Distribuir para crecer y crecer para distribuir, clave del nuevo rumbo económico

Distribuir para crecer y crecer para distribuir, clave del nuevo rumbo económico

Hace algunos años, nuestro paisano Carlos Tello Macías señaló: “Los ricos ya ganaron su Revolución en México y en el mundo. Y la ganaron articulando una serie de ideas. Una esencial: que el individuo es arquitecto de su propio destino sin importar las condiciones sociales en que se desenvuelva. Todo lo que atente contra la libertad de este individuo, indiferenciado, abstracto, y el mercado donde la ejerce, debe reducirse e incluso cancelarse. El neoliberalismo rechaza toda participación del Estado en la economía. Esa revolución de los ricos puesta en marcha desde 1982 en México, ha implicado la venta de las empresas paraestatales y la apertura de mercados y su desregulación. Primero el mercado de la tierra, luego el financiero, donde la banca incluso se extranjerizó,  las telecomunicaciones, y el sector energético, que en su primera fase ha conseguido ya que 50 por ciento de la energía eléctrica se produzca por entes privados, y recientemente acaba de remarcharse con la reforma en la materia del Pacto por México.

Luego de más de 35 años de haberse implementado en México, y aun cuando ha generado que 60 por ciento de la población viva en condiciones de pobreza, poco crecimiento, y la concentración de la riqueza y el ingreso en pocas manos. Esa revolución a que alude, ha sido tan exitosa que ha cambiado la forma de ser y hacer en diferentes ámbitos, iniciando por las universidades, donde se construye el futuro, y que fueron los primeros objetivos de los neoliberales para la difusión de sus ideas. El pensamiento neoliberal se volvió hegemónico en la política y la administración pública, y en la linea editorial de los medios de comunicación.

Esa hegemonía es lo que explica la incredulidad de la élte del poder ante el contundente triunfo de AMLO-Morena en la reciente elección federal. No pueden creer que haya ganado una fuerza política que orientará su política económica para sustituir el dogma neoliberal de que “primero debe haber crecimiento económico para luego distribuir la riqueza”, por el de “distribuir para crecer y crecer para distribuir”.

Como es fácil entender, el nuevo gobierno debe hacer un trabajo muy profesional para que el estado mexicano recupere su capacidad y asuma a plenitud su función constitucional de rectoría del desarrollo, evitando proporcionar elementos para que banqueros y empresarios inconformes justifique sus intentos de desestabilizar las variables económicas. Afortunadamente el mundo de hoy ya no es unipolar, y las amenazas y chantajes de las agencias calificadoras gringas y de sus inversionistas pueden ser debilitadas por la capacidad de inversión de Europa, China y Rusia, y la voluntad que han mostrado para propiciarlas.

El reto no es sencillo, y menos lo será, si quienes votaron por AMLO adoptan una actitud pasiva, o se dejan envolver por la narrativa de la inmensa mayoría de los conductores y comentaristas que todos los días trabajan en los grandes medios de comunicación electrónicos para debilitar el apoyo al nuevo gobierno, sin importarles el daño que puedan causar, como lo hicieron quienes hace unos días, ante la decisión sobre el nuevo aeropuerto, llamaron abiertamente a los inversionistas a sacar su dinero del país. La gente que quiere el cambio de rumbo debe estar alerta y participativa.

 

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