Las nuevas 100 universidades anunciadas: preguntas, retos y expectativas

Las nuevas 100 universidades anunciadas: preguntas, retos y expectativas

Al igual que muchos anuncios sobre programas o proyectos que el nuevo gobierno pretende emprender, en la idea de crear 100 nuevas universidades hay poca información y menos claridad. Sin embargo, de entrada, en aquellos elementos que sí aportan, surgen dudas y expectativas en torno a dichas iniciativas. La primera pregunta que emerge es, ¿por qué no dar mayores recursos a las universidades existentes para que amplíen su cobertura, y con ellos dar cabida a los jóvenes que de otra manera serían rechazados? El anuncio es claro al respecto: se creará un programa educativo conducido por un organismo autónomo vinculado a la SEP. Es decir, no es un programa de la Subsecretaría de Educación Superior ni tampoco algo que implique a las universidades ya existentes. Es parte de algo que se denomina “programa alternativo de educación y cultura”. Se anunció a la responsable de dicho programa: la maestra Raquel Sosa Elízaga. El perfil de la maestra Raquel es interesante: capacidades intelectuales incuestionables y compromiso con enfoques críticos. Pero como fue la responsable de las llamadas ‘universidades de morena’ surge la sospecha de que se trate de proyectos de educación superior cercanos a lo que se conoció como ‘universidad partido’. Es importante que esa duda quede despejada en el desarrollo de la propuesta.
El otro objetivo que sí fue anunciado es la intención de dirigir dichas universidades a los sectores más pobres de la población. De entrada suena bien, pero también hay algunas preguntas. La cosa es observar cómo viene la propuesta en trono a uno de los problemas más importantes del sistema educativo mexicano: la inclusión desigual. Veamos un poco el tema. Hay dos áreas de exclusión: una es cuando los jóvenes se quedan fuera del sistema educativo; y otra es la exclusión que ocurre estando dentro del sistema educativo. Este último se refiere a la segmentación al interior de la oferta educativa, donde hay escuelas que empatan alto nivel socioeconómico con elevadas oportunidades de desarrollo profesional, y otras escuelas que concentran matricula de sectores populares y tienen bajos resultados en las oportunidades del desarrollo de los jóvenes. El estudio empírico que hace el maestro Gonzalo Saraví muestra de manera contundente cómo los jóvenes que sí ingresan al sistema de educación, pero lo hacen a escuelas con distintas posibilidades, exhibe un sistema internamente segmentado. Luego entonces, las universidades no son la plataforma para superar la desigualdad, sino justo uno de los mecanismos que reproduce la desigualdad y así, la hace persistente.
Si el objetivo de extender la cobertura en educación es lograr la igualdad de oportunidades en los jóvenes con orígenes socioeconómicos distintos; pero al darse la expansión educativa en un contexto de inclusión desigual, resulta (justamente) la desigualdad de oportunidades. Así las cosas, ampliar la cobertura no implica necesariamente lograr igualdad de oportunidades. Por ello, ampliar la cobertura a más jóvenes no implica que se alcance el objetivo de igualdad de oportunidades en las nuevas generaciones. Toda la política educativa actual, basada en las teorías del capital humano y en supuestos meritocráticos, no han dado resultados positivos porque han ignorado las causas del fenómeno de la inclusión-desigual. Entre escuelas de alumnos que vienen de la privación de aquellos que provienen del privilegio.
La cosa es saber si en el proyecto de las nuevas 100 universidades hay algún planteamiento que enfrente la inclusión desigual, y con ello, realmente contribuya a la igualdad de oportunidades. Cuando la educación se convierte en otro mecanismo de reproducir la desigualdad, no podemos esperar los efectos de la cohesión: disminución de las violencias o mejores condiciones de crecimiento económico. ¿Habrá algún componente del programa que pretende crear 100 universidades que solvente la inclusión desigual? ¿O será un tipo de universidades populares que condenará a sus alumnos a bajos niveles socioeconómicos en el descompuesto edificio de la movilidad social? ¿Cómo será este componente? En la literatura sobre el tema, se expone la idea de que el tipo de ‘escuelas totales’ (aquellas donde el estudiante encuentra la satisfacción de sus diversas dimensiones de su vida diaria: comer, hacer ejercicio, consultar información, etc.) pueden ayudar a mejorar la calidad educativa, y con ello, ofrecerles igualdad de oportunidades a sus estudiantes. Otra característica es el capital social (relaciones de confianza) que se consigue en las escuelas con los futuros empleadores. ¿Cómo lograr que en escuelas dirigidas a sectores populares se consiga dotarlos de capital social, y al mismo tiempo, se les dé la posibilidad de asistir a una escuela total gratuita?
Si el programa que encabeza la maestra Raquel Sosa, logra universidades sin giros partidarios e ideológicamente plural, donde se ofrezca a los jóvenes de sectores populares una escuela total, dotarlos de capital social y expectativas de empleo decente; además de financiamiento asegurado. El proyecto de creación de 100 nuevas universidades será una verdadera esperanza, de lo contrario, tendremos un mecanismo más de reproducción de la desigualdad. Esperamos con ansia la publicación de la propuesta completa del programa anunciado. Veremos. ■

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