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lunes, 17 enero, 2022
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Antonio Aguilar

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Por: La Jornada Zacatecas •

Autora: María Fernanda de León Canizalez
Residencia: Guadalupe, Zacatecas, México

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La Catrina bailaba
en medio de Plaza de Armas
las canciones que
Antonio Aguilar cantaba.

Coreaba sin temor
las rimas al compás,
hasta que se le apareció
El Charro como tal.

Asustada y con furor,
gritó de emoción
al ver a su galán
entrando en acción.

— Oye, Catrinita, ya vi que te gusta la sandeada;
mueve tus huesitos
y siguiendo la cotejaba.

De prisa, la llevó
a la Ciudadela del Arte,
donde, con presunción,
le mostró su arte.

Sorprendida, la Muerte quedó
pensando en su amor,
sin saber que El Charro
sólo la quería para pura presunción.

Saliendo, se fueron a echar
un mezcalito,
poniéndole fin a su salida.

— ¡Muertita, por qué me matates si yo tanto te quería!
Que no ves que en el cielo
¡No hay ninguna cantina!

Apenada, la Muerte siguió con su baile,
pensando que al siguiente año
volverían a encontrarse.

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