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lunes, 24 junio, 2024
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Una derecha falaz y, como personaje, la propia Xóchitl es una mentira

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

La mentira más grande de la derecha, representada electoralmente por el PRIANRD, es aquella que pretende hacernos creer que socialmente se ha readaptado, que el descalabro sufrido en el 2018 fue suficiente para cambiar de estrategias, rumbos, costumbres y prácticas. En consecuencia, pretenden que creamos que ahora sí luchan por un México independiente, democrático, con desarrollo económico, bienestar para todos los mexicanos, contra la corrupción, a favor de la transparencia, el cumplimiento de diversos derechos y libertades sociales, como la libre organización, manifestación y libertad de expresión.

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En otro momento expresé que el amor a la mentira, más cuando se hace pandemia de ella, pone en duda la solvencia moral del ente ideológico y/o político que la practica. También representa un serio atentado a la democracia porque el engaño motiva a definir rumbos no deseados. Una cosa es estar equivocado (por insuficiencia informativa, información falsa o por presupuestos formativos erróneos), pero puede notarse el esfuerzo de argumentar con sentido común. Diferente es creer en sus propias mentiras e insultos, que resultan del odio y de una praxis a la que se le extraen dividendos económicos, ideológicos y políticos. Es una forma de corrupción. 

Cualquiera sea el caso, representan obstáculos para decidir democráticamente y en libertad. Pues, no se es libre cuando la comprensión está basada en una falsa realidad y tampoco cuando al empobrecimiento económico se le añade la restricción de pensar, en el caso la persona se vuelve un autómata ideológico, un loro que repite y cree irreflexivamente lo que toma de algunos, mientras cierra los ojos y tapa sus oídos para no saber la razón de otros.

La frase de Josep Goebbets (propagandista de Hitler) de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” es falsa. La realidad es independiente de la conciencia y de los deseos, tiene su propia dinámica y es tan terca que termina abriéndose paso e imponiéndose independientemente de la propaganda que se le haga en contra. Lo que sí es cierto es que, de manera transitoria, una mentira puede ser tomada como verdad, pero sólo mientras ésta no logre mostrarse y abrirse paso. Sin duda, la falacia se mantiene más en sus propios creadores y distribuidores, envenenado su propia mente.

De alguna manera lo explicó el propio Josep Goebbels: “… la propaganda no engaña a la gente, sino simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos…”. Basados en eso, vale la pena contribuir al desarrollo de un pensamiento crítico, y con sentido común, destrozando las redes de mentira, falsas noticias, calumnias, difamaciones, campañas persistentes y embusteras. Todo eso tiene que ver con la democracia, pero también es parte de la lucha por el bienestar social y la salud mental.

Por ejemplo: ¿Usted realmente cree que la señora Xóchitl Gálvez, candidata de la derecha corrupta de México, es una indígena? ¿En verdad cree que de niña sobrevivía vendiendo gelatinas y ahora es una empresaria multimillonaria? Si esa señora, que ni siquiera tiene características físicas de indígena, es la candidata de los ricos que no quieren pagar impuestos en México ¿Le cree que tiene interés de defender los programas sociales que atiende a los pobres? Pues claro que no, la señora es campeona de la mentira.

En sentido estricto, como personaje por la Presidencia de la República, la señora Xóchitl Gálvez es una mentira. No todos los que “la apoyan” creen en ella. Los oligarcas neoliberales que la inventaron como personaje, tal como si fuera una cenicienta que de vendiendo gelatinas se encaminaría a ser presidenta de México, llegaron a equipararla (a través de sus intelectuales orgánicos) con la Virgen de Guadalupe, la madre de los mexicanos, en especial de los pobres como Juan Diego; y los partidos de la derecha que la registraron, como marionetas que son, simplemente siguieron el guion trazado.

La Xóchitl de carne y hueso es otra; a saber: nunca cursó la carrera de ingeniería; muchas de las anécdotas de su vida que nos cuenta son falsas, se sabe por ella misma. Así como dice que su padre era un alcohólico que golpeaba a su madre, otras veces dice que era un padre ejemplar que le enseñó el valor del trabajo. Hay muchas evidencias públicas de que está en contra de los programas sociales, ahora dice que los defenderá, porque le urge ganar el voto de las mayorías.

Sus discursos de campaña hablan de su aparente preocupación por la inseguridad y combate a la corrupción, pero forma parte del cartel inmobiliario del DF, promueve a los prófugos de la justicia Cabeza de Vaca y Ricardo Anaya, formó parte de los gobiernos que dejaron crecer el narcotráfico en México, etc. La buena noticia: la mayoría no le cree.

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