Los señores López y la libertad de expresión

Los señores López y la libertad de expresión

El Día de la Libertad de Expresión en México celebrado el 7 de junio es el detonante de los debates habituales: que si hay algo que celebrar o no, si se violan los códigos éticos al recibir los electrodomésticos que gobierno reparte en tal fecha, o que si es indigno ir a desayunar a las conferencias de los partidos políticos, etc.

Más allá de estos temas, y de la preocupante situación que ha llevado a la muerte o a la desaparición a decenas de periodistas en los últimos años, hay elementos más sutiles que influyen en el desempeño de los medios de comunicación; entre ellos: las precarias condiciones laborales de la mayoría de los reporteros, muchos de los cuales trabajan sin prestaciones, o teniéndolas sólo de papel. Otros más tienen que realizar entrevistas pactadas, tienen temas vetados, órdenes de ir contra determinadas personas, indicaciones de hacer preguntas incómodas al funcionario que no pagó el convenio, o bien, de hacer cuestionamientos a modo para el empresario que pagó publicidad, etc.

Las decisiones editoriales, salpicadas por ideologías, intereses económicos, y políticos, filias y fobias tienen uno de sus más fuertes efectos en la visibilidad que dan (o no) a ciertos temas o personajes públicos. Tres señores López pueden ilustrar el punto:

El primero: Leopoldo López, economista venezolano formado en Estados Unidos que encabezó las manifestaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro en los últimos meses, y que se encuentra actualmente preso acusado de incendio, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir, luego de las protestas que dejaron 41 muertos y 813 heridos. López es nota internacional por las protestas para liberarlo, sin embargo en ellas se omite que años atrás, luego de haber sido alcalde,estuvo preso por desfalco e inhabilitado para ejercer cargos públicos, y que  fue encarcelado en 2002 por haber participado en la intentona golpista contra Hugo Chávez en 2002.

Menos aún se da cuenta de que Leopoldo López se entregó voluntariamente a las autoridades venezolanas, después de un mitin convocado por él mismo, y en el que estuvo presente el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, para garantizar su integridad física. Lo hizo así antes las reiteradas advertencias de que podrían asesinarlo sus propios compañeros o los patrocinadores de estos para darle un mártir a la causa. Así lo reconoció su esposa Lillian Tintori, en entrevista con CNN.

Otro López, del que se dice mucho menos, es Oscar López Rivera, el preso político más antiguo del que se tenga memoria, quien el 29 de mayo cumplió 33 años en prisión acusado de conspiración sediciosa, es decir, de intentar derrocar el poder de Estados Unidos sobre Puerto Rico, por lo que se le condenó a 55 años de cárcel, más otros 15 años por un intento de fuga. Nunca se le acusó judicialmente de atentados, sin embargo mediáticamente se le enlazó con ellos.

Aunque Bill Clinton le ofreció clemencia en 1999, López Rivera la rechazó porque la oferta excluía a dos de sus compañeros. Hoy, sólo queda él, en prisión, en la misma en la que ha estado por 33 años, 12 de los cuales los pasó en celda de aislamiento.

Ni su avanzada edad, ni superar por seis años los que estuvo preso Mandela, ni los cinco premios Nobel de la paz que claman por su libertad, han hecho lo suficiente para que López el de Puerto Rico tenga la mitad de titulares que tiene el López venezolano, preso desde febrero de este año.

El López mexicano, Andrés Manuel López Obrador vive ambos extremos. Da nota si debate con otros líderes de izquierda, quienes también son elogiados y hasta premiados cuando se les puede manejar como antítesis del señor López, y vilipendiados cuando coinciden con él.

López, que existe cuando está enfermo, cuando se equivoca, cuando un ex colaborador es acusado de corrupción, o cuando sus familiares se dan lujos de diez mil pesos, es ignorado en los grandes medios de comunicación, particularmente televisivos cuando cuestiona la salud de quien gobierna, cuando difunde estudios de la UNAM que dan cuenta de la pérdida del 78% del poder adquisitivo, cuando denuncia la corrupción de quienes gastan 7 mil millones de pesos en un avión, o cuando da a conocer que el hijo de un líder sindical tiene un Ferrari de colección.

El señor Andrés López, como le gusta infantilmente llamarlo a los medios de comunicación de Vázquez Raña, es noticia al ser cuestionado por un periodista de un periódico de izquierda, pero no lo es para explicar la consulta con la que busca frenar la Reforma Energética que privatizaría la renta petrolera.

Este espacio como cualquier otro, no podría librarse de las filias y fobias de las que aquí dio cuenta, por elemental honradez no pretende hacerlo, pero confía en abonar con esta de cal, a las muchas que van de arena. Qué bueno que existan ambas. ■

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