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El pasado 14 de marzo se instaló, en el teatro Calderón, una sesión especial del Consejo Universitario donde se declara, de nuevo, la inminencia de la Reforma Universitaria. Desde febrero no se sabía nada, públicamente, del proceso. Todo ocurre tras bambalinas con las desinformaciones (filtraciones) de rigor. Al final de la sesión se cedió la palabra, por 55 minutos, al próximo subsecretario de educación superior de la SEP, Luciano Concheiro Bórquez, quien agradeció el gesto al mencionar la importancia de las luchas que tuvieron lugar en, y desde, la UAZ en los 1970. El discurso que ofreció es importante por dos motivos: deja entrever la ideología de la cuarta transformación cuando traza una genealogía de la misma desde una mirada subalterna, y por los elementos que ofrece para calibrar la posición de la universidad, y el SPAUAZ, frente al nuevo gobierno. Vayamos por partes. Concheiro compara la elección del 1 de julo pasado con tres momentos que, en un lapso finito de tiempo, al menos dos de ellos, definieron un proyecto de autonomía: el movimiento estudiantil de 1968, el levantamiento neozapatista de 1994 y la desaparición de 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa en 2014. Es curiosa la manera en la que enlaza, en su discurso, estos tres momentos. Por un lado, los estudiantes del 68 y los neozapatistas en 1994 elevaron, ante el Estado, la negación del Estado mediante proyectos autonómicos que, en un caso, concluyó en una masacre despiadada y, en el otro, condenado al ostracismo, el desprestigio y la contrainsurgencia. Es difícil que un movimiento como MORENA encaje en esa generalogía porque en ningún momento posiciona un concepto de autonomía sino una reforma del Estado, pero para Concheiro el nexo se materializa en la sociedad mexicana que, mediante el repudio a la desaparición de los 43 exigía un cambio de fondo en las prácticas estatales que llevó, por una causalidad inexplicable, a 30 millones de votos a favor de MORENA. Si algo logró esa votación, si acaso hubo un acontecimiento el 1 de julio, fue la relegitimación del Estado, de los procedimientos de elección construidos y reconstruidos desde los 1990. Triunfó una utopía de la austeridad y el combate a la corrupción, una ilusoria “constitución moral”, pero no un proyecto de autonomía de la población por fuera de la línea vertical del partido, del caudillo y del Estado. Por lo anterior, la primera parte del discurso de Concheiro es enajenante. Lo que resulta de más importancia a los universitarios es lo otro: sostiene que la UAZ es vista, desde la atalaya del nuevo gobierno, como una “… cueva de ladrones, de gente que no sabe operar”, y con ella todo el inexistente, aunque caro, sistema educativo universitario. Así que, por su corrupción, frivolidad y dispendio tiene poca cabida en la cuarta transformación. En la sesión de Coordinadora de Delegados de un día previo el rector comentó que la UAZ no era bien vista desde los parámetros de la austeridad republicana por las generosas pensiones que alguna vez otorgó. Si esto es inquietante, más lo es la afirmación de Concheiro de que en el proyecto de presupuesto 2019 no hay nada alentador para las universidades, no se avizoran incrementos sustanciales del presupuesto al subsidio. Por lo pronto la apuesta de algunos universitarios por la llegada de miles de millones, libres de impuestos, a las arcas de la administración central a partir del 1 de diciembre se revela infundada. Justo es mencionar que el orador adujo que él no comparte esa visión pesimista de las administraciones universitarias, quizá porque no las conoce, las conoce de más o porque de verdad cree que no son botes de basura administrativos. Queda algo más importante aún del discurso pronunciado por el futuro subsecretario, la visión poco favorable de las universidades es algo bien sabido: la autocrítica hacia la “priízación” de MORENA debido a la tentación de las prácticas clientelares. Aquello que constituye es lo que se realiza en el acto, que se hace en tiempo histórico al margen de las estructuras constituidas, como las prácticas del movimiento estudiantil del 68 o la construcción de los caracoles zapatistas. La reproducción de prácticas ya constituidas, como la formación de sectores del partido, no transforma, por eso Concheiro exige de los sindicatos que actúen autónomamente, que sean innovadores en sus prácticas, y pedir línea es la primera cosa que se debe desterrar. En la sesión de Coordinadora de Delegados ya aludida se pudo observar, frente a la narrativa de las tribulaciones de la administración central, la abyección y falta de vocación de transformación de los agremiados al SPAUAZ. Ante la desgracia de la universidad más de uno ofreció ayuda irrestricta al rector, “¿te sirve un paro rector?, tú dinos que hace falta”. Esto es suficiente para cancelar la esperanza de una reforma autónoma del sindicato: los agremiados del SPAUAZ prefieren la reiteración de los ademanes de la sumisión. Alguien escribió: “…frente a la historia de las resistencias, más que palabras, hay que “preparar los pies”, “abrir los ojos” y tener el “oído atento”.” (Revista de la Universidad de México #829, p. 57). Así, aunque no sea resistencia, se debe estar ante MORENA. ■

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