Homenaje luctuoso a Rafael Coronel Arroyo (1931-2019). La despedida en su tierra

Homenaje luctuoso a Rafael Coronel Arroyo (1931-2019). La despedida en su tierra
Rafael Coronel Arroyo (1931-2019). Foto de Alejandra Celis Almanza.

La Gualdra 384 / Rafael Coronel, In memoriam

 

 

Cuando hablamos de Rafael Coronel hay que mencionar que además de un prolífico artista, cuyo excelso talento lo caracterizaba, era un hombre de un pensamiento crítico encomiable; fue un hombre de ideologías claras, de espíritu libre, que prefirió vivir alejado de los ambientes mundanales recluido práctica y voluntariamente en su casa de Cuernavaca, pero que nunca perdió contacto con Zacatecas.

La prueba de ello está en la generosidad que tuvo para aceptar que su colección de máscaras, de objetos antiguos y de obra artística de su autoría permaneciera en el museo que desde el 5 de julio de 1990 lleva su nombre, ubicado en el ex convento de San Francisco.

Su aportación patrimonial es importante, pero debemos señalar además la aportación simbólica que hizo a la construcción de nuestra identidad como zacatecanos. Su obra, sobre todo lo más reciente, es ampliamente conocida y reconocida por los habitantes de esta tierra y no dudo en afirmar que nos llenamos de orgullo cuando vemos en cualquier parte alguna de sus obras y decimos: es un Rafael Coronel, y es zacatecano.

 

Pasadas las 2 de la tarde del día 7 de mayo, recibimos la noticia de que Rafael Coronel Arroyo, había fallecido en la Ciudad de México, en el hospital ABC; su hijo Juan Rafael lo comunicó en su muro de Facebook y desde ese momento, la consternación nos invadió; más tarde, él mismo anunciaría que el cuerpo de su padre sería velado en una agencia funeraria de Jardines del Pedregal en la Ciudad de México antes de ser cremado. Al día siguiente, el miércoles 8, en el Palacio de Bellas Artes se llevó a cabo una ceremonia en la que se le rindió el primer homenaje luctuoso al que asistirían familia y amigos cercanos de Rafael Coronel, así como funcionarios de gobierno federal y estatal, entre ellos, Alejandra Frausto -Secretaria de Cultura-, Alejandro Tello Cristerna -Gobernador Constitucional del Estado de Zacatecas- y Alfonso Vázquez Sosa -Director del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde-.

Después de las 7 de la noche, el gobernador dio a conocer que, al día siguiente, el jueves 9, se le rendiría homenaje en su tierra al artista zacatecano; el cortejo fúnebre partió de la Calle Allende, justo de la casa donde nació Rafael un 24 de octubre de 1931, y la Banda Sinfónica del Estado lo acompañó en el recorrido hasta su museo, igual que como lo hiciera cuando en mayo de 1986 llegaron a Zacatecas los restos mortales de su hermano Pedro para ser sepultados aquí.

La decisión de traer las cenizas de Rafael fue tomada por su hijo -quién mejor que él para saber los deseos de su padre- y recibida con beneplácito por los zacatecanos que vemos en el maestro recién fallecido un pilar importantísimo en la historia del arte de Zacatecas, quien además ha contribuido con su trabajo, desde que inició su carrera como artista plástico, a la construcción de la identidad del zacatecano, y a la consolidación de una tradición innegable: Zacatecas es tierra de artistas, de artistas migrantes y lobo-esteparios.

La imagen de Rafael Coronel trabajando solo en su estudio, en la intimidad de su propio espacio, sin socializar más allá de lo que dictaba su prudencia, sin aparecer constantemente bajo los reflectores que destacaran el éxito que ganó a pulso, me hace recordar también a Francisco Goitia. Si bien este último vivió sus últimos años en una pobreza incomprensible y Rafael Coronel no padeció en lo absoluto ese tipo de penurias, a ambos los une además del talento y su origen zacatecano, una pasión por la conservación y preservación del patrimonio artístico y cultural.

Inés Amor, la directora de la primera galería de arte en México, la Galería de Arte Mexicano, narra en sus memorias cómo era Francisco Goitia a quien se refería como “el más pobrecito” de los pintores que conoció cuando iniciaba sus actividades como galerista.[1] Amor dice que al finalizar la década de los 30, Goitia vivía en la pobreza más por loco que por una exigencia de la venerable orden terciaria de los franciscanos, a la cual pertenecía; fue en esa década cuando fue nombrado Inspector de Monumentos en el Municipio de Xochimilco. Sí, Goitia tenía visos de locura, pero por exceso de lucidez; el artista fresnillense sabía desde muy temprano que su obra sería patrimonio nacional, tan claro lo tenía que la mayor parte de sus acciones estuvieron encaminadas a que así fuera, dándole prioridad a que ésta fuera adquirida por instituciones religiosas o gubernamentales para asegurar la conservación de su obra; gracias a esta decisión -que implicó que viviera en esas condiciones- tenemos la fortuna ahora de ver reunida en su museo -y en el MUNAL- una parte importante de su producción artística.

Rafael Coronel, por su parte, fue -como su hermano- un gran coleccionista, gracias a esa afición logró reunir una cantidad de miles de piezas de objetos antiguos y máscaras mexicanas. El 5 de julio de 1990, tras decidir que su colección de arte mexicano se exhibiera en el ex convento de San Francisco -cuyas adecuaciones para que así fuera iniciaron en 1987 bajo la coordinación de don Federico Sescosse, otro zacatecano apasionado de la conservación del patrimonio cultural-, se inauguró el museo que lleva su nombre. Actualmente es el recinto cultural de este tipo más visitado en el centro histórico de la ciudad.

