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El mal de la ideología

El mal de la ideología
Imagen de 'Paseo de los canadienses' (Edicions de Ponent), de Carlos Guijarro.

La Gualdra 362 / Opinión

 

Muchos filósofos vieron en la ideología de la sociedad un peligro para el bien común, pues llenar la cabeza de algún principio moral, religioso o político automáticamente hace a alguien enemigo de otro; por tal motivo Nietzche, además de haber matado a dios, mató a los padres, a los políticos y a todas aquellas instituciones o grupos que gustaran de sembrar semillas ideológicas en las cabezas inocentes bajo la consigna de que tumbaran todo ello y comenzaran, desde los escombros y su propio juicio, a construir una idea sobre el mundo. Desgraciadamente ideologías fascistas interpretaron sus palabras bajo sus propios intereses y el resultado fue catastrófico en toda Europa.

Pareciera ser que los hombres no podemos construir algo o hacer nada sin respaldarnos en alguna idea; yo mismo al escribir sobre esto necesito respaldar mis argumentos en una, sin embargo, quisiera ser más descriptivo sobre el asunto y mostrar algunos de los acontecimientos más horribles de la historia debido a la gente que siguió alguna ideología.

Estuve leyendo un par de historietas contextualizadas en la guerra civil española: Paracuellos, de Carlos Giménez, que narra biográficamente algunos de los episodios más tristes que se dieron como resultado de este conflicto. La historia trata sobre la vida de algunos niños que fueron “auxiliados” por instituciones de carácter religioso y fascista, huérfanos como resultado de la guerra de uno o dos padres, o hijos de presidiarios o de un solo padre que no podría hacerse más cargo de ellos. El trato es inhumano, los golpes sobran y la comida escasea, pues para estas autoridades no son personas sino “rojos”, como los considera un cura que los abofetea por los dos lados para que no se caigan de semejantes golpazos.

El otro es Paseo de los canadienses, de Carlos Guijarro, que narra cómo el pueblo de Málaga, España, fue asesinado de manera impune por la armada italiana bajo el permiso del dictador Franco, mermando la población luego de haber

victimizado a casi toda cuando ésta huía de la ciudad buscando refugio, mediante el fuego de los cañones de los acorazados italianos que también lanzaron sus aviones sobre la gente cuando iba desprotegida huyendo por la costa: miles de víctimas consideradas como “rojos”.

Ambos casos son casi desconocidos incluso por la población española, lo que me hace recordar también cómo tras el triunfo de Simón Bolivar en Chile, los ricos y poderosos de esa nación organizaron una guerra civil que acabó con la vida de miles de personas y con el ascenso al poder del dictador Pinochet. Asimismo, me causa cierto escozor que en plena era de la información, si uno busca en internet, las fuentes mientan acerca de las víctimas de la matanza de Tlatelolco, ocultando la verdad y sacando a la luz sólo noticias de periódicos extranjeros, que bajo fuentes oficiales señalaban que habían sido alrededor de 400 víctimas, cuando por todo México era ya sabido que fueron miles de personas asesinadas bajo las órdenes del nefasto Díaz Ordaz.

Hoy, los fifís parecieran cosa de risa, pero son soldaditos de plástico al servicio del poder que de alguna manera van a hacer mucho ruido en el gobierno entrante, y que si no se anda con cuidado, la sociedad mexicana podría verse envuelta en una tragedia causada por ideologías contrarias, que parecieran ser distintas y que al final, bajo la máscara, podrían ser el rostro del mismo demonio.

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