Seguridad social al trabajo doméstico: un respiro a la asfixiante desigualdad

Seguridad social al trabajo doméstico: un respiro a la asfixiante desigualdad

Hace poco tiempo la Secretaría de Economía publicó un documento donde reconoce seis estratos sociales, de tres clases reconocidas por toda la población: alta, media y baja. Y dos estratos en cada clase. El estudio se hizo combinando empleos e ingresos. En la parte alta está el 6 por ciento de la población, donde el 1 por ciento están contempladas las familias de abolengo y que heredan a sus vástagos fortunas enormes, y el 5 por ciento con familias dueñas de empresas importantes con altos ingresos. En la parte media de está localizada el 35 por ciento de la población, con empresarios medios, profesionales exitosos, burocracia y técnicos estables. En el caso de la planta baja están dos estratos que dividen a obreros, campesinos y el grueso de la fuerza física que mueve a la sociedad con el 25 por ciento, y un 35 por ciento con trabajadores temporales, inmigrantes y claro está, trabajadoras del hogar. En suma, la parte baja de los estratos sociales suman el 60 por ciento de la población; que además, no tienen nada de seguridad social: ni derechohabientes de servicio médico, ni derechos a incapacidad, ni pensiones.

Así las cosas, el objetivo que se puso el gobierno federal se expresa en una pregunta: ¿cómo darle seguridad social al sector más bajo de la escala socioeconómica del país? para responder a esa pregunta elaboraron un plan de prueba a partir de una alianza del IMSS y la Secretaría del Trabajo y tomaron como base un sector especialmente vulnerable, las trabajadoras domésticas o del hogar. El cálculo de la cantidad de esa población que les hizo el Inegi es de 2.4 millones de personas; es decir, bastante relevante. El piloto de ese proyecto durará 18 meses para luego elaborar una propuesta definitiva que pondrán en consideración de legisladores. Sin duda, es un proyecto muy interesante.

El caso de las trabajadoras del hogar es doblemente representativo, porque son trabajos que no crean riqueza directamente, pero generan un servicio que permite dotar de tiempo productivo a mujeres (y familias) de otros estratos socioeconómicos, y por esa misma condición, es un trabajo que permite una forma directa de distribución social de la riqueza. Darle certeza y estabilidad a ese tipo de trabajo permitirá afianzar la transferencia de recursos entre estratos, y sin duda, mejorar el objetivo de la equidad social. Veremos cómo funciona el piloto y la relación de costo-beneficio que se alcanza. Porque los salarios de las trabajadoras que laboran en las capas altas de la población y la cooperación de sus patrones, será desahogada; pero en el caso de las trabajadoras que lo hagan en las capas medias no tendrán esa misma condición. Y la inmensa mayoría de las trabajadoras domésticas trabajan para los estratos medios. Recordemos que sólo el 6 por ciento de la población está en las capas altas, mientras que en los estratos medios está el 34 por ciento. Ojalá y el piloto que anunciaron permita elaborar una propuesta eficaz y exitosa. Sin duda contribuirá a amortiguar la obscena desigualdad que vivimos en este país.

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