentinos representativos del modernismo hispanoamericano. “Atl” por su referencia al agua, “Dr.” por haber estudiado en Roma filosofía (en su primer viaje a Europa financiado por el gobierno porfirista). El Dr. Atl fue un hombre muy estudioso, que logró incursionar en los círculos más importantes de la intelectualidad parisina; además de su interés por las artes plásticas, su vida en Europa estuvo marcada por su interés en los campos de la poesía, la filosofía, la política y el medio ambiente. En la capital francesa, en el año de 1900, participó en la exposición anual del Salón París y ganó una medalla de plata; con esa presea y el reconocimiento de sus colegas, regresó a México para incorporarse a la Academia de San Carlos como parte de su equipo, pero como restaurador; a la par, tomaba clases ahí mismo. Su carrera profesional en la Academia fue ascendente, entre 1914-1915 llegó a estar al frente de esta.

La personalidad controvertida de este artista, sus posturas políticas a favor del arte popular y su carácter -al que han calificado como egocéntrico en exceso- propiciaron que fuera conocido como “el agitador”; interpelaba, discutía, criticaba y se inconformaba con las formas de enseñanza de la escuela, de ahí la explicación de sus posteriores críticas a Ruelas. Independientemente de eso, hay que reconocer que Murillo era sobre todo un artista disciplinado, comprometido con la investigación de nuevas técnicas y materiales para su aplicación en las artes plásticas, y que su dedicación al estudio de los volcanes y al registro de cada una de las etapas de estos, lo distinguieron en una época de grandes exponentes de la plástica nacional. Podemos identificar en su obra una influencia marcada de las corrientes expresionistas y pos-expresionistas, en las que se privilegiaba el uso del color y del trazo para generar más que representaciones fieles de la naturaleza, sensaciones y emociones generadas por esta. El Dr. Atl, en este sentido, contribuyó con su trabajo a abordar el paisaje de una manera que no tenía parangón en la escena de las artes de nuestro país.

Julio Ruelas viajó a París en 1904, mientras el Dr. Atl -quien también estuvo pensionado anteriormente en Europa por el gobierno porfirista- permanecía en México, desde donde criticaba ferozmente a los artistas mexicanos que radicaban en Europa “a costa del erario público”. Uno de esos comentarios críticos realizados por el pintor-vulcanólogo llegó a oídos de Ruelas en 1906, quien en esos momentos se encontraba trabajando en el taller del grabador francés J. M. Cazin. Cuentan sus amigos de la época, que Ruelas entró en crisis con los comentarios mordaces del Dr. Atl -a quien llegó incluso a considerar su amigo- y que producto de ese malestar generado se dedicó a crear una de sus obras más emblemáticas. Se trata del aguafuerte en el que aparece su autorretrato; en la parte superior de la cabeza se posa una figura antropozoomórfica cuyo gran pico le molesta constantemente, picoteándole; surge de ahí La Crítica, un grabado que podemos apreciar en el Museo Francisco Goitia.

Hoy hablamos de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, porque el pasado 15 de agosto se cumplieron 56 años de su fallecimiento; murió en la Ciudad de México por complicaciones respiratorias -igual que Ruelas- derivadas de la edad y de su constante exposición a las fumarolas de los volcanes que estudió con vehemencia. En contraportada de esta edición, aparece el autorretrato de Carmen Mondragón -a quien él nombrara Nahui Olin-, otro de sus grandes amores y de cuya historia hablaremos en otra ocasión. Que sea esta una manera de invitarlo, estimado lector, a conocer más de la obra de este artista mexicano talentoso, culto, controvertido y genial.

Que disfrute su lectura.

 

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