La oportunidad, lo oportuno, los oportunistas

La oportunidad, lo oportuno, los oportunistas

El énfasis nunca antes visto en el mensaje de Hugo López Gatell en la conferencia de prensa del sábado pasado sobre la situación de México en la pandemia, tuvo efecto.

“Última oportunidad” fue la expresión que utilizó acompañada de repetir tres veces “quédate en casa”, haciendo sentir con tal contundencia el mensaje, que más de uno percibió el sentido de urgencia y responsabilidad de un llamado que tiene cuando menos una semana.

Al principio de la Jornada Nacional de Sana Distancia, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum agradecía y felicitaba a los ciudadanos por haber seguido la instrucción de permanecer en casa, y explicaba que se había reducido 61% la movilidad urbana. (Disponible en https://megalopolismx.com/noticia/64178/agradece-claudia-sheinbaum-respuesta-a-las-campanas-emquedate-en-casaem-y-emsana-distanciaem )

Apenas unos días después, López Gatell advirtió que la gente no había seguido la instrucción con la rigurosidad necesaria, y que había reducción sólo de 30 por ciento.

Esta indisciplina no es novedad en nuestro país. Despierta bromas la frecuencia con la que iniciamos la semana en dieta y la terminamos en comida chatarra; o como los gimnasios se saturan en enero, y vuelven a la normalidad en marzo.

Otro ejemplo: hemos creado resistencia a los antibióticos por tomarlos cuando no hacen falta, y por dejarlos de tomar antes de lo prescrito por el médico con el argumento de que “al cabo ya me siento bien”.

No es un asunto de mera negligencia. Cada día de aislamiento tiene un costo social e individual muchas veces menospreciado.

La Jornada Nacional de Sana Distancia inició el lunes 23, pero para el 26 de marzo los comerciantes del Centro Histórico ya sentían en los bolsillos la baja en las ventas.

En menos de una semana 55 restaurantes ya cerraron sus puertas en Zacatecas y Guadalupe, y ni los llamados a comprar local, ni los servicios para llevar o a domicilio pudieron evitarlo.
Y ya ni hablar de los problemas sociales y de salud emocional derivada del aislamiento, como la ansiedad, la violencia intrafamiliar, la depresión, etcétera.

Los estragos son notables, y apenas va un cuarto del periodo de aislamiento anunciado hasta ahora. Si se hubiera hecho caso a quien “sudó calenturas ajenas” y pidió estas medidas con dos semanas de anticipación a lo hecho, probablemente el resultado sería aún peor porque la gente ya habría perdido la paciencia, justo cuando apenas empieza a sentirse la marea.

Ahora es cuando toma relevancia y comienza a comprenderse la importancia de ser oportuno en cada medida que se está tomando en función de la fase epidemiológica en la que se esté.

Inicialmente, cuando los casos eran en su totalidad importados y se limitaba a decenas, se nos pidió lavarnos continuamente las manos, dejar de saludar de mano con besos y abrazos, y reforzar la higiene, pero fuera de ello se hacía el resto de la vida con relativa normalidad.

Comenzada la fase 2, el momento epidemiológico en el que estamos, se exige medidas más radicales como quedarse en casa, con las excepciones conocidas.

Muy probablemente vendrá una fase 3 que podría exigir aún más severidad, tal como vemos en otros países, donde el aislamiento fue inicialmente voluntario, y en algunos se ha implementado la vigilancia policiaca y militar para que se cumpla.

Hasta ahora, reiteradamente la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de Salud han respaldado la forma en la que se ha actuado frente a la pandemia. Se ha dicho que México ha sabido aprovechar la oportunidad de prepararse debido al desfase temporal que tiene con otros países con respecto al virus.

Pese a ello, la muy lamentable politización del tema, y la competencia de egos en varios niveles, han provocado que se diga que el llamado llega tarde.

Asusta tanta hipocresía, porque aquellos que madrugaban esperando que amaneciera más temprano, empiezan a flexibilizar en carne propia lo que tanto predicaban.

La evaluación y la política vendrán al final, y entonces quedará exhibido –si lo hay- el oportunismo.

Ahora es tiempo de aprovechar la oportunidad de mitigar en la medida de lo posible el contagio masivo que podría verse en las próximas semanas.

Quedémonos en casa y esperemos que la disciplina social no se haya gastado en infiernitos.

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