De que se puede, se puede

De que se puede, se puede

Desde el inicio de su gestión presidencial, un elemento recurrente en el discurso de Andrés Manuel López Obrador, hoy inscrito en el imaginario de los mexicanos, es la llamada “Cuarta Transformación”. ¿Qué era, qué es la “Cuarta Transformación”? Con sencillez, al ofrecer la “Cuarta Transformación”, compartía la visión que tenía o todavía tiene de su gobierno. Para un lego como uno, se supone, eso facilitaría o brindaría la posibilidad de dar seguimiento, si caso eso fuera posible para todos o para muchos, a los cambios que se proponía hacer y estarían englobados en la Cuarta Transformación que más allá de su pretensión epocal, si tuviera o se le imprimiera continuidad, sería una continuidad con cambio y su herencia, de futuro. Por supuesto, está en contra de algo tan común en las sociedades como son los privilegios, motor de desigualdad. ¿En qué consistiría la Cuarta Transformación o qué cambio podría haber de algo que fuera común en las sociedades de clases, con independencia de los elementos definitorios de las clases sociales como tales?

La salida o la entrada para plantear y poder tratar semejante asunto, no es tan radical como lo sería hoy el triunfo (improbable) del proletariado sobre el capital(ista), porque al final tiende a prevalecer lo abstracto, lo más complejo, por decir. ¿Hay o no hay transformación de la problemática que hoy aflige a la mayoría? El campo de lucha se transforma hasta para saber: no, si hay o no, clases sociales, sino qué clases sociales hay y cómo se generan como realidad por una y en una transformación tan concreta y a su vez abstracta como la mercancía que aún impera como gran fuerza en su forma más obvia e inmediata, más para los sentidos que para la abstracción, como cotidianamente sucede en los supermercados o en la tele como facilitadora, tanto de suavizar los ánimos como de dispersarlo o tensarlos, aunque también azuza los concomitantes apetitos.

Basta recordar, ¿qué hizo Carlos Marx, con sencillez y mucho trabajo? Se impuso la tarea de desnudar, revelar el secreto que atizaba ¿y aún atiza? la lucha de clases y que sólo a primera vista es el capital. Marx, fue a encontrar algo más abstracto dentro de él y desnudó el secreto del capital en la mercancía al mostrar dentro de ella a la propiedad privada como el dispositivo concreto, generador de la explotación y en torno al cual se daba ¿y da? la lucha de clases. La solución nada fácil era suprimir la propiedad privada, porque no se trataba, ni trata, de echar de sus propiedades a Slim, por ejemplo, y repartirlas entre los explotados por él, en TELMEX, por decir. Para nada, se trataba de algo más abstracto, del estudio del trabajo y del capital, en cuanto tales: qué resultó al final.

Así se pudo ver que ni en las sociedades socialistas, desaparecía la propiedad privada, aunque se volvieran sociales los medios de producción; incluso, el Estado tampoco desaparecía sino adquiría una tremenda responsabilidad, al modular el acceso a los medios de producción y el cómo hacerlo. Tan sencillo y concreto, aun en el socialismo, el mercado, como intercambio de mercancías no desaparecía, sino era y es regulado, como trabajo abstracto, aunque se supone allá lo hace con criterios socialistas, ¿más generosos o igualitarios, que aquellos sólo mercantiles?

Con todo, ¿qué se regulaba y regula, al final? El trabajo abstracto, aunque cambien las condiciones estatales en que eso ocurre; eso abre, se supone, opciones para la mejora social y pública, con gobiernos progresistas, ¿ese será el secreto de la Cuarta Transformación de AMLO? En ella, no se elimina al capital, sino desde el Estado se procura, se espera, propiciar mitigar la desigualdad. Tan sencillo como procurar y brindar una atención más selectiva a los grupos o “estratos” sociales más desfavorecidos y expuestos a abusos que de ese modo se habrían de mitigar.

Andrés Manuel López Obrador cumplió sus 100 días como Presidente del país y dio a conocer los logros obtenidos en un evento al que acudieron personajes del ámbito político y económico, como el magnate Carlos Slim.

El multimillonario destacó la importancia de programas como las becas para jóvenes para incrementar la preparación académica de la población, aunque recomendó que en lugar de entregar el efectivo de forma bimestral, se deposite cada 15 días o cada mes, “para que (los beneficiarios) no tengan que caer en deudas, ni en préstamos que son muy caros”.

Slim consideraría: hay que darle tiempo a la administración de AMLO y negó que existan preocupaciones en el entorno económico, como algunos han sugerido en los últimos días, pese a los reveses experimentados en el nuevo gobierno, como la cancelación del aeropuerto de Texcoco (diseñado por su exyerno y donde tenía contratos) y al señalamiento de que una de sus empresas estableció contratos “leoninos” con CFE, el magnate manifestó su respaldo al plan de rescate financiero a CFE y Pemex.

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