Tortas japonesas

Tortas  japonesas

Si dividir el tiempo, del que San Agustín apunta sabemos qué es excepto cuando nos lo preguntamos, en períodos y ciclos, es poner puertas al campo, bastante útil resulta para, entre otras cosas, practicar balances y recapitulaciones.

Un recuento exprés de lo ocurrido en el planeta durante el año recién terminado nos indica que fue, para los mexicanos, igual que sucedió los años anteriores, fuente de gigantescas desgracias para los más e ingentes beneficios para los menos:
continuación de un portentoso desarrollo tecnológico del que somos meros testigos, y nos coloca últimos en la fila del desarrollo; un hedonismo en expansión, así en países ricos como pobres, que atiza nuestra interminable guerra intestina; inundaciones tipo diluvio agravadas por la incuria y la omnipresente corrupción para los colonos pobres y campesinos de Guerrero, amén de otras entidades azotadas por el temporal, y saraos simultáneos amenizados por mariachis, divos de la farándula y alcohol caro para los góberes preciosos, emanados probablemente de algún partido de “izquierda”, y finos amigos que los acompañan; “reformas” preámbulo de la última y más grande venta de garaje de los recursos nacionales; huelgas, marchas y plantones que si no estorbaron los preparativos del magno saqueo sí trastornaron, a veces decisivamente, a quienes tuvieron el infortunio de topárselos, y el crecimiento exponencial de la promesa-amenaza llamada redes sociales.

En el ámbito local todo al parecer marcharía sobre ruedas, según “informaron” casi todos los medios, con más énfasis aun luego de la desaparición de los molestos foros de opinión, ya que cuando un inversionista japonés no creaba cinco mil empleos en Susticacán era porque otro de Taiwán creaba diez mil en Juchipila; continuando así la tendencia iniciada años atrás por los inversores de procedencia confidencial que instalaron, en un sitio secreto, una ensambladora de artilugios espaciales.

En otro orden ideas pareciera que gracias a los miles de uniformados pertenecientes a los distintos órdenes de gobierno, que embozados y munidos de espantable armamento encontramos dondequiera, salvo en el caso de ser víctimas de algún delito de alto impacto, la inseguridad está ya bajo control, o eso por lo menos declararon en público los responsables de contenerla, y si en privado nos dijeron era mejor nos mudáramos a otro estado era sólo por no tener nada interesante qué platicar.

Por lo demás el señor gobernador cortó listones durante casi todo el año, mejoraron sus discursos día con día, besó cada vez más cabecitas blancas y mejillas infantiles, todo el mundo se hizo lenguas de su don de gentes, y se le augura ya un brillante porvenir.

Aunque no sin motivos poderosos tendrá seguramente cada uno su lista particular, nuestra ciudad y estado empobrecieron, según creo, en 2013 con la pérdida de tres valiosos cuanto entrañables personajes, a los que muchos comenzamos ya a extrañar; evoco en orden de desaparición a mis queridos amigos Rufino Solís Campos, más conocido como Rufis Taylor, esto así por su indisociable relación con el séptimo arte, particularmente de los sesentas y setentas, cuya raposa voz aún oigo a lo lejos; José María Pino Méndez, hombre de erudición, humor y fraterna amistad; y Juan Francisco Rodríguez, La Ballena, infatigable zacatecólogo, detallado conocedor de las cosas de su tierra, sapiente periodista y practicante heroico del noble oficio de librero de viejo.

Agradezco infinito al amigo Raymundo la oportunidad para intentar asestar a algún desocupado mis evidentes frangollos, y envío a los hipotéticos lectores originales congratulaciones de año nuevo. ■

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