Sin pluralidad en el sistema de medios no habrá democracia plena en México

Sin pluralidad en el sistema de medios no habrá democracia plena en México

Los medios que pretenden expresar y formar la opinión pública, deberían mostrar la pluralidad de la opinión social sobre diversos temas. Durante décadas los pueblos indígenas se quejaron de ser un sector social con el 11 por ciento de población, pero sin voz, con cero por ciento de medios para poder comunicar sus intereses o temas que pretendían colocar en la agenda pública. Así, nacieron las radios comunitarias. De esta manera, hay una ventana pequeña para darle voz a ese importante sector social, sólo que localizadas en regiones muy acotadas. Lo mismo en el caso de las llamadas tribus urbanas, que para tener algo de voz construyeron las radios-libres. Hay grupos sociales que cuentan con medios de comunicación, pero tienen un común denominador: están acotados. Los medios de cobertura nacional son concesiones que, en su inmensa mayoría, son de empresas que representan los intereses del capital. Los sectores populares tienen voz local y el capital tiene voz e incidencia nacional. Esta circunstancia fue evidente durante la campaña electoral reciente.

Las grandes empresas que son dueñas de televisoras, cadenas de radio y prensa, representan intereses más o menos homogéneos. La diferencia ideológica ente Televisa y Tv-Azteca es nula. Y las distancias editoriales con Radio-Fórmula o Grupo Milenio se pueden medir por milímetros. El fenómeno del monopolio ideológico-editorial de los medios de comunicación de cobertura nacional es común en América Latina. Y ya hemos visto sus efectos en Argentina y Brasil en forma cruda y devastadora.

Así las cosas, la exigencia para transitar a una democracia en la opinión pública nacional es eliminar este monopolio editorial del que hablamos, y pasar a la pluralidad de políticas editoriales en medios de cobertura nacional. Con ello, dar la posibilidad de mayores debates en los temas de política pública. En el caso de la consulta fue evidente el monopolio de la histeria contra la opción de Santa Lucía y la propia iniciativa de la consulta ciudadana. Querían dar a entender el consenso a favor del proyecto de Texcoco y la ‘locura’ que significaba detener la obra. No lo lograron. Pero el manejo de presiones a la clase política y a los mercados sigue siendo enorme. En una cantidad importante de la población sigue teniendo efecto la cargada mediática: si el consenso mediático pone de color naranja una nota, asumen que el tema es efectivamente naranja.

Diversificar las políticas editoriales de los medios nacionales es esencial para la calidad de la democracia en México. Requerimos alguna cadena de televisoras con radio y prensa que prioricen los intereses populares, los valores de la igualdad y las libertades civiles. Se modifique la actual asimetría. Es importante que los legisladores nacionales tomen cartas en el asunto y promuevan la constitución de redes de información y opinión alternativas a la actual hegemonía mediática. Los sectores populares que han sido afectados por las políticas de los últimos 30 años, deben contar con voz y opinión nacional. Ahora mismo los potentados tienen enjaulada la expresión; se requiere liberar la vírgula para que todos los sectores sociales tengan su flor de la palabra.

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