Jumbo, una cinta de amor fuera de lo común; sexo y matrimonio con un juego mecánico

Jumbo, una cinta de amor fuera de lo común; sexo y matrimonio con un juego mecánico
La actriz Noémie Merlant foto: Carlos belmonte grey

■ “Él me hace sentir cosas, mamá!, como las que te gustaría que tuviera con los chicos”

 

El cine de la Berlinale se permite contar historias o modos de contarlas que se salen de lo normal. “Hace 10 años hubiera sido imposible contar esta historia”, comentó la directora de Jumbo, Zoé Wittock.

Seleccionada en la categoría Generation Kplus y actuada por Noémie Merlant y Emmanuelle Bercot, Jumbo es la historia de una mujer que ama y se casa con un juego de atracciones mecánico de una feria. Es una historia que evita el análisis psicológico y las calificaciones de enferma. Los diagnósticos después son cuestión del espectador.

Jumbo está basada en la historia real de Erika LaBrie (Erika La Tour Eiffel por su nombre de casada) quien se casó con la Torre Eiffel en el 2008 y luego fue fundadora de la Asociación de Ayuda a las Personas Enamoradas de Objetos.

Le preguntamos a Wittock entonces por qué no recrear la historia de amor con el famoso monumento parisino:

“Es verdad que hubiera sido más fácil. Pero no comparto el amor de Erika por la torre Eiffel, a pesar del lado muy fálico que tiene, es un objeto muy estático y muy público. Mientras que con Jumbo se podía tener una verdad intimidad en las noches. Y un juego mecánico nos da sensaciones. Era más fácil con la audiencia de hacer un paralelo a través de las emociones con un juego que se mueve”.

La directora de nacionalidad belga evitó además tratar el tema desde la psicología y de los juicios y crear simplemente una historia que involucrara el amor y el deseo corpóreo de la chica. Por eso era evidente que la película estuviera construida desde el contacto constante: “Cuando la vi –a Erika- me esperaba ver a alguien raro y particular. Y era alguien súper normal, banal y con los pies en la tierra. Entonces me encontré frente a mis clichés”.

La movilidad, el sexo carne y metal
Wittock buscó todo el tiempo el contacto y la movilidad, y acentuar la relación con la carne humana y el metal, “quería hacer sentir las materias”.

Se trataba de respetar la movilidad de los cuerpos y la constante necesidad de sensaciones, la escena sexual tenía que remitirse al elemento primario del sexo: los fluidos y los líquidos: “Hay más movimiento con los líquidos es lo más carnal que hay, incluso con este metal. En las relaciones sexuales siempre hay líquidos y fluidos. La grasa que activa las maquinas es el atributo más carnal del contacto”, sonrió la directora.

Así, hacer el amor con Jumbo era adentrarse en sus líquidos, al aceite.
Para la actriz Noémie Merlant el supuesto paralelismo que podría haber entre la maquina Jumbo y la bestia de la película La Forma del Agua (Guillermo del Toro, 2018) aunque pareciera evidente tiene diferencias sustanciales. Primero, la escena sexual la hizo antes de ver la película del mexicano, luego, si bien ambos personajes son muy introvertidos la fuente de amor es muy diferente: “Jumbo es una máquina mientras que en la Forma del Agua la criatura se parece mucho a un ser humano… es más cercano a lo que conocemos de un cuerpo, y podemos saber dónde tocar… y no fue tan fácil. Por eso las escenas con Jumbo fueron difíciles, porque fue largo de encontrar la conexión, como cuando lo haces con otro compañero”.

La cinta pues tiene una gran carga de corporeidad y tacto. De cómo hacer entender a la otra persona las emociones que se sienten por el objeto y por eso invitar a la madre –en el caso de la película- a hacer una vuelta sobre Jumbo.

La apertura de este tema se da en un contexto donde el amor quiere buscar libertad. Es decir, en donde el deseo, el amor y el sexo todo debe de ser normal y no más psicologizado de enfermedad y anormalidad. En las proyecciones con los jóvenes la directora ha resentido esa ruptura generacional, unos, los más jóvenes lo ven con naturalidad mientras que la nuestra se pone preguntas de la anormalidad.

La pregunta es, ahora, en cómo reaccionar si nuestros hijos se enamoran y decidieran casarse con la rueda de la fortuna. Tanto Wittock como Merlant reconocieron que sería duro y no brincarían de alegría pero que tendrían normalizarlo y afrontarlo.

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