Joel Flores, el zacatecano que narra con un pie en la periferia y otro en el centro

Joel Flores, el zacatecano que narra con un pie en la periferia y otro en el centro
Joel Flores participó en la Feria del Libro con la mesa Narrar la periferia y la visita a escuelas de zonas alejadas de Jalisco ■ FOTO: ALEJANDRO ORTEGA NERI

■ Fue considerado por la FIL de Guadalajara como uno de los mejores 20 autores jóvenes

■ Afirma escritor que el proyecto que lo tiene enganchado es la Trilogía del semidesierto

 

GUADALAJARA, JAL. La FIL de Guadalajara ha servido también como un buscador de talentos y del seguimiento de los mismos mediante diversas actividades en las que los escritores emergentes conviven con los miembros de su generación pero también con estudiantes. Joel Flores (Zacatecas, 1984) es uno de ellos, que además fue considerado por la FIL como uno de los mejores 20 escritores jóvenes y que este año ha sido invitado nuevamente para participar en varias actividades, como la mesa Narrar la periferia y la visita a escuelas de zonas alejadas de Jalisco.

-¿Qué es narrar la periferia y cómo se narra la periferia?

La intención más que todo es crear una narrativa que no nace del centro pero que está consciente de que existe un centro y también es una narrativa que está muy al pendiente de la zona fronteriza. Conmigo tiene que ver con Tijuana como un territorio de multiculturalidad, un territorio done convergen Estados Unidos y México, pero es una periferia consciente de que tienes que estar con un pie en el centro para que tus libros puedan al menos publicarse allá, porque al menos en Tijuana o San Diego no es que estén buscando por publicar gente y tampoco están interesados en armar un proyecto serio de literatura.

También creo que es una periferia consciente de hacer una literatura testigo del sitio, preocupada por lo que está pasando ahí o al menos mencionar lo que sucede. Pero hay algo que creo que se debe de precisar, si se narra desde allá pero sí hay otro pie donde uno nació, Zacatecas. A mí sí me interesa mucho al menos, antes de cumplir los 40 años, responder con un proyecto que es una trilogía de lo que está pasando en Zacatecas desde los ochenta hasta ahorita o al menos lo que yo pasé cuando estaba viviendo ahí, la ciudad conservadora, la ciudad cerrada, la ciudad con pocas oportunidades que se vio azotada por el crimen organizado y el caso de las mineras o las empresas trasnacionales que están al servicio y viceversa del crimen organizado.

-Narras sobre Zacatecas pero me imagino que a la distancia se observa distinta, ¿cómo la ves desde Tijuana?

Sí estoy muy alejado y se ve distinto. Zacatecas es una ciudad que amo porque ahí está mi familia y están mis amigos, pero sí es una ciudad que no cambia, pasan los años y sigue siendo la misma y sigue teniendo los mismos defectos y virtudes. A veces yo pienso que está anclada en el tiempo, puedes irte, cumplirás 40 años y regresas y todo sigue igual.

A mí me da mucha risa que a pesar de que tiene buenos escritores y de gente que se ha salido de ahí, ni siquiera la misma gente está al pendiente de los que se fueron. Y me da más risa que un poblano tenga que hacerles la feria del libro o alguien de fuera tiene que hacerles la selección de compas, cuando los mismos zacatecanos tiene mejor artillería. Es muy paradójico, siempre están buscando que alguien los aleccione, pero es una cuestión de percepciones. Yo digo que lo hacen por algo, tienen intereses no literarios pero siguen trabajando en ese sentido. Pero tiene muy buenos escritores, yo admiro mucho a Gonzalo Lizardo pero también hay otra escritora que está haciendo cosas interesantes como Maritza Buendía.

Pero me pesa mucho que hubo gente que pudo hacer muchas cosas todavía más, pero la misma ciudad los frenó, pero están publicando sus textos, al menos ahí están haciendo un trabajo que debemos de atender, pero así es esa ciudad.

-En tus libros has tratado la figura del padre y la madre. ¿Qué otros temas te interesan o sobre qué estás escribiendo?

“Los maridos de mi madre” fue un libro que hice para desintoxicarme, porque después de “Nunca más su nombre” me abrí las entrañas y tenía una espina muy clavada y sí me la quité. Me interesaba mucho hablar de la familia y lo problemas, pero también del crecimiento abrupto que tienen los jóvenes en lugares como Zacatecas.

Pero el proyecto que me tiene enganchado ahorita es la Trilogía del semidesierto, es decir, “Rojo semidesierto” está enganchado con “Nunca más su nombre” y la novela que estoy trabajando está relacionada con esos dos libros y cierra el círculo con el tema de cómo ciertos territorios del altiplano en Zacatecas se han visto despoblados por las compañías mineras, pero también narra una vida paralela que es la búsqueda del mejor amigo que está en “Nunca más su nombre”.

Tego un libro de crónicas que no creo soltar y está enfocado en la migración haitiana desde puerto príncipe hasta Tijuana, donde están asentados y reconstruyendo la ciudad y nos están enseñando a hablar francés, que es algo multicultural difícil de ver en otras ciudades. Es un libro de crónica porque me interesó mucho esta frontera salvaje que está entre Colombia y Panamá que muchas veces no es visible y es lo triple de peligrosa.

-Has realizado un trabajo de compilación de los escritores de tu generación. Los escritores nacidos en los 70 dicen que ustedes, los ochenteros, tuvieron más facilidad para publicar. ¿A quiénes hay que leer de tu generación?

Sí hay más oportunidades, sí, pero que es una generación que todavía se muerde el rebozo, que no es arrojada en el sentido de que no se tiene confianza en sí misma y busca mucho la aprobación de la generación del 70 y lo busca en la camaradería, en lo político y las relaciones. Desde ahí no se han destetado y me parece un poco peligroso.

Yo me iría a aprender mejor de los del 70, o de los del 50, creo que no hemos atendido a los del Medio Siglo, estamos muy al pendiente de que está haciendo Antonio Ortuño, Tryno Maldonado, Yuri Herrera, que están haciendo grandes cosas pero a fin de cuentas estamos repitiendo esos patrones de cómo nos relaciones, como tuiteamos para tener likes, eso me parece muy peligroso.

Los nacidos en los 80 sí es una generación conformada que está haciendo cosas muy interesantes en el modo literario; que está sacudiendo la violencia trivializada, la está reflexionando más y se está yendo un poco a lo nostálgico, y que es una generación que sabe que puede cambiar muchas cosas desde el ámbito femenino, porque se le están abriendo más las puertas a las mujeres. En esta generación, creo yo, es en la que más mujeres han publicado, el gran caso fue el de Aura Xilonen, o como Laura Baeza, Ana Emilia Felter que hace periodismo desde Houston, Fernanda Melchor con la novela súper interesante “Temporada de huracanes” aunque me gusta más “Aquí no es Miami”, pero Fernanda es un gran parámetro de esta generación y está Jorge Comensal con su novela “Las Mutaciones”.

Joel Flores, quien actualmente vive en Tijuana, es autor de la Trilogía del semidesierto, integrada por el libro de relatos “Rojo semidesierto” ganador del Premio Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz en 2012, la novela “Nunca más su nombre” con la que obtuvo el Premio Juan Rulfo convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes en 2014, hasta el momento. Además del libro de relatos “Los maridos de mi madre”, editado en 2018 por el sello independiente Paraíso Perdido, y coordinador de la antología de escritores nacidos entre 1983 y 1993 titulada “Sin mayoría de edad” editada por la UNAM.

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