El amor y los derechos: la justicia a la poesía de los cuerpos

El amor y los derechos: la justicia a la poesía de los cuerpos

Festejar el amor y la libertad civil es algo interesante y al mismo tiempo lleno de crítica. El día de festejo del amor está lleno de infantilismos, pero también de sentidos profundos. Eso de ‘amor’ es muy amplio, se refiere a cosas muy diversas: describe la atracción que una persona siente por otra y la llena de deseo, también a la imaginación con la que se perfuma esa atracción; refiere también a la amistad, esto es, a la sincronía en las almas de dos amigos; al mismo tiempo amor es la resonancia de los otros en uno mismo, lo cual despierta sentimientos de responsabilidad y solidaridad con ellos. Los griegos a las primeras descripciones les llamaron “eros”; a la segunda le nombraron ‘filia’ y al último, usaron un término que fue central en el cristianismo, el ‘ágape’. Y a todo eso nosotros le llamamos “amor”. Pero esas manifestaciones se pueden englobar en un solo término porque hay algo en común en ellas, a saber, el hecho de que cada persona alcanza su identidad en actos de resonancia con los otros. Y esos actos que completan o revelan lo que somos, genera gozo. El gozo de la realidad humana que hace de muchos individuos un solo cuerpo no-carnal. En otras palabras: el humano tiene como realidad propia un cuerpo no-carnal llamado amor. Y es cuando enciende la carta de Pablo que dice a los Corintos: “el amor no tiene envidia, no es jactancioso, no guarda rencor”.

Recordando una reflexión de Octavio Paz, que decía, “el erotismo es la poesía del cuerpo, y la poesía es el erotismo del lenguaje”. Indica que el erotismo es una llama de los cuerpos despertada por la imaginación. Y luego la comunidad de almas juntadas por la chispa del erotismo, en una necesidad exclusiva, que la conocemos como enamoramiento. Y el enamoramiento madurado en un proyecto de vida juntos es propiamente El Amor. Pero todo empieza por un acto que no es una elección, sino una pasión. La pasión ocurre como algo que cae encima y no se decide. Nadie decide racionalmente por quién enamorarse. Cuando un hombre se enamora de una mujer, o al revés, no lo decide a voluntad. Más bien la voluntad acepta libremente esa determinación de la pasión.
Y al mismo tiempo el amor asume formas históricas. El ‘amor romántico’ inventado por los cantares de gesta y la herejía cátara del siglo XI, daban forma social a la pasión; y el amor contemporáneo que permite matrimonios igualitarios construye otra forma social a esa misma pasión. Las formas sociales del amor son históricas. El amor romántico nace en el siglo once y doce y ahora está en crisis. Pero no se acaba el amor, sólo muda de forma social. A dos personas del mismo sexo que les permiten su matrimonio, se les reconoce socialmente la licitud de su amor. Y es igual de hermoso que cualquier otro. Y merece cantos como el que se inventó entre caballeros medievales y las damas que eran dueñas del alma de los primeros. El ámbito de la pasión y sus formas sociales dan lugar al diálogo del amor y los derechos: hacer que la poesía cobre vida en el derecho civil. Es hacerle justicia a la poesía de los cuerpos.

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