La democracia en tiempos de burbujas

La democracia en tiempos de burbujas

Todo lo que constituya un obstáculo para la libertad y la plenitud de la comunicación levanta barreras que dividen a los seres humanos en bandos y camarillas, en sectas y facciones antagónicas, y, por tanto, socavan el estilo de vida democrático.
John Dewey, citado por Pariser.

El proceso democrático descansa básicamente de la posibilidad de que las mayorías y minorías, puedan establecer un diálogo de reconocimiento y que a partir de éste, ninguna aspire a la destrucción de la otra, de tal forma que los intereses, las percepciones y aspiraciones de todos los integrantes de una sociedad democrática puedan encontrar el espacio para la convivencia en un estado mínimo de pluralidad. Pues bien sí algo parece estar desapareciendo es justo la posibilidad de esa convivencia. El proceso de complejidad de las sociedades modernas, en las que cada vez más las mayorías se volvían plurales, por su conformación de minorías, parece interrumpido por el surgimiento de bandos irreconciliables en casi todas las materias. Para Eli Pariser, autor de El filtro burbuja, cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos, gigantes del internet como Google y Facebook, podrían ser parte del problema, pues al volvernos presas del algoritmo que cada vez nos relaciona más con nosotros mismos y no con los otros, se está socavando la pluralidad y con ello la posibilidad del diálogo, el entendimiento y la tolerancia misma.

Episodios como los que refleja el documental Nada es privado, de la plataforma Netflix, nos permiten ver de cerca cómo el manejo de datos (en el ya famoso caso de Cambridge Analytica), han significado moldear la opinión pública de tal forma que el ideal democrático de debate, deliberación y participación en pluralidad, se bloquee a tal forma que nos convirtamos apenas en hordas, la mayor de las veces, alejados de la realidad más allá de eso, nuestra burbuja de pensamiento. Como lo escribe Pariser: “Abandonados a su suerte, los filtros personalizados presentan cierta clase de auto propaganda invisible, adoctrinándonos con nuestras propias ideas, amplificando nuestro deseo por cosas que nos son familiares y manteniéndonos ignorantes con respecto a los peligros que nos acechan en el territorio oscuro de lo desconocido (…) podemos quedarnos atrapados en una versión estática y cada vez más limitada de nosotros mismos, en un bucle infinito sobre nosotros mismos”.

El puente entre la realidad más allá de nosotros mismos y nuestro raciocinio solían ser los medios de comunicación, sin embargo los medios tradicionales, que con cierto pudor y seriedad (no en todos los casos) ejercían esta función se han visto superados por Facebook y han tenido que ir adaptándose a un mundo en el que el simplismo y no el análisis profundo, vende, en el que la brevedad atrae y la exhaustividad distrae. Volviendo al Filtro burbuja: “Las noticias configuran el sentido que tenemos del mundo, de lo que es importante, de la escala, color y carácter de nuestros problemas. Más importante aún, sientan los cimientos de experiencias y conocimientos compartidos sobre los que se construye la democracia. Si no entendemos los grandes problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad, no podremos actuar unidos para solucionarlos”. Hemos pues caído en un populismo de la información, que se ha vuelto sesgada, limitada, de malos contra buenos, de lo blanco y lo negro. Ello mismo ha impedido que hoy tengamos consensos mínimos sobre nuestra vida pública. Muchos de los valores que un día significaron una base sólida y consistente a partir de los cuáles se construía el proyecto común de futuro, hoy se encuentran en un debate maniqueo y estéril. No hemos caído que como dice el propio Pariser en la introducción a su obra lo que es bueno para los consumidores no es necesariamente bueno para los ciudadanos.

Lo que cada vez nos hace más falta es deliberar, deliberar de verdad, dialogar con el otro, el que piensa distinto, el que tiene una visión contrastante a la nuestra y tolerar su versión del mundo, tratando de comprenderla, al grado de formar, una vez en el proceso deliberativo, una nueva, más completa y compleja. No aceptar “otros datos”, ni para el resto ni para nosotros mismos y exigir, cada vez más, seriedad y responsabilidad a la hora de ejercer el valor público de la deliberación y recordar: dado que el filtro burbuja distorsiona nuestra percepción de lo que es importante, verdadero y real, es sumamente importante que sea visible (Pariser, otra vez).

@CarlosETorres_

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