Realizan la mesa Música y tradición oral en lenguas indígenas mexicanas

Realizan la mesa Música y tradición oral en lenguas indígenas mexicanas
Manuel Bolom Pale Foto: Andrés Sánchez

“Sin el 94 creo que no estaríamos tampoco aquí, habría otras condiciones distintas”, dijo el escritor Manuel Bolom Pale, a quien la irrupción pública del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) lo sorprendió a la edad de 11 años, ya migrado a San Cristóbal de las Casas, donde tuvo oportunidad de hablar con los milicianos que también sorprendieron al país en aquella madrugada de primero de enero.
Bolom Pale fue uno de los invitados ayer a la mesa “Música y tradición oral en lenguas indígenas mexicanas” que formó parte del programa del Festival Zacatecas del Folclor Internacional “Gustavo Vaquera Contreras”, que se desarrolló en la Cineteca Zacatecas.
El autor del poemario Sk’inal xikitin: k’opojel yu’un nupunel/ Fiesta de la chichara: un discurso ceremonial para matrimonio (Secretaria de Cultura), obra ganadora en la categoría poesía oral del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2016, mencionó que hace apenas 25 años aproximadamente que su lengua, el tzotzil, se ha estado escribiendo, y que el alzamiento zapatista abrió para la población originaria de Chiapas la actividades académicas y creativas, estas últimas como la música, la escritura y la pintura.
Si antes la educación formal en sus comunidades les ofrecía solo la oportunidad de acceder hasta el tercer grado de primaria, y hasta los años 80 solo Jacinto Arias, lo cita por nombre, había logrado egresar de una universidad para luego hacer un doctorado en Austin, Texas; luego de 1994 la “gran mayoría están estudiando”, dijo.
Habló de su experiencia personal. De cómo en su lugar de origen, Jocosic, Huixtán, Chiapas, donde se vive de la siembra del maíz, su padre previó que la situación para sus hijos iba a dificultarse si no estudiaban, y lo envió a San Cristóbal de las Casas.
Describe a este lugar “como un centro de discriminación, donde ser indígena era negativo”; un hecho que a él le ocasionó negarse como hablante del tzotzil, aunque le espetaban, “tu rostro te delata”.
Refirió entonces el dolor y el sufrimiento y su deseo de abandonar su lengua; pero la irrupción del movimiento zapatista que lo alcanzó a la edad de 11 años, modificó las cosas.
Fue a ver a los milicianos que tomaron San Cristóbal, a la plaza, habló con ellos y le explicaron que estaban luchando para reivindicar sus lenguas, sus culturas y sus derechos. “Yo no entendía la magnitud de esa lucha”.
En su propia guerra, ingresó a la escuela secundaria que dijo, no supo cómo aprobó pues no entendía nada por la barrera del idioma, y así mismo trascendió la preparatoria; fue hasta la universidad que una junta de maestros le sugirió que regresara a su comunidad “porque no comprendes lo que te estamos diciendo”.
Fue un maestro quien se acercó a recomendarle que quizá serían más fáciles de entender las novelas para él.
Trabajando en un restaurant, una tarde dentro de la bodega empezó a leer Pedro Páramo de Juan Rulfo, “amanecí llorando porque me recordaba a mis abuelos”, al caminar en la serranía y otras imágenes de su propia experiencia.
“Desde entonces no dejo de leer”, pues fue la literatura la que finalmente le abrió la puerta a la academia.
Manuel Bolom Pale se graduó con una tesis sobre la Sabiduría de los abuelos, que muchos de sus maestros que lo consideraron incapaz de permanecer en la escuela no creyeron que fuera suya.
“Hasta hoy me saludan muchos de mis profesores, pero con otra mirada”.
Esta experiencia lo llevó a buscar conocer Comala, la real, de la que le advirtieron, no encontraría nada parecido a lo relatado en Pedro Páramo, sino mucha gente y mucho tequila, eso no lo decepcionó dijo, porque le hizo conocer otra realidad.
El periplo relatado lo hizo volver en algún momento, ya lleno de lecturas literarias, filosóficas y antropológicas, a su comunidad a enseñar sobre su cultura, cosa que solicito a la asamblea.
Lo que aprendió de su interacción con los interesados en escucharle, en principio unas 40 personas entre jóvenes y ancianos, es una formación que no habría podido darle ninguna universidad, dijo.
El proceso implicó también volver a ser aceptado pues se le cuestionaba que ya había cambiado su pensamiento y ahora tenía que demostrar su pertenencia al grupo.
Bolom Pale trata de recuperar la oralidad de todas las narraciones que escucha, tambien las de los sueños, que en su cultura son especialmente importantes para la memoria.
“Es la vigilancia que hacemos para la vida”, y que registra lo que se soñó y en qué momento de la noche, “para saber que hay que cuidarse, pero desde lo colectivo”; son mensajes para la comunidad.
Valora la oralidad pero también la escritura, luego que ha ido plasmando a través de ella la riqueza que antes pasaba de boca en boca entre los suyos.
“La idea de tener un libro es para compartir con el mundo, para mover otros pensamientos y –que- surjan otras obras interesantes”, dijo.
Manuel Bolom Pale relató que se ha quedado sin trabajo; en algún momento fungió como Jefe de Vinculación y Servicio Social de la Universidad Intercultural de Chiapas; se dedica actualmente a cultivar la milpa.
Refiere que en la ciudad y de la academia, vivía “cómodo”, pero que volver a sus orígenes, algo que le hace revalorar los conocimientos y experiencias de los tzotziles, y que combina con la escritura cuanto termina su labor, le ha enriquecido enormemente como creador.
En este momento está preparando tambien talleres literarios para jóvenes tojolabales, en la Casa Rosario Castellanos, otro encuentro intercultural que prevé le enriquecerá.

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