Un golpe de timón ¿bien? cocinado

Un golpe de timón ¿bien? cocinado

Hay momentos en que los temas públicos parecen agolparse y revolotear sin control en torno nuestro. Sin duda, México atraviesa uno de esos momentos, por obvias razones. En vísperas de la transición del poder ejecutivo a nivel federal, la lista de asuntos y preocupaciones públicas a tratar se dispara. ¿Acerca de cuál de todos escribir primero?

En una anterior entrega, por cierto, ofrecí continuar con el análisis del tema Milpillas, el cual dejaré reposar un poco, para retomarlo en mi próximo artículo, si otra cosa no sucede.

En vísperas de que Andrés Manuel López Obrador tome posesión como presidente de la República, la expectación flota en el ambiente y, en muchos casos, las emociones también. El corazón de México sigue en vilo, como si no se hubiese terminado de expresar en las urnas el pasado 1º de julio.

Desde las pifias de un Paco Ignacio Taibo II, y su tristemente célebre frase “se las metimos doblada”, hasta los descalabros del equipo económico de AMLO, pasando por la integración de los presupuestos para 2019 y el previsiblemente bajo ranking de aprobación hacia EPN en su fase de salida, se abren innumerables filones para la discusión.

Veamos muy rápidamente el tema de la reciente votación sobre el fuero en la Cámara de Diputados. Cuando se votó en lo general, la propuesta recibió 469 votos a favor, de 500 posibles. Pero luego, en lo particular, la iniciativa fue discutida y rechazada en tres artículos que eran los que le daban sentido a toda la propuesta. Ahora bien: en medios como Proceso, se menciona que quienes rechazaron estos artículos fueron los legisladores del PRI, PAN, PRD y MC, los cuales sumaron 157 votos en contra, en lo particular, además de 9 votos del Partido Verde Ecologista.

Menciona Proceso que esta votación “tuvo como consecuencia que el bloque Morena-PT-PES no logrará los 334 votos requeridos para hacer cambios a la Constitución”.

¿Por qué necesitaban 334 votos? Porque nuestra Carta Magna señala que se requiere el voto favorable de dos terceras partes de cada una de las dos cámaras del Congreso de la Unión. Tras la jornada legislativa del pasado martes, la iniciativa se atora en la cámara baja y ahí se queda.

Pero analicemos estos números otra vez: la iniciativa de quitar el fuero a funcionarios públicos (entre ellos, el Presidente de la República) obtuvo, en total, 308 votos a favor y 166 votos en contra. Son 500 curules en la cámara; si le restamos 166 (los votos en contra), el resultado es, exactamente, 334, los 334 votos que se necesitaban para que la propuesta fuese aprobada. Esto quiere decir que la votación estuvo milimétricamente medida para que la iniciativa de eliminar el fuero no pasara.

¿Quién se beneficia con este resultado? A primera vista, quienes integran la red de corrupción que no será tocada por desafuero alguno. En segundo lugar, el resultado legitima al bloque encabezado por Morena en la Cámara baja, que ahora puede decir: “pues al menos lo intentamos, pero no se pudo porque los de enfrente no quisieron”. Y no seamos malpensados, al considerar la posibilidad de acuerdos por debajo de la mesa entre ambos bandos, del tipo: “por favor, vota en contra; así me ayudas a legitimar a mi presidente entrante”. Oh, no. Esas cosas no pasan por sus cabezas.

No olvidemos que la carta fuerte de Andrés Manuel López Obrador durante su campaña presidencial fue su ofrecimiento de perseguir y castigar la corrupción. A unos días de tomar posesión como mandatario, ha dado un giro de 180 grados n el rumbo de su discurso, al afirmar que perseguir la corrupción desestabilizaría al país. Mi pregunta es: ¿y por qué hasta ahora lo dice, cuando ya ganó? ¿Por qué no lo aclaró antes? Obvio, no le convenía.

Creo que este bandazo de AMLO puede deberse a una de dos causas: o prometió en campaña algo, a sabiendas que no iba a cumplir, o en estos cinco meses de transición se topó con la realidad, y entendió tooooda la complicada trama de intereses y factores involucrados en el tema del combate a la corrupción, y descubrió que no es tan sencillo (como si no se hubiera dado cuenta de antemano).

El rechazo al fuero en la Cámara de Diputados le da a Andrés Manuel un argumento irrebatible para sacar de su discurso del 1º de diciembre el ofrecimiento de desaforar a la clase política para iniciar el proceso jurídico de los casos de corrupción que tanto han escandalizado a México y al mundo. En otras palabras: esta votación ayudó a legitimar este golpe de timón. ■

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