La Utopía en el Hogar (6). Ama a tu comunidad

La Utopía en el Hogar (6). Ama a tu comunidad

La bronca de buscar la Utopía es que siempre está dos o tres pasos adelante del utopista. Por más que se quiera diseñar un presente activo sólido y confiable para pretender algún experimento capaz de afectar el futuro, siempre se va a quedar corto. Pero bueno, se vale soñar. Normalmente, cuando se pretende el encuentro con la idea y el logro posterior de intentar una vida como los sueños lo determinan en cada uno de los momentos de la existencia de un futurista, siempre habrá que contemplar el peligro de los designios de los que por interés o por ignorancia, siempre estarán al acecho de cualquier propuesta. La mayoría de las veces que alguien piensa en diseñar un futuro alterno, tiene que aprender antes que cualquier cosa que el libre albedrío no existe, y cuando enfrenta esta realidad, la decepción más grande emana de aquellos lugares o situaciones con las que el soñador en turno ha depositado su confianza plena. Muchos que se relacionan con las habilidades cultivadas, por regla general sustentadas en nubes de ilusiones y otras muchas más que tienen que ver con instancias que interpretan y manejan las cosas que determinan la validez y la certificación de las ideas y que se mueven en el mundo con nombres femeninos: la moral, la justicia, la educación, la ética, la democracia, la decencia, la ley, la libertad, en la madre.

Se pueden escuchar y comentar millones de dichos que tienen que ver con el diseño de un futuro. Cada administración entrante a nivel federal y estatal diseñan al menos el de su administración (en lo particular, este escritero participó en muchas experiencias que tenían que ver con el diseño del futuro de muchas administraciones y todas, sin excepción, quedaron en el caminito de las buenas intenciones, pues los neo gobernantes siempre caían en las reiterativas experiencias de la corrupción y en el remotísimo caso de que fueran bien intencionados, llegaban hasta donde se lo permitía la improvisación). Pero esto de diseñar futuros no es “enchílame otra” y requiere de habilidades que Salamanca no presta, como dice el dicho. Y como más del noventa y nueve por ciento de la población mundial ni idea tiene de lo que aquí se está hablando, pues se vaga en el desierto como la mayoría de los profetas primigenios, predicando.

Una vez superada la crisis existencial derivada de la anterior perorata se puede continuar con los consejos a secas que se han venido vertiendo en las entregas anteriores. Recopilando, la idea inicial era la de aprovechar la estancia en casa para aprender a convivir con la familia y lograr hacerlo al final como si se tratara de un ente armónico, donde el respeto, la convivencia civilizada y la cooperación fueran los pilares que sostuvieran una forma futura de convivencia. Logrado lo anterior, entonces sería prudente recuperar el vecindario partiendo de la premisa de que mal o bien, todos somos vecinos. El vecindario, en este caso, es como un límite más amplio de lo que para muchos significa el nicho familiar. Si se logra el estado de convivencia en que todos los vecinos se interesen y se comprometan para que dicha paz y armonía expandan sus alcances hasta los límites más remotos del vecindario, entonces se estará en condiciones de aportar formas de opinión respecto a la convivencia de cantidades mayores de persona en torno a un proyecto de vida social. Es decir, si los estratos mínimos, como barrios, vecindades, cuadras, manzanas que colindan y otras formas de convivencia cercana son capaces de diseñar reglas de convivencia efectiva y armónica, se estará en posibilidades de afectar a comunidades completas en este intento. En realidad, este sería el primer logro importante y sentaría las bases para integrar los mosaicos que formarían el complejo rompecabezas del desarrollo regional. Se tendría que ampliar el campo de la psicología y la sociología para intentar los diseños de vida que tienen que ver con lo económico. Si las comunidades logran dominar el flujo de insumos y productos, habrán podido resolver sus necesidades más inmediatas y apremiantes.

Entonces los planes de desarrollo y todos sus soportes podrían tener sentido, porque al partir de necesidades sentidas y potencialidades manifiestas, se puede intentar un modelo de vida que tenga que ver con lo local y no con necesidades lejanas, desconocidas e impuestas.

Por desgracia, el neoliberalismo apostó por la economía y en este andar desfasado corresponden las acciones de vida y de supervivencia; la visión de los economicistas sigue regida, por la regla del eunuco cuando quiere enfrentar el asunto de lo sexual: saben cómo hacerlo, pero no tienen con qué. Mientras el desarrollo se rija por los bienes de capital, todos los secretos y maravillas de la naturaleza, seguirán ocultos. ■

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