Son doce y media. Pronto pasó el tiempo

Son doce y media. Pronto pasó el tiempo
Minerva Margarita Villarreal. 1957-2019.

La Gualdra 413 / Literatura

 

 

 

Ciertas noticias tristes llegan muy pronto y para siempre se quedan: así sucedió el pasado miércoles 20 de noviembre del año 2019, con la muerte de la poeta Minerva Margarita Villareal, quien falleció en Monterrey a los 62 años. Los que la conocieron, escribieron inmediatamente palabras sentidísimas por la nostalgia de su muerte y reconocieron que con su deceso se trunca una carrera en la tradición de las letras mexicanas. Hace años en Morelia recuerdo, con agrado, que leyó poemas suyos en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino, ahí brilla su inolvidable personalidad literaria; su trabajo, al frente de la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria fue sobresaliente: este espacio resguarda la bibliografía de Alfonso Reyes y despliega una actividad intensa para difundir permanentemente su obra, y ella misma desde allí dirigió la colección El oro de los tigres.

Entre otros títulos, publicó Una noche (2011), poema de Constantino Cavafis que traduce José Emilio Pacheco. Al frente de esta edición se lee: Es un homenaje de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de un grupo de escritores de lengua española a Alfonso Reyes, al celebrarse 78 años de la fundación de nuestra Alma Mater. La autora del prólogo es Minerva Margarita Villareal, quien nació en Montemorelos, Nuevo León, el 5 de abril de 1957. Estudió en la Universidad Autónoma de Nuevo León, la licenciatura en Sociología y la maestría en Letras Españolas y fue docente de la Facultad de Filosofía y Letras. Es autora de entre otras obras como Tálamo (2011), El corazón más secreto (2003), Las maneras del agua, con el que mereció el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2016. Colaboró en revistas y periódicos como el Periódico de Poesía de la UNAM, Tierra Adentro, El Norte, Revista Iberoamericana, entre otras.

Es, para los lectores de Cavafis, esta edición de Una noche el ejemplo que encierra un goce, un placer, determina la novedad por quien traduce y logra trasladar esa fidelidad de la música, el resultado final de los poemas, para un idioma distinto al original pero con fidelidad celebratoria. Estas aproximaciones de Pacheco dejar sentir que, sacadas de su edición original, alcanzan plenitud tanto por quien traduce como por el poeta traducido. El mejor camino o guía que podríamos llamar cómplices de todo esto es la labor de Minerva Margarita Villareal quien aporta un prólogo erudito, de y sobre el poeta alejandrino, como resumen final para el mismo goce de la lectura.

En los poema de Una noche se encuentran ejemplos del ejercicio admirable de la traducción que realiza Pacheco y nada es más admirable, o atinado que estas aproximaciones que son resultado y estén reunidas por primera vez en un volumen, aunque su origen en otras ediciones es que fueron entre-sacados para reconocer la huella luminosa, casi imposible de leer hoy día, por su difícil circulación. Ahora están a la vista: el antecedente de estos poemas se registra en Tarde o temprano de 1980, antes, Islas a la deriva (1976). Estos poemas de Cavafis son parte de un volumen individual, por la fecha de edición, prefiguran el trabajo pendiente de realizarse de todas las Aproximaciones de Pacheco. Este de Villarreal es pionero con respecto de lo que pueda un día realizarse de las aproximaciones de Pacheco. Permite Una noche explorar el poema como ejemplo de la fuerza del lenguaje, la unidad que alcanzan en lengua española para así, con clarividencia lírica, llegar hasta el  encuentro con el poeta, sentir su fuerza y su novedad lírica. Decir que uno es el poema, otro, el autor; pero mágicamente, sucede por la suma de Pacheco y Villarreal, como aspiración implícita: una excepcionalidad que alcanza y determina en lengua española la huella ineludible de Cavafis.

Señala acertadamente Minerva Margarita Villarreal: “El logro de José Emilio Pacheco resulta del tratamiento del lenguaje en cuanto a verbo, quiero decir, encarnación y aliento, tránsito entre pasado y presente, enunciación y hecho…”, y, sentencia: “En estos poemas que vierte a nuestra lengua otro de nuestros clásicos contemporáneos: José Emilio Pacheco, un tono de inmanencia, de inevitable destino o desastre inminente campea como materia esencial de una certeza: el valor de la existencia dependerá de la ética que seamos capaces de asumir en los distintos planos de la vida. Y una verdad más honda: sólo veremos la eternidad por medio de un lenguaje que explora la historia misma, o su invención más pura, en su más diáfana intimidad”. “Internarnos en Una noche nos lleva a emprender un viaje sin retorno”.

 

 

 

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