Juan Miranda, mejor conocido como El Pitufo, abrió el primer estudio de tatuajes en la entidad

Juan Miranda, mejor conocido como El Pitufo,  abrió el primer estudio de tatuajes en la entidad

Hace más de 20 años, Juan Miranda Gallegos enfrentó a una sociedad conservadora, y que estigmatizaba a las personas que portaban un tatuaje, abriendo el primer estudio de tatuajes en Zacatecas. Este artista de la piel, mejor conocido como El Pitufo, ha sido el tatuador de la banda y de aquellos que pertenecen a las llamadas “tribus urbanas”, quienes confían en su trabajo.
“He sido el tatuador de la banda, conozco a toda la bandita de Zacatecas, desde rockers hasta cholitos. Desempeño un buen trabajo en el arte del tatuaje, no me creo el artista del tatuaje, pero soy banda”, dice el tatuador.
Juan comenzó a la edad de 15 años, tenía la inquietud de saber qué era tatuarse y se había hecho un tatuaje muy pequeño. Sin embargo, le gustaba dibujar, y en primaria le gustaba hacer dibujos en sus cuadernos. De esta manera, practicaba el dibujo de diseños o imágenes que le agradaban.
Su primer tatuaje se lo hizo en Estados Unidos. Allá conoció a tatuadores profesionales y conoció la manera de operar de los estudios de tatuajes que había del otro lado de la frontera.
Al regresar a Zacatecas, se unió con Francisco Medina, mejor conocido como Paco Cholo (Qepd) y su hermano Rogelio Medina, quienes también habían incursionado en el mundo del tatuaje, en la ciudad de Los Ángeles, y con quienes puso el primer estudio de tatuajes en la entidad. El estudio se llamó Némesis, y se encontraba en la calle Genaro Codina.
La primera barrera la encontró en su familia, pues se consideraba que las únicas personas que tenían tatuajes eran aquellas que habían estado en la cárcel, que andaba en pandillas o que eran drogadictos.
Eso fue lo más difícil, pues Juan tenía las ganas de aprender y de formar una carrera profesional en el tatuaje, lo que le costó incluso que le dejarán de hablar por un tiempo. “Enfrentarme a la sociedad como un hombre tatuado, en aquellos tiempos fue difícil, porque era un tabú. Y luchar contra todos, un gran reto”, comenta.
El siguiente obstáculo fue obtener un permiso de parte de la Secretaría de Salud de Zacatecas, ya que personal de la dependencia tampoco estaba relacionado con la cuestión de los estudios de tatuajes.
Juan menciona que cuando solicitó su permiso, los mismos trabajadores no tenían conocimiento de cuáles eran las reglas de higiene que debía tener un negocio de un estudio de tatuajes, lo que dificultaba su trabajo.

Ahí se tuvo otro proceso, pues se tuvieron que analizar los permisos y establecer las reglas para que en la entidad, estos negocios pudieran operar con higiene y de manera legal.
Ese sueño logró abrir las puertas a muchos tatuadores y se puede decir que ahora el tatuaje ha dejado de ser un tabú en la sociedad. Incluso ahora, esto se ha convertido en una moda en todos los estratos sociales.
Lamentablemente, esto ha originado que personas sin experiencia hagan tatuajes, sin contar al menos con las reglas básicas de higiene, pues ya es más sencillo adquirir un equipo para tatuar y tintas.
Además, con esta facilidad, muchos han evitado instalar un estudio profesional que cuente con las reglas para operar, pues lo hacen de forma clandestina en sus hogares.
Es por eso que no existen muchos tatuadores empadronados en salubridad. Por lo que señaló que es importante que los tatuadores adquieran ese compromiso, sobre todo para dar un buen servicio al cliente.
A la fecha, y gracias a pioneros como él, Zacatecas es uno de los estados que se considera con un buen trabajo profesional de sus tatuadores. Del nivel de aquellos que trabajan en ciudades como Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara.
Cuenta que en su carrera, le ha tocado lidiar con diferentes tipos de clientes. Desde el joven que se desmaya, la mujer que grita demasiado, hasta aquel que aguanta pacientemente el dolor mientras la tinta entra en su piel. Pero cada experiencia, y el conocer a cada persona, le permiten trabajar su lienzo a su tiempo y aprender también de este oficio.
“El tatuaje es mi trabajo, mi vocación y me ha dado la oportunidad de conocer a muchas personas y hacer muchos amigos; el tatuaje ha salvado mi vida muchas veces, me ha ayudado a salir de Zacatecas, me ha dejado satisfacción tras satisfacción”, expresa.

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