La visión de Rafael Coronel le ayudó a asegurar también, que esta colección considerada como la más grande de máscaras en América Latina sea exhibida, resguardada y conservada como parte de nuestro patrimonio nacional. Además de su generosidad, hay que decir que su discreción también fue algo que lo caracterizó: nunca hizo públicas sus labores de beneficencia y de acuerdo con quienes lo conocieron, éstas fueron muchas y significativas; quienes recibieron su apoyo darán testimonio cuando lo consideren pertinente, porque lo que es un hecho es que los datos históricos de este tipo salen a la luz cuando menos esperamos. Como su testamento, que se dará a conocer más temprano que tarde y dará cuenta de esta generosidad de la que hablamos. Al tiempo.

A propósito de historia, algo que muy pocas personas conocen de Rafael Coronel es su labor como periodista cultural; a principios de la década de los 50 del siglo pasado, cuando era alumno del Instituto de Ciencias, publicó una serie de artículos en los que realizó una descripción de la ciudad y del ambiente que se vivía en aquel entonces; animado quizá por el interés que tenía en el arte, fue autor de una columna periodística que definía en su primera participación como un espacio en el que hablaría de “una rama de la cultura, el de las artes plásticas, y principalmente de la pintura y la escultura”.

Rafael Coronel tenía 18 años y se consideraba un “aficionado” a las artes plásticas, vivía todavía en Zacatecas y suponía que su columna tendría un público reducido dado que “[…] en nuestra preciada provincia, existimos muy contados aficionados a las artes plásticas, y unos de estos tantos la mayoría son completamente desconocidos en nuestro medio”. Continuando con la descripción que Coronel hace en ese primer artículo, nos damos una idea más clara de las condiciones en las que los artistas “aficionados”, así llamados por el pintor, trabajaban: “Conocemos algunos aficionados, y digo conocemos, no porque hayan expuesto sus obras sino por rumores y pláticas: así es como se conocen nuestros artistas en nuestra provincia desgraciadamente”.[2]

Escribir en la prensa zacatecana le permitía a Coronel expresar sus inquietudes, pero también definir el rumbo que habría de tomar su vida; escribir sobre el tema era una forma de reafirmar sus convicciones mientras trataba de encontrar eco en un grupo reducido de personas interesadas en las manifestaciones artísticas. El pintor hablaba también de la pintura contemporánea como un movimiento que había surgido a principios del siglo XX y hacía alusión a que en un lapso muy corto había alcanzado una “perfección convincente” a la que se refería así en su artículo “Arte. Pintura contemporánea”:

 

En este movimiento ha evolucionado sobre todo la forma, la expresión y ha tenido como consecuencia que muy pocos gustamos de ella. Las formas que se ensayan en ciertas obras, los colores, las expresiones, nos llevan a reconocer un punto de vista de sumo interés. Un cuadro en nuestros tiempos no es otra cosa, sino el pintor mismo, quizá no tanto, pero sí reconocemos que son sus sentimientos, su vida espiritual, sus pasiones, las que quedan plasmadas en la obra. La pintura contemporánea no busca las bellas formas, busca las expresiones, los colores, etc.

Fueron contados los artículos que pudo publicar en este medio, porque al año siguiente partiría a la Ciudad de México y allá se dedicó finalmente a la creación artística, actividad que realizó hasta los últimos días de su vida en la ciudad de Cuernavaca, Morelos; pero ahí queda la evidencia de su participación como periodista cultural.

Finalmente, el 9 de mayo sus restos mortales llegaron a la ciudad de Zacatecas y en la capilla del ex templo de San Francisco se realizó el homenaje luctuoso. La carroza fue acompañada durante todo el trayecto por la Banda Sinfónica de Zacatecas y en las calles, niños y jóvenes zacatecanos agitaban pañuelos blancos a su paso. En la capilla del que ahora es su museo, lo esperaban ya varias personas, entre ellas muchos artistas que decidieron acompañar a Rafael Coronel a su llegada al recinto en el que sus cenizas serán resguardadas; también lo esperaban varios admiradores de su obra y los trabajadores -custodios y administrativos- de su museo, impecablemente vestidos y visiblemente conmovidos para hacer, al final y sin anuncio previo, un recorrido para manifestar su respeto al maestro.

También estaban el Obispo y políticos, muchos políticos a quienes no solemos ver en actividades culturales. La presencia de estos últimos me hace recordar ahora el sepelio de Alejandro Nava, quien dispuso que no hubiera en su despedida ninguno de ellos; y el de Francisco Goitia, al que llegaron también los políticos que le habían negado su ayuda cuando más lo necesitaba, y a quienes su amigo José Farías Galindo -quien lo acompañó hasta el último día de su vida- se refirió como personajes que “le postergaron en el ‘silencio’ tanto en su obra como en su muerte”. Pero así es el protocolo y fue finalmente un acto solemne y emotivo el de la despedida en su tierra; nos quedamos con las manifestaciones de cariño y de agradecimiento que realizaron sus colegas, sus amigos, al final del homenaje en Zacatecas, de quienes destaca la profunda admiración que le tuvieron en vida a Rafael Coronel.[3] Que en paz descanse.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_384

 

 

 

 

 

 

[1] En: De los muros de la iglesia al taller de artes plásticas. Hacia un nuevo orden cultural en Zacatecas en los siglos XIX y XX, Tesis que para obtener el grado de Doctora en Historia presentó Laura Janea Estrada Lazarín, diciembre de 2018. [Inédita].

[2] Idem.

[3] Ver: Videocolumna – Despedida a Rafael Coronel Arroyo (1931-2019) en Zacatecas, en: https://youtu.be/TTKa2GokQ8w

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